...cada año la tauromaquia hace unas considerables aportaciones...
Muy poca gente sabe, más allá de las estrechas fronteras del mundo del toro, que en apenas dos semanas varios toreros van a ceder, también a costa de poner en juego su vida, una gran cantidad de dinero para los damnificados por el último gran terremoto de México.
En concreto, serán Enrique Ponce, que donará todos sus honorarios del próximo domingo en la Monumental a través de la Fundación Carlos Slim, y los ocho actuantes que, con José Tomás como máximo aliciente, tampoco cobrarán por matar un toro y abarrotar el mismo escenario nueve días después.
Hasta ahora, han sido muy pocos, por no decir ninguno, los medios generalistas que han reflejado tal alarde de generosidad, por lo que la más reciente ejemplo del eterno altruismo de la tauromaquia no parece que vaya a trascender como debiera a una sociedad que tanto ensalza el valor de esa solidaridad que miles de ONG reclaman constantemente para atender las más variadas causas y necesidades.
Estamos muy acostumbrados a ver cómo estas organizaciones sin ánimo de lucro, que proliferan en el mundo para llegar hasta donde no pueden o quieren las administraciones públicas, piden y hasta ruegan la colaboración de la gente en cuanto tienen la oportunidad de aparecer en las televisiones para promover sus objetivos.
Sus representantes no cejan en el empeño de implicar en sus causas a personajes famosos para así difundir y concienciar más y mejor a la ciudadanía en una lucha que se presenta siempre envuelta en un conmovedor halo de santidad y compromiso con las buenas causas.
Y tanto insisten en ello, tanta es su aparición diaria en los medios, que estas entidades han acabado por convertirse en todo un referente de humanidad y "buenismo" en el mundo moderno… y en el destino final de parte de los beneficios de grandes empresas, que consiguen así "lavar" su imagen de cara al público al tiempo que obtienen considerables alivios fiscales.
En cambio, como en tantas otras cosas en que nos hemos quedado atrás, el sector taurino pasa prácticamente desapercibido en este aspecto, a pesar de que, ya sea a través de donaciones, fundaciones o, sobre todo, cientos de festejos benéficos, cada año la tauromaquia hace unas más que considerables aportaciones económicas a personas y a instituciones benéficas necesitadas.
Y así viene siendo desde hace más de dos siglos, pues ya en sus orígenes las modernas corridas de toros se organizaban con ese fin. Por ejemplo, los ingresos de taquilla de todos los festejos de la primera plaza que hubo en Madrid, la de la Puerta de Alcalá, se destinaban a levantar y mantener los hospitales de caridad de la ciudad, instalando una costumbre que continuó después con la tradicional y prestigiosa Corrida de Beneficencia.
Del mismo modo, y sin remontarnos tanto en el tiempo, actualmente tenemos ante nuestros ojos lo que sucede en la plaza de Pamplona, donde todo lo taurino de los Sanfermines, desde el encierro a las corridas, contribuye al mantenimiento de la Casa de Misericordia en la que se albergan cientos de ancianos sin recursos.
Como estos podríamos hablar de otros muchos casos a los que ni los propios taurinos parecemos dar importancia ni el suficiente valor como ejemplo de cara a la sociedad, pero quizá sea el momento, entre tanto acoso antitaurino, de dar también a conocer el hecho incontestable de que el mundo del toro, y en concreto toreros y ganaderos, siempre se ha volcado generosa y sobradamente con cuantos han solicitado su ayuda.
Lo mismo para urgencias puntuales –personas necesitadas de costosas atenciones médicas, compañeros y familias en situaciones críticas, damnificados por accidentes y catástrofes naturales…– que para las más clásicas entidades benéficas, como la Cruz Roja o las Asociaciones Contra el Cáncer, de toda la vida ha habido algún torero que se pusiera delante de un toro o un novillo de manera absolutamente altruista o que incluso aportara una buena cantidad de jurdós sin darle tres cuartos al pregonero.
De hecho, aún siguen celebrándose festivales y corridas de este tipo que, tanto en la Europa como en América taurinas, contribuyen en buena medida al mantenimiento de estas ahora llamadas "oenegés", pero sin que la noticia llegue realmente a trascender a la opinión pública.
Es más, incluso de unos años a esta parte se están dando algunos insólitos y preocupantes casos de rechazo a los ingresos de este tipo de eventos, pues consideran sus receptores, tan políticamente correctos ellos, que están manchados con la sangre de unos toros que parecen preocuparles más que las personas a las que deberían destinarse los dineros.
Quizá en esa campaña de imagen, o plan estratégico, que necesita la fiesta de los toros para reivindicarse en la sociedad actual –y que tanto está tardando si quiera en definirse– tendría que tocarse también, entre otros aspectos incuestionables, esta auténtica y clásica cara altruista de la tauromaquia.
Y, para empezar, alguien podría encargarse de hacer lo que nadie ha hecho hasta ahora, que no es otra cosa que sumar, aportación tras aportación, beneficio tras beneficio, las cantidades anuales que el toreo aporta a tantas y tantas causas solidarias. Porque puede que, para sorpresa de muchos, la cifra coloque a la tauromaquia en el pódium de las más efectivas ONG.