Anecdotario de Giraldés: Los niños Bienvenida
Viernes, 16 Sep 2016
Zacatecas, Zac.
Valeriano Salceda
El celo de un taurino excepcional
Al final de la década de los años veinte del siglo pasado, los hermanos Manolo y Pepe Bienvenida regresaron a España después de haber permanecido más de dos años toreando y fogueándose en plazas de México, Colombia y Venezuela, donde causaron un gran revuelo.
En sus primeras actuaciones en ruedos españoles, los "niños Bienvenida", como se les conocía, tuvieron un éxito sensacional y lograron despertar un interés muy pocas veces visto con anterioridad. En ese momento había en España toreros extraordinarios de la talla de Manuel Jiménez "Chicuelo", Marcial Lalanda, Antonio Márquez, Cayetano Ordóñez "El Niño de la Palma", Joaquín Rodríguez "Cagancho" y Francisco Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", entre otros.
Con ese grupo de matadores de toros, los empresarios no tenían problema alguno para conformar sus carteles más atractivos; las entradas eran buenas... pero no se agotaban las localidades.
Los hermanos Bienvenida empezaron a triunfar con mucha fuerza; sus triunfos no tardaron en reflejarse en las taquillas y llenaban las plazas. Así que los empresarios comenzaron a aumentar considerablemente los precios de los boletos cuando anunciaban a estos nuevos valores de la tauromaquia, y la gente se retrataba con gusto en las taquillas para verlos.
El astuto Manuel Mejías "Bienvenida", el famoso "Papa Negro", como le apodaban, manejó admirablemente la carrera de sus hijos. Ante todo, ponía especial atención en la elección del ganado y cuidaba que los honorarios de la pareja fuera en consonancia con su prestigio y el interés que habían despertado: ¡Dinero para todos cuando se llenan las plazas!
Pero sólo un empresario, Sabino Ucelayeta, que manejaba las plazas más importantes del norte de España, no estuvo de acuerdo en pagar lo que pedía el Papa Negro. Cierto día, llamó a don Manuel Mejías para contratar a sus hijos:
-¿Cuáles son los domingos del mes de agosto que no tiene comprometidos? -le preguntó el empresario vasco.
-Los dos últimos, Sabino -respondió con parquedad el padre de los toreros.
-Estoy enterado que tú pones a los niños y también los novillos que lidian.
-Sí -contestó el viejo taurino -cuido mucho el ganado: debe de ser de garantía. Para sus plazas debemos ir con una novillada de Antonio Pérez Tabernero en la primera fecha, y en la segunda con ganado de su hermano Graciliano.
-Está bien, estoy de acuerdo con llevar esas dos novilladas -¿y cuánto quieres por el ganado?
-Esos novillos tienen nota de toros. Salen a ochocientas pesetas cada uno -dijo el Papa Negro.
-Es mucho; esa cantidad es muy alta para un novillo... ¿y cuánto quieres por los niños?
-Doce mil pesetas, Sabino.
-¡Manolo... quiero que tus niños actúen en mis plazas dos horas, no te los estoy comprando para toda la vida! -exclamó el empresario al escuchar le elevada cifra que le pedía el Papa Negro.
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