La corrida de zacatecanos fue exitosa, no sólo en la taquilla, con la que quizá sea la mejor entrada de lo que va de feria, sino también por la entrega que desplegaron los tres toreros del cartel, de los que Ángel Espinoza "Platerito" tuvo la suerte de sortear a "Bonito", un toro berrendo en negro, alunarado, del hierro de Guadiana, que fue indultado.
Independientemente de que a un sector del público no convenció del todo este indulto, resulta innegable que Platerito realizó una lidia completa, variada y larga, y se fundió con "Bonito" desde el saludo capotero hasta que el de Guadiana se marchó por la puerta de toriles, a gozar de una vida apacible, rodeado de vacas de vientre dispuestas a perpetuar su calidad.
De tan larga la faena, el toro empezó a desentenderse ya de la muleta de Platerito, quien urdió el indulto casi sin concebirlo, sino alentado por una tímida petición que fue en aumento. Y si el toro no fue tan excepcional como para ser indultado, seguramente le servirá a Héctor Saucedo, el representante de la divisa zacatecana, para buscar el hilo genético de una línea en la que los ejemplares de pelo berrendo están saliendo buenos.
Porque lo de Platerito no sólo fue capote, banderillas y muleta -faltó nomás la bella rúbrica de la espada-, sino asentamiento de plantas, trazo, ceñimiento y, tal vez lo más importante, sentir todo lo que hizo, siempre con el corazón en la mano, la música y el olé de su gente como fondo de un sueño hecho realidad.
De lo mejor que hizo fue el soberbio inicio de faena de rodillas, en el que toreó con largueza y temple; después vinieron varios redondos y naturales de trazo preciso y la muleta llevada con armonía y sentimiento por detrás de la cadera, mientras "Bonito" se rebozaba y seguía la tela de aquí hasta allá, en medio del júbilo de sus paisanos, quienes disfrutaron mucho el trasteo.
En contraparte a este significativo triunfo, que ojalá le abra más puertas, estuvo la lidia del sexto, que no fue fácil y terminó defendiéndose, cuando la tarde languidecía, más no el entusiasmo de la gente, que lo estuvo alentando en todo momento porque Ángel es un hombre con chispa que le llega fácilmente a los tendidos.
Pero ahí la película fue otra, pues amontonó pases sin demasiada limpieza y en un sano afán de redondear un triunfo más relevante, acabó perdiéndose a la par que la brusquedad del de Guadiana iba en aumento.
Menos mal que a “Bonito” no tuvo que estoquearlo, porque de haber sido así, es muy posible que el triunfo se le hubiese escapado de las manos, ya que con el sexto anduvo errático con la espada y hasta un chalecazo le recetó al toro, antes de batallar con el acero hasta terminar escuchando dos amargos avisos. Así que una de cal y otra de arena entregó Ángel esta tarde en Zacatecas, pero sin dejar de reconocer que la de cal fue de la más fina.
Antonio Romero, el primer espada del cartel, anduvo en director de lidia: sereno, pausado, dándole tiempo a sus toros, y teniendo confianza en sí mismo para obligarlos a embestir. Más redonda resultó la faena que abrió boca, debido a que el toro castaño, de preciosa lámina, como otros del encierro, fue noble embistió con suavidad a la muleta de Romero.
La faena tuvo estructura y concisión, dos atributos que muchas veces los toreros pierden de vista, y merece la pena resaltar, con toro clásico por ambos pitones y largos pases de pecho para abrochar las series. Media estocada desprendida, precedida de un pinchazo, fue el colofón de una faena torera y medida.
La del cuarto, que no fue nada fácil, tuvo otro cariz: el de la entrega sin reserva, inclusive saliéndose de su estilo y toreando de rodillas con desparpajo. En un momento dado hasta perdió la cabeza al intentar un pase cambiad por la espada ante un toro reservón que iba con la cara alta y punteaba, y estuvo muy cerca de sufrir una cornada en un glúteo.
Al final, hasta se arrodilló delante del burladero de matadores para torear con mucha enjundia, ofreciendo el pecho al de Guadiana, en un arrebato que le gustó al público, que, tras colocar una estocada entera, de impecable ejecución, y ligeramente desprendida, le pidió la oreja con fuerza. Este trofeo, concedido con el rigor de una monumental, tuvo un magnífico peso específico para el torero zacatecano que, en los últimos años, ha tirado del carro con la frente siempre en alto.
Luis Ignacio Escobes sorteó un lote sin posibilidades, y si acaso el tercero de la tarde tuvo un momento bueno, antes de que lo dejara ir a tablas, luego acabo refugiándose ahí y obligando al nieto de don Manuel Ibargüengoitia, ganadero de San Antonio de Triana, a torear por alto a destajo, quizá sabedor de que así podía alcanzar cierto lucimiento aliviando por arriba las embestidas del toro.
La faena al quinto tampoco encontró el eco deseado entre el público, no obstante que Escobedo le buscó las vueltas en una faena desigual, producto de su falta de rodaje, la de un torero que ha recibido pocas oportunidades. Cabe destacar su pulcro toreo por la cara, enseñanza del maestro Manolo Arruza, que representó uno de los pasajes más toreros de su actuación.
La gente salió contenta de la plaza y eso tiene un valor especial, luego de venir de una tarde aciaga, la del pasado 8 de septiembre, en que la lluvia y el escaso juego de los toros, echó por tierra la fiesta.
Ahora habrá que esperar un paréntesis de tres días antes del sexto festejo de la feria, programado el próximo miércoles 16 de septiembre con un cartel de banderilleros: Uriel Moreno "El Zapata", David Fandila "El Fandi", Manuel Escribano y André Lagravere “El Galo”, quienes lidiarán cuatro toros de Pozo Hondo y cuatro más de José Arroyo.
Esperemos que este doble mano a mano México-España de banderilleros, atraiga la atención del público y se supere, con creces, la asistencia que tuvo hoy la monumental tras el buen ambiente que dejaron los toreros de la tierra.