Un día como hoy, pero de 1969, dejó de existir, de forma inesperada, el gran torero leonés Antonio Vélázquez al caer de la azotea de su casa, localizada en la avenida Mariano Escobedo de la Ciudad de México, y hoy recordamos su gallarda figura.
Aquella tarde, Antonio departía con varios periodistas, a los que había invitado a su casa para relatarles los acontecimientos de la carrera de su hijo, que por esos días estaba haciendo campaña en cosos de Venezuela.
Subieron a la azotea porque el maestro quería mostrarles las obras de construcción de un salón donde iba a colocar todos sus trofeos, cuando tropezó cerca de la orilla y cayó al vacío desde una altura de unos 20 metros. Antonio Velázquez murió en la ambulancia, cuando era trasladado al hospital.
Hace algunos días tuve la oportunidad de hablar con el matador Jaime Rangel acerca de la personalidad de Antonio Velázquez y me dijo sin titubeos: "Siempre lo he recordado como un torero muy valiente; se arrimaba como pocos, y era un gran compañero, amigo dentro como fuera del ruedo.
También los grande aficionados chihuahuenses como Manolo Peña y Armandino Durán, recuerdan a Velázquez como un torero de condiciones excepcionales: "Fue una gran figura del toreo, temerario y de mucho arrojo; ponía muy nervioso al públco, y como persona tenía un trato amable y sencillo".
El León que llegó para rugir
Antonio Velázquez nació el León, Guanajuato, el 14 de diciembre de 1920, y desde muy pequeño anduvo en el toro, contagiado por el ambiente que siempre ha prevalecido en la Perla del Bajío.
Primero se hizo banderillero y anduvo en la cuadrilla de Luis Castro "El Soldado"´; más tarde pasó a las órdenes de Alfonso Ramírez "Calesero" y Carlos Arruza, cuando éstos eran novilleros. Pero era tal su amor propio, que decidió hacerse jefe de cuadrilla y debutó como novillero en la plaza "El Toreo" de la Condesa el 19 de julio de 1942, teniendo un gran éxito con el novillo "Muñeco" de Zacatepec.
En esta temporada conquistó la Oreja de Plata y su nombre comenzó a sonar con fuerza, hasta que tomó una alternativa de lujo, la famosa tarde del 31 de enero de 1943, cuando los dos monstruos con los que alternó inmortalizaron a los toros "Clarinero" y "Tanguito", de Pastejé. Desde luego que me refieron al maestro Fermín Espinosa "Armillita", que fue su padrino, y al inolvidable Silverio Pérez, el testigo de la ceremonia.
En esta nueva faceta como matador de toros, Antonio se presentó en muchas plazas del país, y también del extranjero, donde gozó de buen cartel. Toreó en Quito el 24 de septiembre de 1944, y en 1945 hizo el paseíllo en Lisboa. En España debutó en 1945 en la plaza de Barcelona, y también tuvo oportunidad de actuar en Bogotá, en julio de 1946, y en el "Nuevo Circo" de Caracas.
Su confirmación en Las Ventas de Madrid tuvo lugar el 4 de octubre de 1945, siendo su padrino el gitano Rafael Albaicín, y el testigo Pepín Martín Vázquez, con toros de Galache. También toreó en Francia, concretamente en la plaza de Beziers, y en Lima hizo el paseíllo en marzo de 1948.
Varias "Orejas de Oro"
En aqulle recta final de la década obtuvo triunfos destacados en plazas de México y ganó su segunda Oreja de oro en El Toreo de Cuatro Caminos, en una tarde memorable, la del 29 de febrero de 1948, cuando los matadores actuaron sin cuadrillas porque se negaron a torear si no se les pagaba por adelantado, y los espadas de cartel decidieron suspenderlos.
Y el 2 de abril de 1950 ganó otra Oreja de Oro en la Plaza México, durante una corrida en la que alternó con toreros de la talla de Armillita, El Soldado, Fermín Rivera, Silverio Pérez y Luis Procuna.
Velázquez es uno de los toreros que más rabos ha cortado en la historia de la Plaza México, con un total de siete, mismos que se relacionan a continuación, y que les tumbó a los siguientes toros: "Amapolo", de Piedras Negras, el 28 de febrero de 1947; "Arlequín", de Coaxamalucan, el 4 de enero de 1948, y "Fandanguero", de Coaxamalucan, el 18 de enero de ese mismo 1948.
En 1949 cortó tres rabos en este mismo escenario: a "Rey de Copas", de La Punta, el día 9 de enero; a "Bandido", de Piedras Negras, el 6 de febrero, y al toro "Cubanito", de Torrecilla, el 17 de marzo.
El último rabo que cortó en La México se lo tumbó al toro "Asturiano", de Pastejé, la tarde del 5 de marzo de 1950.
Antonio Velázquez se carecterizó por ser un guanajuatense ejemplar, que le tuvo un apasionado amor a su tierra, de la que se sentía orgulloso, y aunque vivía en la Ciudad de México, pasaba muchos días del mes en León, donde visitaba a sus amigos y asistía a otras corridas como espectador.
Fue idea suya la de proporcionar un león de bronce al emblemático arco de León, y sustituir el que tenía, que estaba hecho de cemento. La escultura fue encargada al maestro Humberto Peraza. Así que hasta en este detalle se distinguió como hijo pródigo de la tierra donde años antes había nacido el famoso Rodolfo Gaona.
Una cornada de caballo
El 30 de marzo de 1958 sufrió una de las cornadas más espeluznantes que se recuerden en la historia del toreo, cuando el toro "Escultor", de Zacatepec, le metió el pitón debajo de la mandíbula, le atravesó la lengua, la bóveda palatina, y estuvo a punto de llevar al cerebro.
Antonio se debatió algunos días entre la vida y la muerte y superó el percance con su habitual arrojo. Repareció cuatro meses después de la cornada, y lo hizo en la plaza de Ciudad Juárez, el domingo 17 de agosto de aquel año de 1958.
Me contaba el matador Jaime Rangel que esa tarde él lo vio un tanto nervioso en el patio de cuadrillas, pero en cuanto salió su primer toro, que pertenecía a la ganadería de La Punta, volvió a ser el torero valiente y temerario de siempre. En esa tarde alternó con El Soldado y El Ranchero, otras dos figuras del toreo, y les cortó las orejas y los rabos a los toros "Comadrejo" y "Apenado".
Antonio siguió toreando hasta mediados de los sesentas, y fue el padrino de alternativa de Eloy Cavazos, al que doctoró en la Monumental Monterrey en agosto de 1966, apenas tres años antes de su trágica muerte.
El periódico español ABC publicó el sábado18 de octubre de 1969 una nota sobre su fallecimiento que decía: "Descanse en paz Antonio Velázquez, torero pundoroso, conocedor profundo de las reglas del duro y fascinante oficio de torear, mismo que ejerció siempre con dignidad y muchas veces con brillantez".
Antonio Velázquez, al que dieron en llamar "Corazón de León", ya es parte viva de la historia universal del toreo, y su nombre está grabado en letras de oro. Siempre lo recordaremos como un luchador nato y un torero cuña.