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Liber Taurus: El susto de Alonso Quijano

Viernes, 26 Oct 2012    Quito, Ecuador    Santiago Aguilar | Opinión   
La columna de este viernes

Con la idea de continuar explorando la trascendencia de la Fiesta de los toros y su presencia en diferentes actividades intelectuales, cabe citar un interesante artículo contenido en la obra Los Toros de José María Cossío, en el que bajo el titular "Los toros en El Quijote" refiere un simpático episodio vivido en la novela por Don Quijote y Sancho, describe Cervantes, a quien agradaban los toros, un fortuito y accidentado encuentro entre la inmortal pareja y un encierro de toros que era conducido a un festejo popular.

"La suerte […] ordenó que de allí a poco se descubriese por el camino muchedumbre de hombres a caballo, y muchos de ellos con lanzas en las manos caminando todos apiñados de tropel y a gran prisa. No los hubieron bien visto los que con don Quijote estaban cuando, volviendo las espaldas, se apartaron bien lejos del camino, porque conocieron que si esperaban les podía suceder algún peligro; solo don Quijote con intrépido corazón se estuvo quedo, y Sancho Panza se escudó en las ancas de Rocinante. Llegó el tropel de los lanceros, y uno de ellos venía más adelante, a grandes voces comenzó a decir a don Quijote: "- Apártate, hombre del diablo, que te harán pedazos estos toros".

"-Ea, canalla- respondió don Quijote -, para mí no hay toros que valgan, aunque sean los más bravos que cría Jarama en sus riveras. Confesad, malandrines, así a carga cerrada, que es verdad lo que yo aquí he publicado; si no conmigo sois en batalla".

"No tuvo lugar de responder el vaquero, ni Don Quijote le tuvo de desviarse aunque quisiera, y así el tropel de los toros bravos y el de los mansos cabestros, con la multitud de vaqueros y otras gentes que a encerrar los llevaban a un lugar donde a otro día habían de correrse, pasaron sobre Don Quijote y sobre Sancho, Rocinante y el rucio, dando con todos ellos en tierra, echándoles a rodar por el suelo. Quedó molido Sancho, espantado Don Quijote, aporreado el rucio y no muy católico Rocinante."

Termina así la aventura del encierro de toros y el mal rato de don Alonso Quijano, el ingenioso hidalgo, descrito en la monumental obra publicada en dos partes entre 1605 y 1615. La escena de los bravos toros vivida en la imaginación del gran Cervantes fue recreada por un estupendo oleo de José Segrelles.

 La pintura y la literatura encuentran en la tauromaquia una base temática constante en la historia, y este es un ejemplo mayor sin duda, que lo hemos seleccionado del inmenso catastro que conforman sobresalientes obras de grandes escritores que se sintieron seducidos por la fiesta de los toros, verdad que cobró vigor hace pocos días cuando el escritor y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa recibió este un homenaje en la localidad  de Toro en Zamora, España, por la defensa que ha hecho de la tauromaquia y en que el escritor aseguró que este arte es "un hecho cultural y fuente de inspiración de las artes y las letras".

Precisando que: “Siempre he defendido los toros porque hay una ofensiva contra ellos, con campañas orquestadas que, en muchos casos, obedecen a motivos políticos, que no persiguen tanto la defensa de los animales como utilizar esa prohibición con fines políticos”.

El caso es que a través del tiempo grandes plumas, talentosos escritores y brillantes pensadores, libres de prejuicios y acomodos políticos han sabido declarar su admiración y apego a esta manifestación artística fuente temática inagotable de otras expresiones culturales.


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