La capacidad y un puñado de buenos naturales de Álvaro Serrano emergieron de entre el saldo de novillos de distintas ganaderías, impropio de la plaza de Las Ventas, con que se compuso este viernes, 1 de mayo, el primer festejo de la denominada feria de la Comunidad de Madrid, en la que resultó herido de gravedad el banderillero Raúl Ruiz.
El subalterno madrileño fue atendido de una cornada en el muslo derecho, ocasionada al banderillear al sexto y que a punto estuvo de no ser la única, pues tanto Serrano como Joel Ramírez, los dos novilleros que hacían su presentación en la monumental, así como Daniel López, habían resultado prendidos antes, aparentemente sin mayores consecuencias, en la suerte de matar.
Y todo durante la lidia de seis utreros de otras tantas ganaderías que pastan en la Comunidad de Madrid, casi todas ellas sin apenas presencia en festejos de relevancia y a las que los representantes del Gobierno regional en la plaza de Las Ventas quisieron dar una oportunidad que, como era de esperar, casi ninguna de ellas pudo aprovechar.
Básicamente porque, dejando incluso aparte la escasa o fea presencia de la mayoría, casi todos también acusaron un claro descastamiento, manseando en varas o huyendo directamente rajados en el último tercio, como fue el caso del de Caras Blancas de Carpio, un terciado ejemplar que hizo honor con su pelo al nombre de la divisa, y el de los famosos hosteleros hermanos Sandoval.
Con todo, los tres últimos de la tarde ofrecieron más opciones de triunfo a una terna también netamente madrileña, como un cuarto de Toros de Ayuso (del empresario Rafael Ayuso), que fue el de más cuajo y al que Daniel López no acabó de entender su apagada nobleza, y un sexto con que Joel Ramírez, aun con momentos de buen tono, no acertó a aplicar la necesaria suavidad en los cites que el novillo que hirió a su banderillero requería para desplazarse tras el engaño.
Lo mejor, una vez que López no pudo sacar más de la nobleza sin potencia del "domecq" de Guerrero y Carpintero y de que Ramírez no pudiera pasar de voluntarioso con el rajadísimo de Sandoval, llegó de la mano de Álvaro Serrano, en tanto que el novillero de Navas del Rey ya fue el único que logró sacar algo en claro, con dos enfibradas tandas de derechazos, del cariblanco que resulto ser el otro manso descarado de la tarde.
Después de que, tras ser volteado al caerse en la cara al salir de la estocada, se le pidiera la oreja de ese con mucha generosidad, lo realmente importante de la actuación de Serrano llegaría con el quinto, un fino ejemplar de Ángel Luis Peña que sacó cierta clase en sus embestidas tras mansear en varas, gracias sobre todo a la buena lidia del propio matador y de la brega de su banderillero Jesús Aguado.
Fue de mitad de faena en adelante cuando el novillero acertó definitivamente a darle al utrero los tiempos suficientes para que tomara con más entrega su muleta, lo que se tradujo en dos excelentes manojos de redondeados y templados naturales que, ahora sí, le hubieran valido un más que justificado trofeo de no haber vuelto a fallar con la espada, aun a costa de otra dura voltereta.