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El comentario de Juan Antonio de Labra

Jueves, 27 Jul 2023    CDMX    Juan Antonio de Labra | Opinión      
"...el toro embiste a lo que intuye que se trata de un depredador..."
La espeluznante cogida de Andrés Roca Rey en Santander recuerda las que el torero peruano sufría con frecuencia hace algunos años, en aquella época en que su inmenso valor superaba con creces sus escasos registros técnicos, cuando estaba construyendo los cimientos de su ambiciosa ascensión a la cumbre del toreo. 

En uno de los videos que circulan en las redes sociales, se aprecia con de detalle que Roca Rey está situado a un metro de la raya de adentro, y cita de frente al toro "Almibarado", dándole demasiadas ventajas; es decir, no está colocado al hilo de las tablas y se encuentra claramente “atravesado” en el viaje del toro de Antonio Bañuelos.

Por otra parte, parece que el interior de la muleta también le juega una mala pasada a Andrés, pues en el momento de dar un tardío segundo toque para intentar someter al toro con los vuelos, "Almibarado" pierde de vista el engaño y se fija más en el leve movimiento de zapatillas del torero, cuando éste abre ligeramente el compás y es ahí cuando el toro lo "centra" y se lo echa a los lomos de manera violenta.

La "Teoría del depredador", expuesta por Pancho Miguel Aguirre en su interesante libro titulado "Embestida, ni al rojo ni al movimiento", da pie para realizar un breve y significativo análisis de un percance que, afortunadamente, no le pasó una factura más cara a Roca Rey.

Dice la norma repetida hace tantos años, que el toro embiste a lo que se mueve, y por eso, si el torero se queda quieto y sólo mueve la tela, a ella es a la que el toro acude. Sin embargo, la hipótesis de la "Teoría del depredador" explica que el toro embiste a lo que intuye que se trata de un depredador; o sea, el torero, lo que tiene delante y lo está provocando en lo que se denomina como la "zona de espanto".

Y lo hace para defenderse, pues responde a la "agresión" atacando humillado, cubriéndose el pecho, como lo hacen los animales que tienen cuernos, y de esa fascinante inercia combativa se desprende toda la técnica del toreo, en el caso del primer muletazo de Roca Rey, aplicada de manera errónea.

En este trance, resulta curioso observar otra manifestación del sólido valor de Roca Rey: nunca arrojó la muleta a la arena, muy a la manera de José Tomás, sino que permaneció con ella todo el tiempo en la mano derecha hasta que la soltó con un imperceptible gesto de resignación, una vez que ya estaba sentado en el estribo aprisionado entre los pitones del toro.

Por fortuna, Roca Rey lo pude contar, pero su inteligencia debe exigirle que no abuse de esos excesos de confianza que, a estas alturas de su carrera, ya son innecesarios. Porque su objetivo más importante es que utilice su impresionante valor para torear cada día mejor, más despacio, que es lo que está buscando desde hace un par de temporadas. Y a través de ello siga expresando su verdadero sentimiento torero.


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