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Un gran alarde de entrega... sin premio

Sábado, 02 May 2026    AGS., Ags.    Juan Antonio de Labra | Foto: LM         
Luis David se prodigó a rabiar y le negaron una oreja
Luis David Adame cautivó al público con una actuación muy variada, vistosa y dinámica, en la que no se dejó nada en el tintero, como si de un novillero rabioso se tratase, y al final lo peor que le pudo suceder es que el juez de plaza, César Pastor, le negara la oreja del sexto toro de una corrida en la que hizo hasta lo imposible por triunfar, pero quizá por la vía menos afortunada para la lidia que le pedían sus toros.

Y esa inexplicable negativa del matador Pastor de conceder el trofeo solicitado con mucha fuerza, y bronca incluida, no se apegó al reglamento, en donde se establece que la primera oreja la otorga el público. En este caso, la autoridad no lo interpretó así, y en dicho sentido fue un tanto injusta luego del pirotécnico despliegue de afición de Luis David en Aguascalientes, su tierra.

A veces resulta lógico que, en una monumental de esta categoría, que hoy lució la mejor entrada de todas, con más del 90 por ciento del aforo cubierto, no se conceda una oreja pedida por unanimidad cuando la estocada es caída o defectuosa. Pero lo cierto es que Adame ejecutó un valeroso espadazo al encuentro, de buena colocación, por lo que no había explicación alguna para negarle la oreja pedida con insistencia por la mayoría.

Porque no sólo el torero merecía cortar esa oreja in extremis tras una actuación tan completa -quizá no tan capaz en cuanto a su faceta lidiadora se refiere- pero sí de una sincera conexión con la gente, que acabó por entregarle su cariño en una aclamada vuelta al ruedo, el premio más democrático que existe en el toreo. Pero bien hubiese valido la pena sentir que puntuaba, que todo ese esfuerzo tenía una recompensa más que merecida, al margen de cualquier otra cosa.

A tenor de lo ocurrido, cabe mencionar que hace un par de años, Luis David había encontrado un saludable equilibrio entre el toreo y el espectáculo, pues comenzó a prodigarse con el capote, a torear mejor y hacer más suertes; a cubrir el tercio de banderillas y clavar con facultades; a tratar de que sus faenas no se vinieran abajo y mantuvieran un fondo de buen toreo.

Sin embargo, en sus dos actuaciones de esta feria, sobre todo en la de hoy, da la impresión de que se encuentra desesperado por triunfar sin poner ningún reparo a los medios para conseguirlo, siguiendo aquella vieja máxima de Maquiavelo cuando escribió, en su famosa obra "El Príncipe", eso de que "el fin justifica los medios".

El primer toro de su lote, "Guantero" de nombre, fue un toro encastado, nada fácil, pero con un fondo de bravura tan representativo de la ganadería de Los Encinos, que no terminó de sacar todo lo que llevaba dentro, posiblemente debido a los procedimientos nada refinados de Luis David, que fue inconsistente en los toques y la altura de la muleta; la distancia para reponerse; el ritmo y temple de los muletazos… Y todo eso acabó por impedirle fundirse con el toro como él ha demostrado en otras ocasiones, para dar paso a una lidia frenética de principio a fin, que acabó por volver loco a "Guantero", mas no al público, que siempre vio con mucho agrado todo cuanto hizo el torero acalitano.

Se agradece, por supuesto, haber sacado a flote una tarde que no levantaba el vuelo, y con su espectacularidad aportarle a la corrida es toque festivo que tanta gente anhelaba. Pero también se echó en falta lo otro, más que nada con "Guantero", porque la lidia del sexto, al que tocó mucho los lados con el capote en las zapopinas, terminó sin ritmo, topando y complicándole el acabado de los muletazos, de los que muchos fueron a la trágala.

De su amplio repertorio capotero de hoy, cabe destacar el difícil quite de "La crinolina", creación de Eliseo "El Charro" Gómez, que hace exactamente 30 años, en la corrida goyesca de Madrid del inolvidable 2 de mayo de 1996, rescató del baúl del olvido José Miguel Arroyo "Joselito".

Ya tendrá tiempo Luis David de reflexionar al respecto de todo lo sucedido y el curso que le dará a una sólida carrera, marcada por el pundonor y el profesionalismo, pero hoy sin el rumbo técnico necesario para encauzar todo ese cúmulo de actitud y acompañarlo de aptitud, para tratar de conseguir el triunfo toreando bien, que es la manera en que el triunfo adquiere su real dimensión y proyecta a un torero.

