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Disney y la búsqueda de la moral perfecta

"...no es la primera vez que Disney intenta suavizar su contenido..."

En enero del 2021 la plataforma Disney+ bloqueó el acceso a niños menores de 7 años a los clásicos animados "Dumbo", "Peter Pan" y "Los Aristogatos". Ya antes habían censurado películas populares como "El libro de la selva" o "La dama y el vagabundo".

Además de las restricciones de edad, Disney incluye un alerta en donde avisa que ese contenido incluye "representaciones negativas o tratamiento inapropiado de personas o culturas. Estos estereotipos eran incorrectos entonces y lo son ahora".

No es la primera vez que Disney intenta suavizar su contenido para que sea aceptado por la sensibilidad actual. Por ejemplo cuando publicaron en la plataforma digital la película "Splash", que en los años ochenta catapultó a la fama a Tom Hanks y Daryl Hannah.

La historia recreaba el clásico cuento "La Sirenita", pero en el mundo contemporáneo. Los que, en la adolescencia vimos la película original, recordamos una escena en la que la rubia corre hacia la orilla del mar completamente desnuda. En la versión on-line aparece un cuadrado de píxeles que distorsionan el cuerpo de la actriz. De esta forma, la película está a salvo del ojo vigilante de lo que parece ser una estricta moral.

La polémica se ha extendido a otras caricaturas. "Pepe Le Pew", el zorrito de dibujos animados de la Warner Bros y Looney Tunes que representa a un seductor francés, hoy es acusado de violador. Dicen que Speedy González contribuye a provocar pensamientos racistas sobre los mexicanos y los Picapiedra a normalizar estereotipos machistas.

La censura también ha atacado a la literatura. En el 2011 una editorial norteamericana de Louisville editó las novelas de Mark Twain "Las aventuras de Huckleberry Finn" y "Las aventuras de Tom Sawyer", eliminando palabras que se consideran despectivas como nigger (negro). En Europa hay grupos de padres angustiados que piden eliminar de las bibliotecas clásicos como "La cenicienta" o "El soldadito de plomo" para evitar que ocasionen traumas incurables a sus frágiles vástagos.

En este mundo donde reina la corrección política, la híper sensibilidad y una mentalidad puritana que está en búsqueda de una moral perfecta, ¿tienen cabida espectáculos en donde se muestra la crudeza de la vida y la muerte como las corridas de toros? ¿Qué futuro tienen actividades en donde se presenta la realidades tal y como es, donde hay sangre y muerte como en la tauromaquia?

Dice Irene Vallejo que no por eliminar de los libros (o del cine) todo lo que nos parezca inapropiado salvaremos a los jóvenes de las malas ideas: "Al contrario, los volveremos incapaces de reconocerlas". Para la escritora norteamericana Flannery O Connor quien "solo lee libros edificantes está siguiendo un camino seguro, pero un camino sin esperanza, porque le falta coraje. Si alguna vez por azar leyera una buena novela, sabría muy bien que le está sucediendo algo".  

Irene Vallejo complementa: "Sentir cierta incomodidad es parte de la experiencia de leer un libro, hay mucha más pedagogía en la inquietud que en el alivio. Podemos hacer pasar por el quirófano a toda la literatura del pasado para someterla a una cirugía estética, pero entonces dejará de explicarnos el mundo".

La censura que pretende Disney, el ocultar la realidad o la prohibición de las corridas de toros nos adentrará a una camino en donde los jóvenes abandonen la lectura, el arte, que dejen de soñar con aventuras y se olviden de la búsqueda de la verdad y de la belleza.






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