En años recientes, la autoridad de la plaza Monumental de Aguascalientes ha sido proclive al triunfalismo, atendiendo quizá la petición de trofeos hecha por un público tan variado como feriante, que solía premiar con holgura a los toreros. Pero hoy las cosas han cambiado considerablemente y van más acorde con la categoría de una plaza –y una feria, la más importante y trascendente de América– que cada año se celebra entre la Feria de Abril de Sevilla y la Feria de San Isidro de Madrid, tres citas de máximo interés para el aficionado.
La actuación del juez de plaza César Pastor y sus asesores había pasado inadvertida –por ecuánime y equilibrada– durante varias corridas, hasta que llegó la fecha del 2 de mayo, y tras la arrolladora entrega de Luis David se abrió una interesante polémica que fue en aumento conforme avanzaron los días.
Hacía mucho tiempo que a un espada no le gritaban "¡torero, torero!" en este coso prácticamente desde el tercio de banderillas y hasta el final de una lidia trepidante, poco ortodoxa, es verdad, con mejores resultados de impacto emocional en el público, que en términos taurinos.
Sin embargo, después de colocar una espectacular estocada al encuentro, en la que la espada quedó en buen sitio, el público le pidió las dos orejas con una fuerza abrumadora, tanto que el juez de plaza debió conceder una, por lo menos, haciendo una valoración más abierta de toda la lidia. Sin embargo, no sucedió así y se montó una sonora bronca en contra del palco, con una aclamada vuelta al ruedo para Luis David, que al final es el premio más democrático que existe en el toreo.
El argumento del juez de plaza para denegar el trofeo fue que la labor de Luis David no había sido meritoria, un detalle que se menciona en el artículo 1476 del Código Municipal (Reglamento Taurino para esta ciudad), que a la letra dice lo siguiente:
"Cuando la labor del lidiador provoque la petición de apéndices por parte del público, el Juez de Plaza, para concederlos, se sujetará a las siguientes reglas: I. Se otorgará una oreja cuando tras de una labor meritoria (el subrayado es nuestro) del lidiador, una notoria mayoría de los espectadores así lo solicite, ondeando sus pañuelos".
Otro tanto ocurrió en la corrida del 9 de mayo, tras la huracanada lidia de Antonio Ferrera al segundo toro de su lote, en el que rindió un personal y emotivo homenaje al picador Mauro Prado, al que le brindó su actuación en la tarde de su despedida.
Porque el extremeño no sólo toreó con el capote, se subió al caballo a picar, banderilleó haciendo gala de facultades y, a pesar del viento que molestaba, le plantó cara a un bravo toro de Santa Inés, para terminar su faena con una estocada "a lo Ferrera" –es decir, citando de larga distancia–, que terminó por quedar caída, motivo por el que, ante la fuerte petición de una segunda oreja, el juez de plaza fue congruente con el criterio aplicado en el caso de Luis David y no dio su brazo a torcer, lo que provocó un enfado mayúsculo en el público.
La única justificación válida para no conceder una segunda oreja con una petición tan contundente, fue la fallida colocación de la espada, y eso hay que respetarlo y hasta aplaudirlo, si es que, a partir de esta feria, será el criterio a tomar en cuenta por la autoridad a la hora de conceder un segundo trofeo. Ojo, ya no hay marcha atrás.
Por otra parte, no se comprende cómo la autoridad no le concedió a Daniel Luque una segunda oreja tras su magistral faena al toro llamado "Santander", en la corrida del 8 de mayo, tras lidiar al de Tequisquiapan con una magistral técnica. El sevillano lo obligó a embestir humillado y le sacó el fondo de clase y nobleza por el pitón izquierdo antes de tumbarlo de una magnífica estocada. Siendo matador de toros en retiro, César Pastor debería de ser el primero en aquilatar este tipo de lidia en todo lo que cabe.
Y aunque el público no se afanó en solicitar una segunda oreja para Luque, su obligación era entregarla y hacer saber, con dicha actitud, que este tipo de faenas, a diferencia de otras poco o nada meritorias, tienen una importancia digna de dicho premio, independientemente de que se trate del primer toro de la tarde, un hecho que nunca debe incidir en la decisión del palco, que está obligado a juzgar, de manera independiente cada lidia sin importar el orden en que se lleva a cabo.
Pero otro hecho controversial se suscitó en la última corrida del Serial Taurino, en la corrida de rejones, donde a Emiliano Gamero se le concedió una segunda oreja tras haber colocado un rejón de muerte en buen sitio, seguido por un certero golpe de descabello. En cambio, a Guillermo Hermoso, que había hecho una faena rotunda de principio a fin, con un bravo toro de Marrón, no le concedieron una segunda oreja tras un pinchazo previo al rejón final, colocado en buen sitio, sin importar la fuerte petición del público del segundo trofeo, lo que fue motivo de protesta.
La labor de la autoridad es tener la sensibilidad para interpretar adecuadamente el reglamento, ser flexible y exigente, a la misma vez, pero no intransigente, para que sus decisiones no provoquen un desorden público en los tendidos.
El mayor logro de un buen juez de plaza es que su proceder no se cuestione en absoluto en los medios de comunicación, las redes sociales o hasta en los corrillos taurinos, y así evitar que se convierta en un protagonista de los hechos, sino que siga siendo un aficionado de excepción que dirige el desarrollo del espectáculo apegado al reglamento, pero con el uso del sentido común, que muchas veces es el menos común de los sentidos.
Si el nivel de exigencia ya se marcó una hoja de ruta en Aguascalientes rumbo a 2027, en una Monumental donde se pretende que se confirmen las alternativas mientras la Plaza México permanezca cerrada, sería imprescindible que también se aplique en el reconocimiento y trapío de los toros que se lidian, una asignatura a observar con mayor detenimiento que también abonará, de manera integral, a la categoría de la plaza en el marco de su Feria de San Marcos.