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Héctor Gutiérrez en Madrid: "¿Y si sí...?"

Sábado, 01 Ago 2026    CDMX    Redacción | Foto: Plaza 1   
"...una frontera que cada generación mexicana sueña con cruzar..."
Los triunfos de los mexicanos en el extranjero se han vuelto tan escasos que hemos aprendido a añorarlos antes de que ocurran. En el toreo, la última Puerta Grande de un matador mexicano en Las Ventas se remonta a 1972, cuando Eloy Cavazos salió a hombros de Madrid.

Han pasado más de cinco décadas y aquella hazaña se ha convertido en una referencia casi mítica. Cada torero mexicano que pisa el ruedo venteño carga, además del peso de su propia carrera, con la ilusión de los taurinos de todo un país que espera ver repetida una imagen que pertenece ya a la memoria colectiva.

Por eso, cuando Héctor Gutiérrez alcanzó la final de la Copa Chenel, muchos aficionados volvimos a preguntarnos aquello que durante el Mundial se convirtió en una curiosa expresión nacional: "¿Y si sí...?". ¿Y si esta vez un mexicano volvía a conquistar Madrid? ¿Y si la Puerta Grande, convertida casi en una obsesión, dejaba de ser un recuerdo para transformarse de nuevo en realidad?

Durante el Mundial ocurrió algo semejante. Después de tantos fracasos en la ronda de octavos, el anhelo dejó de ser simplemente avanzar de fase. El país entero comenzó a repetir una frase breve, cargada de esperanza: "¿Y si sí...?". No expresaba confianza ciega; hablaba del anhelo de romper un límite que parecía inamovible. Llegar a los cuartos de final de una Copa del Mundo y abrir la Puerta Grande de Madrid pertenecen a ámbitos distintos, pero despiertan sentimientos parecidos: ambos representan una frontera que cada generación mexicana sueña con cruzar.

Las naciones también se construyen a partir de las expectativas que alimentan. Cuando dejan de creer que una meta es posible, acaban por resignarse a no alcanzarla. La esperanza no asegura el triunfo, pero la resignación suele anticipar la derrota.

La relación entre el futbol y la tauromaquia ha sido más estrecha de lo que suele pensarse. El balón terminó por convertirse en el espectáculo más popular del país, pero conservó parte del lenguaje nacido en las plazas. El "¡ole!" es quizá el mejor ejemplo: pasó también a los estadios para celebrar el dominio, el temple y la belleza.

Durante el Mundial hubo un momento que me hizo pensar en ello. El 24 de junio, mientras más de ochenta mil personas coreaban "¡oooole!" en el Estadio Azteca durante el partido entre México y Chequia, se cumplían quinientos años de la primera corrida de toros documentada en lo que hoy es México. Aquella palabra, nacida en las plazas, seguía brotando con naturalidad de la voz de miles de aficionados. Muchos quizá ignoraban su origen. Eso no hacía menor la huella que cinco siglos de tauromaquia han dejado en el lenguaje compartido de los mexicanos.

La historia de Héctor Gutiérrez no terminó como muchos soñábamos. Ganó la Copa Chenel, mérito enorme para un torero mexicano que ha sabido abrirse camino en España, pero la Puerta Grande sigue esperando. Lejos de disminuir su triunfo, esa circunstancia le da un significado distinto. Nos recordó que los grandes objetivos no se alcanzan de un solo golpe. Antes hay que volver a creer que son posibles.

Quizá esa sea la mayor enseñanza de estos días. El "¿Y si sí...?" no garantiza el éxito. Tampoco elimina décadas de frustraciones. Pero devuelve algo indispensable para cualquier nación y para cualquier torero: la esperanza. Durante unos días volvimos a imaginar a un mexicano cruzando la Puerta Grande de Las Ventas. Y mientras exista un torero capaz de despertar esa ilusión, el sueño seguirá vivo. 

Tal vez en la Feria de Otoño de octubre, cuando Héctor Gutiérrez vuelva a Madrid, muchos volveremos a preguntarnos: "¿Y si sí…?" Las puertas grandes no se abren por casualidad. Antes hubo un torero que se negó a aceptarlas como una frontera definitiva y una afición que volvió a imaginarlo saliendo por ellas.


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