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De Ferrera a Ferrari, hasta el Mare Nostrum

Sábado, 09 May 2026    AGS., Ags.    Juan Antonio de Labra | Foto: LM         
Antonio enloqueció a la gente y Bruno abrió la puerta de la esperanza
Los pasajes más emocionantes de una corrida de larga duración corrieron a cargo de Antonio Ferrera y Bruno Aloi, que al final fueron los dos únicos espadas de la cuarteta de toreros que consiguieron cortar una oreja por coleta, en una tarde donde la emoción y el entusiasmo por parte del público llegó a desbordarse.

¿Por dónde empezar? Sin lugar a duda, por la despedida de Mauro Prado, que el 31 de octubre de 2025 estuvo a punto de perder la vida en la plaza "Nuevo Progreso" de Guadalajara, donde sufrió una gravísima lesión que lo mantuvo hospitalizado durante varias semanas. Inhabilitado para su profesión, el picador de dinastía se tuvo que conformar con vestirse de luces, montar a caballo -a pesar del impedimento de los médicos- y encabezar, por solicitud de Ferrera, un inusual paseíllo en el que Mauro iba por delante de las cuadrillas.

Con el rostro compungido por las lágrimas y la sabiduría del hombre que consagró su vida al noble arte de picar toros a lo largo de más de 40 años, la corrida nos iba a deparar muchas cosas, positivas y negativas, polémicas otras, pero todas igualmente relevantes como telón de fondo de un espectáculo en donde la incertidumbre (ese inquietante no-sé-que-va-a-pasar) es su mejor condimento.

Por principio de cuentas y para acabar pronto, la mejor faena de la tarde la hizo Ferrera a un toro largo, hondo, con pinta de San Mateo de otra época, del hierro de Campo Real, la divisa de Jan Espinosa, el hijo del inolvidable Manolo Espinosa "Amillita". Y es que el torero extremeño lo toreó por nota, primero en suaves caricias de capote y luego de muleta, tratando de afianzarlo a la arena, pues tenía calidad, pero poca fuerza, hasta romperse de manera sensible y sincera, fiel a su estilo, en una faena barroca, preñada de matices técnicos y estéticos que fueron un deleite, por su forma y por su fondo.

Antonio estuvo delante del toro 16 minutos sin aburrirse y sin aburrir, con esa puesta en escena tan suya que lo ha convertido en un mago del toreo, que minutos más tarde se iba a sacar varias liebres de su amplia chistera. Y de no haber sido por dos pinchazos previos a la estocada, otro gallo le hubiera cantado en una tarde donde la negativa de concederle una segunda oreja tras la trepidante faena al quinto, le impidió salir por la Puerta Grande.

Inspirado por todo lo que se había vivido con Mauro, quien militó en su cuadrilla, en el quinto, un toro bravo de Santa Inés, Ferrera se explayó a lo grande con capote, vara de picar y tercio de banderillas, en un alarde de dinamismo, espectacularidad y facultades que, a sus cuarenta y tantos años, es la muestra más fehaciente de que a este artista le hierve la sangre.

Si la primera faena del festejo había sido para profesionales, y para el buen aficionado, la del quinto fue de otra galaxia de cara a las masas, las que hacen las entradas; las que no conocen sino la viva llama de la emoción y a ella le rinden culto. Así, con esta otra tauromaquia, Ferrera deslumbró a propios y extraños, y podrá gustar o no su toreo, pero lo cierto es que, para la 
Fiesta Brava entendida como "un espectáculo de masas", el extremeño se pinta solo.

La raza encastada de "Orgulloso" hubiese lucido más sin viento, porque a pesar de las ráfagas que azotaban la muleta de Antonio, el replicó con otras ráfagas, las de su inagotable repertorio… incluida la espada, con la que rubricó, paso a pasito, a larga distancia, una faena a 18 mil revoluciones por minuto, las de ese poderoso motor de 10 cilindros (marca "Ferrera-Ferrari"), que hubiese vuelto loco al propio Enzo, il Commendatore, el genial artífice del cavalino rampante, santo y seña del automovilismo deportivo.

