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Liber Taurus: De un homenaje y un triunfo

Viernes, 04 Oct 2013    Quito, Ecuador    Santiago Aguilar | Opinión   
La columna de este viernes

El sol y los inigualables contrastes lumínicos propios de los Andes equinocciales envolvían a la preciosa plaza de toros de Tambo Mulaló, enclavada a los pies del eternamente impresionante Cotopaxi; construyendo un ambiente sin igual para el justo homenaje que recibió Enrique Cobo Luna por su inagotable aporte a la fiesta de los toros durante cuarenta años desde las más variadas condiciones, a saber, aficionado práctico,  promotor de espectáculos, apoderado, ganadero y desde hace algunos años, en calidad de padre de toreros pues, su hijo Enrique incursiona en el rejoneo, mientras que José Alfredo busca ser matador de toros.

Las acertadas palabras de Cristóbal Roldán, quien ofreció el acto, sintetizaron con claridad y precisión las idas y venidas de Enrique en este complejo mundo del toro; el sonido de la ovación se cerró al tiempo del abrazo de decenas de amigos que le acompañaron en aquella tarde de reconocimiento y de toros.

Sin embargo, más allá del calor de la amistad y el afecto que le cobijaban, su atención se encontraban a miles de kilómetros de distancia, en Apodaca, pequeña ciudad mexicana en que José, el novillero, enfrentaba uno de los compromisos profesionales más importantes de su carrera, en cuanto a que el triunfo que obtuvo le servirá para progresar en la compleja apuesta por convertirse en matador.

La tarde se saldó para el joven lidiador con la obtención de las dos orejas y el rabo del novillo que lidió. A la distancia, con las siguientes palabras transmitió su trabajo en la arena:  

"Fue una tarde muy especial, sabía que necesitaba un triunfo fuerte en mi carrera y se dio gracias a Dios. Disfrute mucho de capote toreando a la verónica y en especial al realizar un quite por chicuelinas antiguas. Más tarde soñé el toreo desde el primer muletazo, ante un toro que no paró de embestir de manera excepcional que me permitió interpretar en forma auténtica mi concepto y tauromaquia, con ella logré conectar con el público. A la hora de usar la espada conseguí una estocada entera que determinó que me concedieran los máximos trofeos".

José Alfredo vivió el sueño de su vida, torear con el alma. Al caer la tarde en la mitad del mundo, el teléfono de su padre repiqueteó anunciando la buena noticia, padre e hijo sintieron el triunfo y sus significados hasta que se humedecieron los ojos de uno y de otro, al término de la esperada llamada Enrique respiró en forma profunda y se reincorporó a su homenaje con el corazón llenó de orgullo y también de tranquilidad.

El caso es que este novillero procede de una familia por siempre vinculada a la fiesta de los toros, de hecho, afirma que nació y creció con el olor del toro bravo, sus pensamientos llegan a tal profundidad que considera una bendición la convivencia taurina hogareña y el apoyo de su padre que le permitió abrir varias puertas; pese a ello está claro en que los retos definitivos los debe resolver solo, cara a cara con el toro. 

Hasta el momento, Cobo suma cinco festejos toreados en ruedo aztecas en Aguascalientes, Torreón, Anaya, Ixtlahuacan del Río y Apodaca, con un valioso registro de triunfos.

En cinco años el novillero ha conseguido recorrer además los ruedos de Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela; el escaso número de novilladas que se ofrecen en su país le han impuesto esta condición de torero errante en busca de la experiencia que le permita llegar a la anhelada alternativa. 

Se siente torero desde niño, agradece que Dios le haya puesto en este camino, reconociendo que escogió la profesión más difícil del mundo que en contrapartida permite disfrutar de momentos y sensaciones irrepetibles, atadas a la magia del toro de lidia.

El valor y el miedo son consustanciales al ejercicio profesional, reflexiona; el intentar la superación técnica y expresiva son sus objetivos actuales antes de optar por el doctorado; cree el gran Julián López "El Juli" es el modelo a seguir por su ejemplar profesionalidad.

De su padre Enrique recibió además las bases del respeto y amor por la fiesta a la que considera pura y verdadera, no en vano, dice, se trata de construir belleza jugando con las embestidas de un animal cuyo objetivo es matarte.

José Alfredo Cobo seguirá su esforzada andadura lejos de casa, mientras que en el páramo, en los campos de Cerro Viejo, la ganadería familiar, Enrique el mayor fumando espera buenas noticias.


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