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Iván Fandiño en el recuerdo

Lunes, 29 Jun 2026    Puebla, Pue.    Horacio Reiba | La Jornada de Oriente   
A nueve años de su trágica muerte en Francia
La diferencia entre el taurófobo y el taurófilo es que mientras el primero quiere que el toro mate al torero, nosotros sólo pedimos que el toro sea capaz de matar, para darle así sentido a este rito milenario, a este juego mortal entre el hombre y la bestia. Ergo, los necrófilos son ellos.

Ellos, que con su repudio a la tauromaquia se limitan a seguir ciegamente la necrófila tradición anglosajona, cuyas expresiones más siniestras jalonan sin cesar una espesa historia de supremacismo y muerte. Y a eso le llaman, sin morderse la lengua, el imperio de los valores occidentales.

La noche del 17 de junio de 2017 nos esperaba esta noticia sobrecogedora: en un hospital de Mont-de-Marsan había fallecido Iván Fandiño, el mejor torero vasco de todos los tiempos, con el permiso de Cocherito, Fortuna y los Chacartes. Esa tarde, en un pequeño ruedo de Las Landas, un toro de Baltasar Ibán le horadó el costado derecho y le partió el hígado y la vena cava. Trasladado de urgencia a la capital del distrito, llegó al quirófano prácticamente muerto.     

Iván Fandiño no hacía el toreo bonito, se concretaba a torear de verdad. Ni susurraba suaves romances con toritos de azúcar ni se las daba de esteta magistral a cabeza pasada. A lo largo de estos años, Iván Fandiño se limitó a honrar la profesión de torero allí donde lo llamaran. Como era un alternante de perfil indómito, las figuras procuraron mantenerlo apartado del circuito mayor: si tan valiente es, que se avenga a lidiar toros enterizos, a refugiarse en carteles peleones. Esto ha sido siempre así, dirán los publicronistas custodios del apapacho y el sobre, que en ese sentido el toreo tiene una historia larga y muchas colas que pisar. Y mucho riesgo agregado, en los despachos y en la arena.

El precio de la independencia

Recuerdo que hace unos años, en Arles, le dieron a Iván el trofeo de la feria. Había podido ver por la televisión las cuatro corridas y escribí lo siguiente, bajo el subtítulo Fandiño, premio del jurado:

"Una lección de profunda sensibilidad y saber taurino iba a darla el jurado encargado de dilucidar lo mejor del ciclo, pues eligió como triunfador a Iván Fandiño, que solamente había recibido una oreja la misma tarde en que el carismático Padilla acababa de pasear dos por una obra de calidad notoriamente inferior a la templada, torerísima faena del de Orduña con el berrendo de Torrestrella lidiado en quinto turno. El jurado arlesiano evidenció que sobran sumadoras cuando de calibrar méritos artísticos se trata". (La Jornada de Oriente, 8 de abril de 2013).

El camino de Iván sería similar al de tantos toreros sin más apoyos que una vocación a prueba de bombas, mucha fe en sí mismos y un espíritu inquebrantable para mantenerse en liza a pesar de los pesares, fundamentado todo en el valor que hace falta para seguir yendo a la cara del toro-toro sin rechistar. Vale destacar, en su caso, una insobornable fidelidad a Néstor García, el hombre que supo valorar los esfuerzos de un joven pelotari vasco por hacerse torero, y el único que lo impulsó y lo tomó en serio.

Todavía recuerdo el faenón que le cuajó en Madrid al encastadísimo Parladé que lo hirió de gravedad al tratar de asegurar la estocada, entrando a volapié con ejemplar rectitud, pese a lo cual le negaron la segunda oreja. Y me pregunto, ¿le sirvió de algo tan enorme faena y ese gesto de matador auténtico, faena y estocada designadas por varios jurados como lo mejor de San Isidro 2013?

Si para algo sirvió sería para que la élite torera procurara poner tierra de por medio entre sus estancos privilegiados y el incómodo espada vizcaíno. Total, allí estaba Francia para hacerle justicia, con una organización más atenta a los méritos de cada cual, pero también con su firme apego al reglamento, particularmente en cuanto se refiere a la integridad del ganado que allí se lidia. Sobre las condiciones sanitarias de enfermerías como la de Aire-sur-l´Adour, en cambio, existen serias dudas que oponer. 

Aire-sur-l´Adour

Este cantón de Aquitania, región de Las Landas, en el sudoeste de Francia, pertenece al distrito de Mont de Marsan y solamente cuenta con seis mil habitantes. Su plaza de toros, llena solamente a medias aquel sábado infausto, tiene cupo para 4 mil 250 espectadores. Y anualmente, celebra dos o tres corridas, en los meses de mayo y junio. 

