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El centro que define la tauromaquia

Miércoles, 22 Abr 2026    ZAC, Zac.    Jaime Cortés | Especial   
"...hay lugares que no sólo albergan a la Fiesta, la definen..."
La tauromaquia en México, como tantas de sus expresiones culturales, no puede entenderse sin mirar hacia el centro. Porque no es sólo un punto en el mapa, sino el lugar donde, con el tiempo, las historias adquieren peso y permanencia en la memoria colectiva de la gente.

En un país marcado por una profunda tradición centralista, la vida cultural ha tendido a concentrar en la capital aquello que considera significativo. Ahí, los hechos dejan de ser episodios para convertirse en memoria. La tauromaquia ha seguido ese mismo rumbo, haciendo de la Plaza México algo más que un recinto: un punto de referencia.

Por eso, su cierre no es únicamente la ausencia de una plaza. Es la pausa de un espacio donde durante décadas se han definido trayectorias y se han fijado los momentos que sostienen la historia taurina del país.

Basta mirar atrás. Los grandes episodios del toreo mexicano no solo importan por lo que ocurrió en el ruedo, sino por el lugar donde ocurrieron. Hay plazas donde se torea, y hay otras donde lo vivido permanece.

Pensar, por ejemplo, en el caso de Rodolfo Rodríguez  "El Pana" es inevitable. Su figura encontró en la Plaza México un eco que difícilmente habría tenido la misma profundidad en otro escenario. Algo similar ocurrió con Manolo Martínez: su grandeza no se entiende del todo sin ese espacio donde los triunfos se vuelven parte de la memoria colectiva.

En ese mismo mapa taurino, es indispensable reconocer lo que representa Aguascalientes. La Feria Nacional de San Marcos no sólo ha consolidado uno de los seriales más importantes del mundo, sino que ha logrado sostener, con seriedad y continuidad, una afición viva y exigente. Su aportación a la tauromaquia mexicana es incuestionable.

Sin embargo, será el tiempo quien determine si el triunfo en su plaza alcanza a representar, por sí mismo, ese punto de consolidación en la trayectoria de las nuevas figuras. Porque esos lugares no se sustituyen de inmediato: se construyen con años, con tardes que se repiten en la memoria.

Tal vez el futuro abra paso a nuevos equilibrios. Pero mientras eso ocurre, conviene no perder de vista lo esencial: hay lugares que no sólo albergan a la Fiesta, la definen. Y cuando esos lugares se apagan, no sólo se pierde un espacio: se debilita la memoria que sostiene a la propia tauromaquia.


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