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Liber taurus: El camino de la UNESCO

Viernes, 27 Jul 2012    Quito, Ecuador    Santiago Aguilar | Opinión   
La columna de este viernes

Los permanentes ataques que sufre la institucionalidad de la fiesta de los toros se repiten de manera constante en todos los países taurinos, respondiendo a una articulada agenda transnacional, activada por personajes en cuyo discurso pro animalista subyacen propósitos de orden político e intereses de tipo económico. La receta se repite con la exactitud propia de una franquicia, arrojando como resultados un  grave daño a la industria taurina y una enorme lesión a la imagen de la tauromaquia.

Frente a esta campaña, en cada uno de los países se instrumentan acciones defensivas dirigidas a buscar atajar la avanzada anti taurina. Dichas tareas de resultados desiguales apenas alcanzan para enfrentar la emergencia y, de manera alguna, suponen una acción estructural para precautelar a las actividades taurómacas. Desde este razonamiento vale la pena reflexionar sobre la importancia que adquiere el fijar como objetivo mayor la obtención de la declaración de las corridas de toros como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco.

Hace pocos días en el espacio taurino del importante periódico español ABC, el periodista Andrés Amorós se preguntaba las razones por las cuales no se ha avanzado en esa dirección, como el camino más sólido y válido para lograr una estructura de protección a la fiesta de los toros a nivel global, bosquejando los argumentos que viabilizarían la solicitud a partir de entender que ese reconocimiento está definido desde el año 2003 en la Convención de la Unesco en París como los: "usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas…que las comunidades reconocen como partes integrantes de su patrimonio cultural".

De allí en adelante el periodista enumera temas básicos contenidos en la misma Convención, que sostendrían el planteamiento como el hecho que esta actividad se transmite de generación en generación, es renovada constantemente por las comunidades infundiéndoles  un sentimiento de identidad y continuidad, promoviendo la diversidad cultural y a la creatividad humana.

No resulta difícil entender que las corridas de toros cumplen con los requisitos descritos; así las cosas, desde el punto de vista estratégico Amorós sostiene que el procedimiento adecuado sería que cada uno de los países que cultivan esta actividad ancestral actualicen el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de su territorio y trasladen  sus propuestas razonadas a la Secretaría de la Unesco, anticipando que las propuestas resultarían más efectivas si proceden de la unión de varios países, la reivindicación cultural de las corridas de toros provendrían del trabajo conjunto de España, Francia, Portugal, México, Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela.

El caso es que los actores de la fiesta de los toros a nivel global debemos, de una vez por todas, actuar en forma coordinada, trascendiendo nuestras apuradas tareas reactivas e imponiendo la agenda del tema taurino en el escenario internacional; el camino de la Unesco parece ir en la dirección correcta.


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