En Francia existen 59 municipios oficialmente autorizados para celebrar festejos taurinos, autorización basada en la tradición y reconocida y protegida por el gobierno nacional. La plaza de Nimes, que ocupa la estructura de un antiguo coliseo romano, acondicionado para funcionar como coso taurino, es la más importante del país y la única que confirma alternativas, situación que la hermana con Las Ventas de Madrid, la Plaza México, la de Acho en Lima y, hasta hace poco, la Santamaría de Bogotá y la de Iñaquito en Quito, éstas dos últimas, como La México, fatalmente abocadas a desaparecer a la luz de improcedentes legislaciones taurofóbicas.

La de Aire-sur-l´Adour está encuadrada en la tercera categoría, y por lo tanto se rige por un reglamento más benigno que las de primera y segunda. Pero la autoridad local, como en el resto del país galo, no hace ninguna concesión por debajo de dicho reglamento, lo que asegura para sus corridas la garantía de toros íntegros y de un ritual taurino rigurosamente vigilado en todos los aspectos. 

La ganadería de Baltasar Ibán

La ganadería madrileña, en auge durante el último tercio del siglo pasado, dejó de ser solicitada por las figuras debido a la incómoda bravura de sus toros –uno de ellos, modélico en todo sentido, fue el célebre "Bastonito", que le reportó uno de sus triunfos más sonados pero también más caros a César Rincón, en la plaza de Madrid (07-06-94)–. La última oreja cortada allí mismo por Joselito Huerta, nuestro León de Tetela, fue de un ejemplar de Baltasar Ibán (20-05-65), misma procedencia de "Santanero", con el que, apadrinado por El Viti, confirmó su alternativa ante la cátedra madrileña Manolo Martínez (22-05-70). 

Por cierto, Iván Fandiño nunca llegó a confirmar en la Plaza México, donde al parecer sólo tenían cabida los recomendados por cierto influyente divo valenciano. Había tomado la alternativa en Bilbao el 25 de agosto de 2005 de manos de El Juli, ante Salvador Vega, con el toro "Afrodisíaco", de El Ventorrillo, de pelo castaño como el último que mataría.

La corrida trágica

Vestido de canela y oro, Iván Fandiño Barros (Orduña, Vizcaya, 29-09-1980-Mont de Marsan, 17-06-2017) fue primer espada del cartel y le cortó la oreja al abreplaza, un colorado de Baltasar Ibán bajo y ligero, cuyo buen estilo, no exento de cierto picante, propició que Fandiño se explayara en una faena seria y templada que, bien coronada con la espada, le permitió al torero vasco pasear el apéndice en triunfo. No llegaría a lidiar al segundo de su lote.

El francés Thomas Dufau, de celeste y oro y muy poco placeado, derrochó voluntad ante tres encastados adversarios. Le tocó lidiar al berrendo cuarto, segundo de Iván Fandiño, herido al hacer un quite por chicuelinas al tercero de la tarde. Éste, llamado "Provechito", negro meano, hirió también, levemente, al banderillero Pedro Vicente Roldán; en su turno de quites, Fandiño muy quieto, trazó una chicuelina por el pitón derecho, pero el toro se le metió debajo en la segunda y lo derribó, aparentemente sin hacer por él en el suelo… mas en la confusión del quite, los subalternos no consiguieron alejar al bicho y éste volvió sobre su presa, hundiendo el cuerno derecho en el costado del mismo lado del torero caído levantándolo al pasar. Llevaba el orduñés una profunda herida, que según el médico que lo atendió en el hospital donde murió "le reventó el hígado y la vena cava… era imposible hacer nada por salvarlo".

Juan del Álamo, de teja y oro, estuvo tranquilo y torero con ese bicho, que no fue fácil, y aprovechó la buena condición del sexto para cortarle la oreja. Confiesa Juan que nadie, en la plaza, tuvo conciencia de la gravedad del percance, ni mucho menos esperaba un desenlace fatal, por lo que la corrida prosiguió sin alteraciones mientras Iván Fandiño era trasladado en ambulancia a Mont de Marsan.

Del Álamo es otro torero que tuvo que luchar al margen de las grandes casas empresariales sin conseguir romper del todo el cerco a que se ven sometidos los independientes. Como matador sumaba ya, hasta ese momento, nueve orejas cortadas en Madrid, sin que la puerta grande que por fin abrió el 25 de mayo anterior le haya valido para entrar en el cartel del fatídico 17 de junio en Las Ventas, reservado, según se decía, a quienes hubiesen triunfado en San Isidro.

