Efemérides: La Punta, una cuestión de orgullo
Domingo, 10 Ago 2014
México, D.F.
Juan Antonio de Labra | Foto: Archivo
El novillo "Campanero", indultado el día del debut de La Punta
Hoy se cumplen 90 años del debut de la ganadería de La Punta en la plaza El Toreo de la Condesa, mismo que se saldó con un triunfo que quizá no imaginaban los hermanos Francisco y José C. Madrazo García-Granados, pues en ese entonces, en la asolerada finca jalisciense, apenas comenzaban a dar sus primeros pasos como ganaderos.
El trabajo genético, de manera profesional, comenzó en el año de 1919, cuando compararon un lote de 50 vacas y dos sementales a la ganadería de San Mateo, propiedad de don Antonio Llaguno González, pues antes habían tenido ganado criollo con la intención de lidiarlo de manera casual, para su goce y entretenimiento.
De esta guisa, en aquella tarde del 10 de agosto de 1924, la empresa de El Toreo, que gestionaba José del Rivero, adquirió un encierro de La Punta que procedía completamente de reses descendientes del hierro de San Mateo. Se trataba de una corrida mixta. En el cartel figuraban los nombres del matador sevillano Manuel Navarro, un torero de poco fuste, y de los prometedores novilleros Juan Espinosa "Armillita" y Porfirio Magaña, que hicieron el paseíllo en medio de un llenazo.
Los diarios se hicieron eco de la presencia en la plaza de la "bella señorita" Eva Platt, candidata del gremio de ferrocarrileros para "embajadora de la simpatía por el Distrito Federal", pues el festejo fue en su honor.
Los nombres de los ejemplares de La Punta que se lidiaron en este festejo se llamaban así: "Limonero", "Cachetero", "Relamido", "Picorete", "Tapatío" y "Campanero", y se saldó con un balance de sendas vueltas al ruedo y un indulto. En las páginas de El Universal Taurino, el excelente semanario que marcó toda una época de las letras de toros del periodismo mexicano, el reconocido cronista Rafael Solana "Verduguillo" escribió lo siguiente:
"El triunfo ha sido completo para los señores Madrazo, que deben estar orgullosos de que, de los seis ejemplares enviados por ellos a la plaza, cuatro hayan sido calurosamente ovacionados, y uno, el sexto, de nombre ‘Campanero’, cárdeno claro, bien puesto, marcado con el número 2, haya sido indultado. Triunfo más rotundo que el de esta tarde hace tiempo que no lo obtiene ningún ganadero mexicano. Mi enhorabuena, y que siga la casa por ese camino".
El poco sitio que tenía Manuel Navarro se evidenció en la lidia del segundo toro de su lote, al que tardó en dar muerte. Y más notoria fue su falta de recursos para haber aprovechado mejor la condición de dicho ejemplar, que recibió el premio de la vuelta al ruedo.
Uno de los pasajes interesantes corrió a cargo de Porfirio Magaña delante del tercer novillo, al que dio varios naturales ligados con el clásico pase de pecho, en una clara evocación belmotina. Y tuvo que enfrentar al toro que lesionó a Juan Espinosa "Armillita" cuando éste intentaba gallearlo en banderillas, percance que le impidió continuar la lidia, lo que obligó al michoacano a torear un total de cuatro novillos: los dos de Armillita y los dos de su lote.
El indulto del bravo "Campanero"
El novillo "Campanero" era hijo de la vaca "Campanera", número 124, cárdena bragada, marcada con el hierro de San Mateo, y le tocó en suerte a Porfirio Magaña, pero dejemos a Verduguillo continuar con su relato, en el que se puede advertir la singular terminología de la época:
"Cerró plaza un bonito ejemplar, cárdeno salpicado y con buen armamento en la sesera. El desorden que reinaba en el ruedo era terrible. Los peones de Magaña, disputándose el toro con los peones de Armillita, que eran los que tenían la obligación de lidiar este animal, ya que le correspondía a su matador.
"En medio de indescriptible baraunta, Porfirio se abre de capa y es aplaudido. Diablito también suelta unos lances. Los peones capotean a diestra y siniestra. Pero ‘Campanero’, que así se llama el bravo toro, tiene para todos.
"Al fin se restablece el orden para que veamos cómo ‘Campanero’ toma un puyazo sin recargar. Luego entra en funciones Felipe Mota y coloca la vara de la temporada; el toro empuja fuerte y el picador aprieta el palo. ¡Bello espectáculo es el de un buen puyazo! ¡Lástima que sólo podamos saborearlo de tarde en tarde!
"El público se entusiasmó con la bravura del burel, y después de banderilleado éste, pide el indulto, el que concede el Presidente, ordenando que ‘Campanero’ vuelva a los corrales. Ovación grande para los señores ganaderos”.
Bien vale la pena hacer un apunte: mi abuelo Paco y mi tío Pepe Madrazo no salieron a saludar la ovación al tercio, ni tampoco los invitó Magaña a dar una vuelta al ruedo. De hecho, nunca fueron muy dados a este tipo de reconocimiento. Además, y como señala Guillermo E. Padilla en su obra cumbre "Historia de la Plaza El Toreo": "Aquella tarde los señores Madrazo, por encontrarse de incógnito entre el público y no instalados en el palco de ganaderos, no salieron al ruedo a recibir las ovaciones con que los aficionados deseaban premiar la bravura de sus pupilos".