Fermín Espinosa "Armillita" hizo una primera faena de mucha cabeza a un toro alto y un poco basto. Desde que se abrió de capote con dos largas cambiadas en las tablas de limpia ejecución, el menor de la dinastía enseñó su mentalización, la de un torero que pretende echar el tiempo atrás y que no se le escape el tren, en aras de ver si su carrera, a la que no le han llegado los triunfos en las tardes clave como la de hoy, consigue levantar el vuelo, aunque sea de manera tardía.

A su favor, hay que anotarle la claridad de ideas con la que estuvo delante del toro que abrió plaza, un ejemplar alto, un tanto basto de hechuras, que no acababa de definirse. Si a ello sumamos el viento que molestó, lo hecho por Fermín tuvo un matiz de entrega añadido, y de no haber ejecutado una estocada atravesada al primer viaje, hubiese cortado una merecida oreja, pues tumbó al de Los Encinos con una estocada en la que realizó la suerte con clasicismo.

Ese lote estuvo muy bien confeccionado, pues el cuarto era uno de los más bonitos de la corrida, un toro que tuvo nobleza extrema, pero al que le faltaba chispa. Por más que Fermín trató de aportar a su faena lo que le faltaba al toro, su estructurado y elegante trasteo no acabó por calentar al público, que vio con cierta indiferencia tan solventes trazos en los que recordó a sus mayores. Mató de tres cuartos de estocada en todo lo alto, luego de realizar la suerte con limpieza, y dejar en claro que en el toreo, muchas veces, como en la publicidad, “menos es más”. Aunque muchos no se hayan enterado.

Al final de la lidia Fermín estaba sumamente frustrado, y es comprensible porque hoy hizo cosas que tal vez no fueron valoradas del todo por ese sector feriante del público, que estaba más deseoso de dar rienda suelta a su júbilo con la escandalera que formó Luis David que con el toreo sobrio de Armillita. El público… ese ente siempre veleidoso cuyas reacciones, muchas veces, son totalmente inesperadas e incomprensibles, para bien o para mal.

El primer toro de David de Miranda, que hoy debutó en sustitución de Roca Rey, fue otro de los ejemplares más guapos de la corrida de Los Encinos, porque representaba a la perfección el fenotipo de una ganadería con sello propio. Y salió con un motor impresionante, arreando con fuerza al capote del onubense, embistiendo con la cara abajo y revolviéndose en cuanto perdía el capote de vista. Esos fueron los mejores y únicos momentos de gracia de De Miranda: un ligado y expresivo saludo a la verónica, que luego, por desgracia, cayó en el olvido.

Parece que el toro se lastimó en algún momento de la lidia y acabó embistiendo sin fuerza, pero con nobleza y voluntad, en una faena aseada y concisa que culminó de tres cuartos de estocada, un tanto contraria.

El quinto, como el primero, no era bonito de hechuras y de salida hizo cosas extrañas, pues primero le volteó la cara al caballo que montaba Daniel Morales y luego arremetió con fuerza en el peto en un buen puyazo en el que mostró más bravuconería que bravura.

El toro llegó arrollando con violencia a la muleta de David de Miranda, que no se afligió y trató de plantarle cara a ver si lo podía someter, lo que no sucedió porque el toro no tenía fondo alguno de nobleza y arrollaba con la cara alta sin dejarse someter de ninguna manera.

Al final de la tarde, cargada de vibración, y a pesar de que el palco de la autoridad le negó la oreja a Luis David la gente se quedó en los tendidos como a la espera de algo más, ese eterno "algo más" que siempre nos promete un espectáculo dotado de un carácter tan especial, que se alimenta de incertidumbre y emoción, la que no faltó, precisamente, durante aquella lidia en la que se escucharon gritos de "¡torero, torero!" en distintos instantes, un agradable bálsamo para Luis David ante el enorme despliegue de actitud que, eso no cabe duda, dejó al público con ganas de volver a verlo.

Ficha
Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Séptima corrida de feria. Casi lleno (14 mil 723 personas), en tarde calurosa. Toros de Los Encinos, bien presentados, desiguales de hechuras y juego variado, de los que destacó el 3o. por su bravura. Pesos: 544, 520, 540, 530, 514 y 530 kilos. Fermín Espinosa "Armillita IV" (berenjena y oro): Ovación en su lote. David de Miranda, que sustituía a Roca Rey (sangre de toro y oro): Silencio en lote. Luis David (azul rey y oro): División tras aviso y vuelta tras fuerte petición. Incidencias: Sobresalieron en banderillas Jonathan Prado y el aspirante Alberto Cervantes, que saludaron una ovación en el 1o. y en varas, Daniel Morales, que picó bien al 5o., incomprendido por el público. Antes de comenzar el paseíllo se tocó el Himno Nacional.


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