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El comentario de Juan Antonio de Labra

Jueves, 04 Ene 2018    CDMX    Juan Antonio de Labra | Opinión     
...Es necesario que la Fiesta experimente una actualización...
Desde finales del año 2008 hemos publicado en este portal la nota periodística correspondiente a la celebración anual de festejos realizados en México. A lo largo de esta década se ha observado una preocupante disminución sobre todo de novilladas, que son en las que se fundamenta el futuro de la Fiesta a mediano plazo.

Así que de los 634 festejos que hubo en 2008, a los 420 contabilizados en el año 2017, existe una enorme diferencia de 214 festejos, lo que representa un 33.76 por ciento menos; es decir, casi una tercera parte. Dicen que los números son muy fríos… pero siempre arrojan interesantes conclusiones.

La desaparición de actividad en plazas tan emblemáticas como “La Paloma” de Puerto Vallarta y Arroyo, se tradujo en unas 30 novilladas menos por año, y aunque en las últimas dos temporadas la Asociación de Ganaderos trató de paliar este problema con la organización del interesante certamen "Descubriendo un torero", éste no tuvo la continuidad deseada.

En fechas recientes ha surgido un grupo de novilleros que está montando festejos por su cuenta, tratando de no quedarse parados y de estar toreando con frecuencia. Sin embargo, este esfuerzo aislado nada tiene que ver con la intención dedicada a cargo de las empresas más fuertes para sostener al escalafón menor, y que la “producción” de toreros con proyección no se vea interrumpida.

Por otra parte, el número de festejos de rejones ha experimentado un ligero aumento sostenido. En la actualidad, existen caballistas profesionales capaces de actuar con éxito en este tipo de corridas que son muy apreciadas en regiones donde el caballo sigue teniendo una gran importancia para la gente.

La diversidad de ocio de las capitales y otras ciudades más pobladas se ha diversificado tanto que la oferta reduce la posibilidad de ofrecer temporadas taurinas extensas, según la costumbre de épocas pasadas.

El grueso del público, y más aún los jóvenes, por ejemplo, ya no tiene la costumbre de asistir a eventos programados de una manera esquematizada, sino que busca acudir a los espectáculos más llamativos, inclusive de distinta temática y que socialmente están bien valorados.

Hoy día las empresas necesitan enfocar la programación de sus temporadas con cautela, ofreciendo una cartelería atractiva, y haciendo una promoción adecuada, pues el riesgo de tener entradas pobres es cada vez es más latente en virtud de las circunstancias señaladas.

El desinterés que existe entre el público más generalizado, aquel que suele llenar las plazas de vez en cuando, es proporcionalmente inverso al que sigue mostrando el que está más pendiente de la actualidad taurina y que tiene un grado de afición más acentuado. Vamos, un público hasta cierto punto cautivo y, a veces, demasiado tolerante.

Es necesario que la fiesta de los toros experimente una actualización, pero sin perder su esencia. Quizá valdría la pena organizar un congreso nacional entre aquellos profesionales más influyentes y propositivos, a fin de generar una lluvia de ideas que permita establecer un diagnóstico certero que permita redefinir el rumbo de un espectáculo que necesita revitalizarse.


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