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El enemigo que no hemos entendido

Sábado, 10 Oct 2026    CDMX    Antonio Casanueva | Foto: Archivo   
"...Sin atender siempre a sus diferencias históricas, culturales..."
Los taurinos mexicanos llevamos años buscando culpables de los ataques contra la Fiesta. Señalamos a los políticos, a las organizaciones antitaurinas y hasta al creciente mascotismo. Nos refugiamos en la defensa de nuestras tradiciones, de su historia y de sus valores culturales. Son argumentos legítimos, pero suelen convencernos solo a nosotros. Todavía nos falta explicar a una sociedad cada vez más alejada de los toros las ideas que sostienen las campañas que buscan prohibirlos.

Peor aún, algunos taurinos acusan a sus adversarios de practicar un "falso animalismo" y se proclaman «"os verdaderos animalistas". Es un grave error. Confunden el bienestar animal, que todos debemos procurar, con el animalismo abolicionista, una de las corrientes que cuestionan la legitimidad de utilizar animales para satisfacer necesidades o intereses humanos. Mientras disputamos quién ama más a los animales, dejamos de discutir lo que está en juego.

El animalismo tiene organizaciones con nombre y objetivos definidos. En México destaca Animal Heroes, que ha impulsado campañas contra las corridas de toros, las peleas de gallos y el uso de animales en espectáculos. En el ámbito internacional, PETA va más lejos: rechaza que los animales sean utilizados para alimentación, vestimenta, experimentación o entretenimiento. Aunque sus planteamientos no son idénticos, ambas organizaciones han coincidido en su oposición a las corridas de toros. El caso de PETA muestra hasta dónde puede extenderse una crítica ética al uso de animales en actividades humanas.

El animalismo contemporáneo tiene entre sus principales referentes al filósofo Peter Singer, autor de "Liberación animal" (1975). Su crítica sostiene que el sufrimiento de un animal merece consideración moral, con independencia de su especie. Pero conviene distinguir dos cosas: que los animales pueden experimentar dolor es un hecho biológico; las consecuencias éticas y políticas que se extraen de esa capacidad pertenecen al terreno de la moral. Las respuestas filosóficas a esa cuestión son diversas. Algunas corrientes abolicionistas concluyen que determinadas formas de utilización de animales deben desaparecer.

En sus expresiones más dogmáticas, el animalismo adquiere rasgos de una neorreligión: establece una frontera moral entre quienes respetan sus preceptos y quienes los transgreden, condena determinadas prácticas humanas y presenta su abandono como una forma de progreso moral. Algunas corrientes aspiran a que esos principios rijan la vida de toda la sociedad, desde la alimentación y la ganadería hasta las relaciones culturales con los animales. Bajo esa perspectiva, actividades tan distintas como la equitación, la gallística, algunas formas de gastronomía o la fiesta brava quedan sometidas a un mismo juicio, sin atender siempre a sus diferencias históricas, culturales y biológicas.

En España, la Fundación Toro de Lidia y el Instituto Juan Belmonte han promovido iniciativas para discutir el animalismo, sus fundamentos y sus consecuencias para la cultura y la sociedad. En México seguimos reaccionando ante cada iniciativa que busca restringir la tauromaquia, sin dedicar suficiente atención a las ideas que la inspiran. Ahora que la Cámara de Diputados discutirá el proyecto de Ley de Bienestar Animal, tenemos una oportunidad para cambiar de actitud. Defender la Fiesta exige conocer el pensamiento de quienes pretenden prohibirla y explicar a la sociedad lo que está en juego.

Durante años nos hemos enfrentado a quienes quieren prohibir los toros. Mientras sigamos llamándonos "los verdaderos animalistas", seguiremos discutiendo quién defiende mejor a los animales, sin examinar las ideas que separan nuestras posiciones. Una defensa seria de la tauromaquia tendrá que conocer el pensamiento de sus adversarios y responder a sus mejores argumentos.


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