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Cuando el toreo aprieta...

Sábado, 25 Abr 2026    CDMX    Antonio Casanueva | Foto: Archivo   
"...No es nuevo. Las épocas de transición suelen apretar..."
El toreo está en un momento distinto. Con la retirada de Enrique Ponce y Julián López "El Juli" parecía que Andrés Roca Rey se quedaría solo en la cima del toreo mundial. Pero el resurgimiento de José Antonio Morante de la Puebla, recreando suertes antiguas, ajustándose más que nunca, toreando con una lentitud, temple y estética inimaginables, ha obligado a todos los demás a intentar reinventarse para poder seguir vigentes. En especial a Andrés Roca Rey que desde el año pasado ha buscado superarse para, dentro de su propio concepto, poder estar a la altura de lo que el genio de la Puebla estaba consiguiendo.

En Sevilla, después de dos tardes de antología y una faena magistral en la que Morante toreó por gaoneras lentas, de mucha exposición, el lunes 20 de abril recibió una cornada fuerte. Roca Rey, que había cortado una oreja en cada una de sus primeras tardes, llegó a la exigente corrida de Victoriano del Río con ese peso encima. Se situó en terrenos comprometidos. Y al entrar a matar, el toro lo prendió. Las dos principales figuras heridas por asta de toro.

No es nuevo. Las épocas de transición suelen apretar. También las de rivalidad. El toreo no crece sin cobrar algo a cambio. Hubo una en que todo eso se juntó y el precio fue alto: la llamada Edad de Plata del toreo.

Joselito "El Gallo" murió en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920. La conmoción fue inmediata. Guerrita, al escribirle a Rafael Gómez "El Gallo", lo dijo impresionado: "¡Se acabaron los toros!". Belmonte también impactado, se fue de los ruedos.

El público no bajó el tono. Al contrario. Pedía más. Añoraba lo que había visto con Joselito y con Juan. Aquellos dos habían llevado el toreo a terrenos que no eran habituales: Gallito por su dominio, Belmonte por su manera de quedarse quieto donde nadie lo hacía. Sin ellos —y sin Gaona, que se había vuelto a México—, las corridas perdieron tirón. Y los empresarios, para atraer a la afición, hicieron crecer al toro. Más serio. Más difícil.

La mezcla empezó a pasar factura. El público exigía. El toro crecía. Todavía se lloraba a Gallito cuando, el 4 de julio de 1920, en Lunel, un toro mató a Agustín García Malla.

Dos años después, en Sevilla se vio otra escena. A Manuel Varé "Varelito"  lo llevaban a la enfermería y, antes de entrar, se volvió hacia el tendido: "¡Ea, ya me la pegó, ya estaréis contentos!". La cornada fue el 21 de abril de 1922. Murió semanas después, el 13 de mayo.

Luego vinieron más. Ernesto Pastor, en Madrid, en 1921. Manuel Granero, también en Madrid, en 1922. Manuel Báez "Litri", en Málaga, en 1927. Curro Puya, en Madrid, en 1931. Entre 1920 y 1940 murieron once matadores de toros, cincuenta y dos novilleros, treinta y un banderilleros y nueve picadores.

De estas muertes, la de Manuel Granero es la más recordada. La escena empieza en el lecho de muerte de su compañero Varelito, quien, tras ser herido, fue trasladado a su casa, a donde acudieron varios compañeros. Entre ellos, Manuel Granero: "Anda, hombre, que tienes que ponerte bien, que tenemos que volver a torear juntos". "Qué más quisiera yo, Manuel. Yo estoy muy mal y me voy a morir…", le contestó Varelito. Granero respondió: "¿Tú te vas a morir? Pues mira, que a lo mejor me muero yo antes"..

El 7 de mayo de 1922, seis días antes de la muerte de Varelito, en Madrid, el toro Pocapena, de Veragua, hirió de muerte a Manuel Granero.

Cuando el nivel sube, la historia se repite de otra forma. No igual, pero con la misma tensión. Con las heridas de Morante y Roca Rey, otros buscarán sitio. Ya ha pasado antes. Y cuando el toreo llega ahí, vuelve a apretar.


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