El toro dobló pronto con la estocada caída, algo perpendicular y delanterilla, y la gente explotó en un éxtasis colectivo en demanda de las dos orejas. Pero como el palco de la Monumental acalitana ya se puso muy caro, el matador César Pastor volvió a ser congruente con decisiones anteriores y, erigido en césar de un coliseo romano, no accedió a dar el segundo trofeo y se armó la bronca, incluida la que le montó Ramón Ávila "Yiyo" en el micrófono, al fin y al cabo, como su compadre Ferrera, con el apasionamiento por bandera. Así que aquella insultante protesta radiofónica vino a reflejar el sentir de casi toda la plaza. Y se vale. Cuestión de estilos.

La otra faena interesante de la corrida la protagonizó Bruno Aloi, de ascendencia italiana y acento renacentista, quien estaba urgido de una plaza de esta importancia, y al cuarto, de Santa Inés, le tumbó una oreja, no exenta de algunas protestas que la sonoridad de la "Pelea de Gallos", acalló cuando el alguacilillo se la entregó. En este sentido, también el público hoy jugo un papel determinante en la corrida, en un espectáculo donde la gente, y la propia autoridad, muchas veces condicionan sus resultados.

A base de aguante, con el viento flameando su muleta, pero no su ánimo ni su valor, Bruno le corrió la mano al de Santa Inés en un palmo de terreno, en muletazos de muy buena factura por ambos pitones, para culminar de un volapié de rápidos efectos que le puso en las manos este anhelado trofeo.

Lo demás apenas y tuvo relevancia, como fue el trepidante inicio de faena de Isaac Fonseca con el primer toro de su lote, de rodillas y en los medios, hasta que el de Campo Real se rajó y empezó a defenderse, mientras que David de Miranda, en su segunda cita hidrocálida, volvió a pechar con dos toros desabridos, con los que ni siquiera pudo conectar con el público, máxime porque el primero de su lote tenía un escaso trapío que no correspondía a la categoría de esta plaza y que el público, con justa razón, protestó desde su salida.

Los gritos de "¡torero, torero!" que le tributaron a Ferrera todavía retumban en el graderío de la monumental, pues no cabe duda de que Antonio es un ídolo en este coso desde aquella faena a "Romántico" de Begoña que, hace varios años, le sirvió para colocar la primera piedra de su monolítico cartel, el que se ha ganado a pulso con actuaciones como la de hoy.

Y en consonancia con ese ejemplo, ahí llegó Bruno a mostrar que está dispuesto a avanzar en la profesión, ahora con su inminente confirmación de alternativa en la plaza de Las Ventas de Madrid, en la que, por ahora, será la tarde más trascendente de su prometedora carrera, que apenas comienza y hoy, tras su alternativa en este mismo escenario, lo hizo con el pie derecho.

Mañana otro día será en la corrida del cerrojazo del Serial Taurino de 2026, con un cartel donde veremos tres de las cuatro vertientes de la tauromaquia: torea a caballo, con tres rejoneadores (Gamero, Hermoso y Fauro); dos grupos de forcados, uno llegado de Turlock, California, y los Recortadores Españoles, con sus impresionantes saltos que evocarán la taurocatapsia que se practicaba hace más de tres mil años en la antigua Creta. Como para no perdérselo, en este momento en que la amplia estela de emoción que dejó Ferrera, navega una graciosa carabela en sentido contrario, hacia el viejo Mare Nostrum.

Ficha
Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Décima corrida de feria. Dos tercios de entrada, en tarde nublada, de calor bochornoso y con algunas ráfagas de viento. Tres toros de Campo Real (1o., 2o., 3o.) y cinco de Santa Inés, desiguales en presentación, varios protestados por su escaso trapío, de poco juego en general salvo el 1o., que tuvo clase, y el 5o., que fue bravo. Pesos: 552, 490, 480, 494, 511, 506, 527 y 512 kilos. Antonio Ferrera (verde esmeralda y oro): Ovación y oreja con fuerte petición. David de Miranda (verde botella y oro): Silencio en su lote. Isaac a Fonseca (gris plomo y pasamanaría blanca): División y división tras aviso. Bruno Aloi (azul celeste y oro): Oreja con ligeras protestas y palmas. Incidencias: Sobresalió en banderillas Joel Delgado "El Panita", que saludó una ovación en el 3o. El picador Mauro Prado encabezó el paseíllo en su despedida de los ruedos, luego de haberse tocado el Himno Nacional. La corrida tuvo una duración de 3 horas y 30 minutos.


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