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Pensar en quinientos años

Sábado, 06 Jun 2026    CDMX    Antonio Casanueva | Infografía LM   
"...momentos decisivos de nuestra historia taurina..."
Estamos iniciando el mes en que se cumplen 500 años de la primera corrida de toros documentada en lo que hoy es México. Cinco siglos de una tauromaquia viva, con una historia tan larga como la del propio país. Hans-Georg Gadamer sostenía que comprendemos el mundo desde tradiciones que nos preceden. Una celebración quincentenaria permite tomar conciencia de ello. Nos recuerda que somos herederos de procesos históricos que comenzaron mucho antes de nuestro nacimiento y que seguirán su curso cuando ya no estemos.

Por eso, la efeméride tiene un significado que rebasa la fecha misma. Quinientos años constituyen una escala temporal excepcional. Permiten observar continuidades, cambios y permanencias; entender de dónde venimos y preguntarnos hacia dónde vamos.

Un aniversario de 500 años también permite mirar una tradición con cierta perspectiva. No solo para recordar sus orígenes, sino para evaluar su recorrido. Hegel pensaba que una comunidad llega a comprenderse a sí misma cuando mira su propia historia. Una efeméride como esta ofrece la oportunidad de reconocer lo que se ha construido, lo que se ha perdido y aquello que todavía merece conservarse.

También debes reconocer el papel que México ha desempeñado en la tauromaquia universal. Durante siglos, sus toreros, ganaderos y escritores han contribuido a definir buena parte del toreo contemporáneo.

Paco Carmona y José Morente llegan incluso a sostener que México ha marcado la pauta del toreo moderno. A su juicio, la creatividad de los toreros mexicanos y un público más receptivo a la innovación han convertido al país en un laboratorio taurino cuyas aportaciones terminan influyendo en España. La afirmación resulta provocadora porque invierte la idea habitual: "la incidencia del toreo mexicano en el español es mayor que al revés".

José Carlos Arévalo, en el número más reciente de Tauro Magazine, sostiene una tesis aún más ambiciosa. Del mismo modo que existe una literatura mexicana distinta de la española, aunque ambas pertenezcan al mismo árbol cultural, también existe un toreo mexicano con personalidad propia. 

A su juicio, la independencia política no interrumpió el intercambio entre ambos países, pero sí terminó produciendo una independencia taurina. México desarrolló formas originales de entender el toreo, particularmente en el manejo del capote, enriquecidas por la influencia de la charrería. Lejos de permanecer confinadas a este lado del Atlántico, muchas de esas aportaciones acabaron incorporándose al repertorio de las figuras españolas contemporáneas. Para Arévalo, la historia de la tauromaquia no puede entenderse sin reconocer esa influencia mexicana.

Recordar cinco siglos implica reconstruir una historia común. Por eso dedicaré los próximos artículos a explorar algunas de las aportaciones mexicanas más relevantes a la tauromaquia: la ganadería, la internacionalización del toreo, el hilo y la variedad de suertes. Son temas que ayudan a entender hasta qué punto México ha contribuido a modelar el toreo contemporáneo.

En las próximas semanas recorreremos buena parte de esos cinco siglos. Desde Ponciano Díaz hasta Jorge Gutiérrez. Volveremos sobre ganaderos, escritores y momentos decisivos de nuestra historia taurina. También sobre los problemas que hoy nos aquejan: el cortoplacismo, los egos, la adulación y los conflictos de interés que condicionan el presente y comprometen el futuro de la Fiesta. 

Pensar en quinientos años cambia la escala de las preguntas. Obliga a mirar más allá de la temporada en curso, del resultado de una tarde o de las discusiones que hoy parecen urgentes. Y quizá ahí empiece también cualquier conversación seria sobre el futuro.


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