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Desde el barrio: El Juli toma las riendas

Martes, 02 Abr 2013    Madrid, España    Paco Aguado | Opinión   
La columna de este martes
En apenas cinco días de la Semana de Pasión, desde el calvario óseo de José Tomás al domingo de Gloria de El Juli, la temporada española de 2013 ha empezado ya a definir sus contornos más importantes.

Y así sabemos ya, por las forzosas circunstancias de su lesión, que el genio de Galapagar no estará disponible, si es que es su deseo, hasta bien entrado el verano. Una inoportuna voltereta en "Fuente Rey", la plaza cubierta de los Bohórquez, ha despejado de golpe –y nunca mejor dicho una de las grandes incógnitas de principios de campaña.

Ya sabemos, pues, qué va a hacer José Tomás en estos primeros meses: nada. Limitarse únicamente a recuperarse a conciencia y a pensar sin premuras en lo que va a hacer en los ruedos este año… a partir del mes de julio.

Como ya sabemos también qué es a lo que se va a dedicar El Juli: a arrear mucho, a poner en fila de a uno al pelotón de figuras y semi-figuras para seguir una estela que este año va a cruzar el charco con billete de ida y vuelta en varias ocasiones.

Fuera de Fallas y de San Isidro por cuestiones de dignidad profesional, Julián parece que ha decidido de nuevo tomar las riendas de ese potro desbocado que es el negocio taurino en estos momentos, para llevarlo al galope y guiado de su ambición y de su orgullo de primera figura.

La inmensa tarde que Juli dio el Domingo de Resurrección en la Maestranza, esa apabullante demostración de seguridad y de poder ante la seria corrida de su amigo Justo Hernández, no es sino la reacción esperada y que corresponde a toda figura que se precie cuando las circunstancias, y las empresas, se ponen a la contra.

Sin buscar alianzas contra natura, sin rodeos ni excusas, el maestro de San Blas estaba obligado de una vez por todas a afrontar de frente y en solitario el persistente acoso a que el sistema empresarial le ha sometido en los últimos años. Porque la defensa de los privilegios ganados y, sobre todo, de unos honorarios tan altos sólo puede conseguirse a base de golpes incontestables, esos mismos que acaban justificándose en la taquilla.

Mentalizado en dar un giro a su carrera, Juli tiene que reinventarse de nuevo a sí mismo para recuperar un tirón popular tan sometido a desgaste en los años de la abundancia. Y dónde mejor que en Sevilla para, a golpe cantado, como siempre hicieron los grandes, reivindicar tan clamorosamente su primacía.

Con José Tomás en dique seco y en proyectos paralelos, con Morante por encima del bien y del mal y con Ponce paseando cómodamente por la otra orilla del río, Julián López tiene que echarse la temporada a las espaldas para liderar a esa media docena de aspirantes que, por indefinición, no termina de coger el testigo de las verdaderas figuras del toreo.

No es eso algo que le pille de nuevas, sino con la experiencia de haberlo hecho ya unas cuantas veces desde que, muy jovencito, tuvo que dar el paso adelante una vez que José Tomás decidió retirarse temporalmente de los ruedos en 2002.

Maduro y cuajado como hombre y como torero, sólo sería deseable que, a pesar de tanta exigencia pero sabiéndose vencedor, Julián fuera también capaz de dejar de lado ese punto ansiedad que en los últimos tiempos ha añadido a su toreo hasta desmerecer su expresión estética.

Lástima que no le vayamos a ver esta primavera en Madrid, pero sí que lo van a ver en México, adonde es de suponer que llegará pletórico, sin frenar la marcha, una vez cogida la velocidad de crucero en esta temporada global en la que parece dispuesto a imponer su ley sobre los intereses creados.

Y también van a volver a verle en Sevilla dos tardes más. A razón de su último despliegue de apabullante capacidad torera, la última de las dos, con la corrida de Miura, se antoja a tres semanas vista uno de los grandes acontecimientos taurinos de los últimos tiempos. Una de esas tardes que marcan la biografía de una figura.


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