La empresa “Zacatecas, Tierra de Toros” tuvo la magnífica idea de confeccionar un mano a mano entre dos toreros mexicanos jóvenes con mucho futuro: Arturo Macías y Joselito Adame; los dos hidrocálidos, y ahora rivales, porque seguramente, tras este enfrentamiento, hablarán menos fuera de la plaza y más con capotes, muletas y espadas, que es con lo que verdaderamente tienen que hablar los toreros cuando están delante del toro.
Y desde la víspera se percibió con mayor fuerza una rivalidad que fue creciendo conforme pasaban las semanas y no se ponían de acuerdo acerca de la procedencia del ganado a lidiar.
La corrida de San Isidro que fue anunciada al final no vino, con todo lo que implicó en los corrillos taurinos su salida del cartel, y quién sabe si hubiera embestido mejor que la de Pepe Garfias, cuya ausencia de casta puso las cosas muy cuesta arriba a los dos alternantes.
Si la cosa ya se venía calentando días antes, el vaso se llenó otro poquito la víspera, cuando estaban invitados los dos toreros a torear en la finca zacatecana de Boquilla del Carmen.
Grande fue la sorpresa de Arturo Macías cuando le notificaron, vestido ya de corto, que Joselito estaba enfermo y que no iba a tentar las becerras y los novillos que el ganadero Manuel Sescosse había dispuesto para este aperitivo taurino de lo que sería el mano a mano de hoy.
Y mientras Arturo se esforzaba delante de tantos invitados, y le hacía una entonadísima faena a uno de los bravos novillos que se probaron para sementales, Joselito tiritaba de fiebre en una de las habitaciones de la casa.
La gotita que derramó el vaso de esta creciente rivalidad se vivió durante el sorteo, cuando Juan Carlos Sánchez, el representante de Arturo Macías, dijo que quería hacer una aclaración al respecto de la fiebre y la gripa de Joselito.
Aquello no venía a cuento para fines prácticos, y hasta reglamentarios, pues Joselito sí iba a torear y se había inyectado tres dosis de antibióticos, pero sí que sirvió para calentar aún más los ánimos de los colaboradores de unos y otros.
Y el resquemor de Macías explotó cuando Joselito salió tardíamente a anunciar un toro de regalo a la mitad de la faena de Arturo Macías con el primer sobrero de Boquilla del Carmen, hecho que le molestó sobremanera y se encaró sin contemplaciones.
Sin embargo, ese otro regalo in extremis, permitió que el público terminara de disfrutar una tarde de entrega absoluta por parte de los dos toreros, que no escatimaron esfuerzo alguno por triunfar.
Los estilos de ambos se complementaron en actuaciones con estilos bien diferenciados. Y si Macías se dejó vivo al toro que abrió plaza, y fue pitado de manera injusta, fue porque dos estocadas enteras, con travesía no le hicieron nada al de Pepe Garfias.
En cambio, de un pinchazo se echó el primer toro de Joselito Adame en medio del descontento del público que, nada más comenzar la corrida, empezaba a cabrearse por el mal comportamiento de los toros.
Macías buscó hacerle faena al tercero y al quinto, dos toros mansos de solemnidad que se escupían de la muleta. Le ayudó la forma en que mató al castaño de bonita lámina, tercero de su lote, al que recetó una estocada aguantando para cortarle una oreja merecida e igualar el resultado. Y dejó para el recuerdo un quitazo por gaoneras, uno de los momentos más toreros de su actuación.
Porque Joselito estuvo muy centrado con el segundo toro de su lote, que fue el único toro manejable de Pepe Garfias, al que hizo una faena académica, sobria y estructurada que rubricó de una buena estocada para cosechar un apéndice.
Este toro le echó mano de fea manera, levantándolo por la parte trasera del muslo izquierdo, y por un momento se mascó la cornada, pues cabe mencionar que, sin tener mucha cara, la corrida lució unas puntas de mucho respeto.
Los dos toros de regalo salvaron el entusiasmo de un público aguantador y noble, que se entregó a rabiar a la faena de Arturo ante un ejemplar de Boquilla del Carmen alegre al que sujetó con inteligencia en una faena dinámica y recia, de mucho aguante, en la que se reponía hacía adelante para obligar al toro a volver.
Y como el de Boquilla se movía, Arturo aprovechó esta condición para torearlo a placer en medio de la algarabía colectiva. En el primer viaje con la espada se fue en banda, sufriendo un fuerte golpe, pues el toro le pegó de llenó en el embroque, y al segundo viaje colocó una estocada entera que causó los efectos requeridos. Así le tumbó las dos peludas al toro y, al final de la corrida, se convirtió en el triunfador numérico del festejo.
Joselito Adame estuvo a un tris de irse por delante con el octavo, un toro bravo y emotivo al que toreó muy bien desde el capote y banderilleó con emoción. El trazo limpió y cadencioso de sus muletazos, y la seguridad con la que pisó la arena, fue una muestra fehaciente de que avanza y madura conforme pasa el tiempo.
Un pinchazo previo a la excelente estocada le arrebató una segunda oreja, pero no la felicidad de compartir la salida a hombros con Arturo Macías. Los dos gallos de Aguascalientes dejaron en alto el nombre de esa tierra, que en los últimos años está dando tan buenos toreros. ¿Dónde será el próximo agarrón?
Séptimo y último festejo de feria. Dos tercios de entrada en tarde agradable. 6 toros de Pepe Garfias, disparejos en presentación, descastados en general. Y dos de regalo de Boquilla del Carmen, de los que sobresalió el 8o. por su bravura. Pesos: 512, 510, 511, 480, 490, 509, 454 y 454 kilos. Arturo Macías (palo de rosa y plata): Pitos tras tres avisos, palmas, oreja y dos orejes en el de regalo. Joselito Adame (rosa y oro): División, oreja, silencio y oreja. Destacó en banderillas Gustavo Campos, que saludó en el 5o. y en varas Juan Cobos e Isabel Prado. Al sobresaliente José Manuel Montes le permitieron hacer un par de quites. Macías dio una vuelta al ruedo con el ganadero Manuel Sescosse tras la muerte del 7o. Al finalizar el paseíllo se entregó la "Batuta de Plata" a Salvador García y Ortega, director de la Banda del Estado de Zacatecas, por sus 50 años de carrera.