El comentario de Juan Antonio de Labra  

...la dignidad de los toreros está en sus manos y su obligación es...

El cambio en el orden de lidia de los toreros que actuaron en la Corrida Guadalupana de la Plaza México provocó polémica. Y era lógico que así sucediera, ya que nunca antes se había suscitado una circunstancia similar en el coso de Insurgentes.

El argumento para proceder de dicha manera fue que se trataba de un festejo especial, además de que, por otra parte, el orden de antigüedad de los toreros iba a dejar primero a los cuatro espadas españoles por delante de los toreros mexicanos, un asunto que no era inconveniente, en absoluto.

Sin embargo, la "producción" del evento daba pie a una modificación como la que se hizo y, ciertamente, la idea no sonaba descabellada, siempre y cuando se hiciera por única vez como parte de esa extraordinaria puesta en escena en la que se vivieron grandes emociones.

Y aunque a la mayoría de la gente quizá ni se dio cuenta de este hecho, al final la única parte más tediosa de la tarde fueron los toros que lidiaron de forma consecutiva El Payo y El Juli, porque resultaron ser los más deslucidos en un festejo muy interesante.

Los aficionados más rigoristas consideran que esto es el principio del fin porque no se mancilló una añeja tradición, en la que la antigüedad otorga categoría a quien la ostenta, y porque el toreo siempre se ha regido por determinadas normas que forman parte de la costumbre.

De antemano sabemos que a las figuras no les gusta abrir plaza, y mucho menos en una corrida donde sólo iban a lidiar un toro… Su molestia es que el público apenas se está acomodando en sus localidades y está "frío"; que la atención no es la misma, o que la gente no está "metida" en la corrida. Son algunas de las frases que se escuchan con más frecuencia.

A tenor de este hecho, el domingo pasado en la corrida de Mérida hubo una anomalía con respecto del orden en que actuaron Fermín Spínola y Sebastián Castella, que a la autoridad le pasó de noche.

Ambos tomaron la alternativa en el mes de agosto del año 2000, pero Castella apenas 15 días antes. De tal forma que el francés debió haber actuado como primer espada y no Spínola. Tan fácil hubiera sido haber impuesto a un torero más antiguo que Sebastián, en lugar de hacerle un guiño a la picaresca.

Y no es la primera vez que Spínola lo permite, pues cuando toreó tantas tardes con Pablo Hermoso tuvo que acceder a abrir plaza, inclusive en escenarios donde el reglamento también lo impedía, como fue el caso de El Domo de San Luis Potosí, el 26 de abril de 2013. Ahí Fermín actuó por delante de Juan José Padilla, que no transigió la exigencia hecha por el navarro. Bien dicen que la dignidad de los toreros está en sus manos y su obligación es defenderla.

Ojalá que el antecedente de la Plaza México no se convierta en una práctica habitual que desvirtúe una tradición que debe de ser respetada: la antigüedad de los toreros. Porque en esto de los toros también la veteranía es un grado. Así que es preciso que las figuras, que son los que mandan e dictan condiciones, se conduzcan con ética profesional y no avasallen. Por respeto a sus compañeros… y el bien de la Fiesta.






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