La sensibilidad humana de Barquerito

La sensibilidad humana es una de las prendas personales de este prestigiado cronista español. Lo demuestra su sentido obituario dedicado a Fandiño, de cuyo texto entresaco algunos datos y conceptos, indispensables para entender el significado de un torero cuya tauromaquia y sacrificio no han sido debidamente valorados. Así lo explicaba:

"Los años de gloria mayor de Iván Fandiño fueron tres: 2011, cuando las cuatro tardes en Las Ventas, y triunfales las cuatro; 2012 y 2013, cuando fue reconocido con la Oreja de Oro que los jurados de Radio Nacional de España otorgan al triunfador de la temporada. Después de 2013 el negocio taurino empezó a desdeñarlo.

"Ajeno al juego de intereses del toreo (…) Iván se vio en las dos últimas temporadas orillado: tratado en Sevilla con inusitada dureza, cerradas en las ferias españolas las puertas de los carteles mayores, solo en la Francia del Sudoeste –Bayona, Dax, Mont de Marsan– pudo saborear las mieles reservadas a las figuras del toreo. En una placita de las Landas lo estaba esperando la implacable Parca. Reservaba para el último viaje un muy ofensivo toro cinqueño, a punto de cumplir los seis, de un hierro de bravura clásica, el de Baltasar Ibán, y, azares del destino, no le había entrado en suerte ni en lote, sino en el del salmantino Juan del Álamo. Todo pasó al perder pie y perderle la cara al toro en el remate de un quite. La cornada, en el costado, fue brutal. Un final amargo y cruel, con la temporada muy cuesta arriba.

"Su paso efímero por la escuela taurina de Valencia o la formación práctica en la escuela informal de la plaza de Sanlúcar de Barrameda no dejaron en el sentido del toreo de Iván tanto poso ni tanta huella como la experiencia adquirida en el toreo popular de las capeas, que aporta recursos y reflejos. Es decir, una base técnica muy distinta de la teórica que se enseña en las escuelas. En sus tres temporadas de gloria mayor, esa técnica se había destilado y decantado tanto que apenas se reconocía. No había dejado resabios.

"Serio, grave y formal, incluso en los alardes –los recibos a porta gayola, las estocadas sin muleta-  Iván se había convertido en un torero muy poderoso. Dominador de muchos palos: con la capa, el toreo de brega –notable lidiador– y el otro también, la verónica pura, y suertes menores pero no sencillas. Una chicuelina de tremendo aplomo y severo ajuste, por ejemplo. O la gaonera temeraria al modo de José Tomás, impasible la reunión, casi floreada la solución. Con la muleta, fue capaz de inspirarse y sentirse en el modelo del toreo a la distancia que César Rincón había rescatado del olvido veinte años antes (…)

"Iván no cabe en la categoría de lo que Antonio Fernández Casado llamó los toreros de hierro, los recios y por lo general toscos toreros de Vizcaya, sino que fue, desde sus primeros pasos, y puesto a prueba con ganaderías ásperas, un muletero sutil y hasta delicado. Muy ligera su manera de pisar, muy personal su andar resuelto pero sereno, indiscutible su encaje. Fue torero silencioso. Su arrojo y su acierto con la espada le ganaron, antes del salto a la gloria, fama de estoqueador de alta escuela. En eso cumplió con el canon clásico de los toreros de hierro.

"Un total de treinta tardes en Las Ventas desde su confirmación de alternativa en 2009 y un balance de resultados notables, dan idea del relieve de Iván Fandiño, que fue torero protagonista y base de la programación taurina de Madrid en sus años de gloria, en San Isidro, en la feria de Otoño también.

"En la apertura de curso de 2015 cuando se anunció cómo único espada en corrida de seis hierros distintos, todos con sello de difíciles. Las corridas de único espada –en Madrid, en Valencia, en Bilbao– las vivió Fandiño como grandes desafíos o apuestas. No le acompañó la fortuna en ninguna de ellas. Fue, en cambio, con toros de Jandilla, Torrestrella o Parladé, en corridas de terna, en Bilbao, Pamplona o Madrid, donde Fandiño dio la dimensión profunda de su talla. Su imagen de torero singular, que, de un día para otro, ha entrado en la historia del toreo". (Colpisa, portal de Internet, 18 de junio de 2017).


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