Solamente conozco dos fotografías de mi abuelo dando la vuelta al ruedo: la que quedó para la historia al lado del maestro Fermín, su cuñado, Jesús Solórzano Dávalos, y Manolete, tras la célebre corrida del 16 de enero de 1946 en El Toreo, y otra con Antonio Vélázquez, luego de una memorable corrida de La Punta, durante un intenso mano a mano entre el aguerrido torero leonés y Silverio Pérez, que tuvo lugar en la clásica fecha del 1 de enero –tristemente desaparecida– en "El Progreso" de Guadalajara.
De las cuadrillas que actuaron en la tarde del 10 de agosto de 1924, merece destacar la actuación de los picadores Felipe Mota, que esa tarde se sobrepuso a un aparatoso tumbo en un toro anterior al del gran puyazo que nos refirió Verduguillo. Con el paso de los años, Mota se convertiría en el tentador oficial de La Punta. También actuaron otros varilargueros de acreditada fama, como El Güero Guadalupe y Juan Aguirre "Conejo Chico"; y de los de plata se las vio con los punteños el popular Francisco Gómez "El Zángano", al que todavía me tocó ver hace ya muchos años en el comedor de la ganadería de Peñuelas, amputado de una pierna, postrado en su silla de ruedas, pero con toda su picaresca a cuestas.
Cuando se desechó el ganado de San Mateo
La consecuencia más trascendente del debut de La Punta y del indulto de "Campanero", fue el distanciamiento que este triunfo representó entre los Madrazo, con Antonio Llaguno González. En el precioso libro "El color de la divisa", escrito por mi tío Paco Madrazo Solórzano, señala lo siguiente:
"Al poco tiempo hubo un enorme distanciamiento entre don Antonio Llaguno y mi padre, por entonces grandes amigos. Cuestiones de ganadería brava que tiene tantas pasiones y enciende pronto el carácter de los hombres metidos en este medio; al indultado lo mandó castrar mi padre, para dárselo al mediero, Luis Pérez, quien lo amansó y unció en su yunta por unos años, ya que, en 1927, llegaron los cristeros y nos quemaron la casa y de paso, mataron al Campanero. Jamás hubo una reconciliación con don Antonio".
Supongo que el distanciamiento se debió a algún comentario desafortunado de parte Antonio Llaguno que, según cuentan quienes lo conocieron, era un hombre proclive a la crítica; un ser egocéntrico al que no le gustaba que nadie le hiciera competencia. En esos años, La Punta desechó todo el ganado procedente de San Mateo. Es muy posible que este enfado de mi abuelo coincidiera con el ofrecimiento que le había hecho Juan Belmonte para comprar el ganado español cuya venta obligó al Pasmo, tiempo después, y entre otros conflictos, a escindirse de la Unión de Criadores de Toros de Lidia de España.
Una importación sin precedentes
El primer lote de Parladé (vía Gamero Cívico) llegó a La Punta a mediados de 1925, y se componía de 16 vacas (menos una, la "Coquinera", que murió en la travesía), los erales "Comparito", número 29, y "Candilejo", número 83, así como los utreros “Sardinero”, número 29, y "Conco", número 20.
El segundo lote de ganado adquirido por los Madrazo en 1927 fue más numeroso, ya que venían 40 vacas, cuatro sementales, nueve erales y dos añojos; es decir, un total de 55 individuos con el hierro de la ganadería andaluza de Campos Varela. También arribó una parada de cabestros, lo que se traduce en un fiel reflejo del grado de profesionalidad que los ganaderos jaliscienses pretendían infundir a su torada.
Y fue precisamente con los productos de este ganado con los que La Punta adquirió su verdadera dimensión al cabo del tiempo, siendo la primera ganadería mexicana, que en su tiempo, realizó la importación más grande de vacas de vientre y sementales españoles, mismos que ya no fueron cruzados con ganado criollo, como sí lo hizo San Mateo en su día con los dos lotes de reses adquiridas al Marqués de Saltillo en 1908 y 1911, respectivamente.
En esos años del insalvable distanciamiento con Antonio Llaguno, fue cuando estalló la "guerra" entre los bandos conformados por ganaderos de Tlaxcala y Zacatecas. La Punta, sumada al ejército de los criadores tlaxcaltecas, estableció una estrategia de poderes con dos grandes generales del toreo –el maestro Armillita y Jesús Solórzano– y obligó a Llaguno y sus aliados echaran mano de la fuerza de otros dos colosos del toreo, como fueron Lorenzo Garza y El Soldado. La lucha de poderes desembocó en el famoso "Pacto de Texmelucan" firmado en 1941.
Así estaban las cosas en aquellos años de la Época de Oro del Toreo en México, ahí cuando todavía el amor propio, y las mechas de la rivalidad y el encono, se encendían con el ligero chasquido de una chispa. La fulgurante chispa del orgullo.
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