Sí, ese dicho taurino renovó su vigencia infinita la tarde de hoy en Arroyo, ya que Adrián Padilla tenía en sus manos un triunfo importante dada la labor tan destacada que realizó, pero perdió todo por sus fallos con el acero, aunque lo que no se borra es la huella tan interesante que ha dejado este muchacho.
Para su fortuna, Padilla sorteó el mejor novillo del encierro de Huichapan, un astado que, desde sus hechuras, daba la impresión que podía funcionar. El leonés lo recibió con bellos lances a la verónica, para después realizar un quite por gaoneras y meter en un puño a la afición del coso tlalpense.
De forma inteligente inició su faena doblándose, ahormando aún más las claras embestidas del novillo. Y así, conjuntados toro y torero, Adrián se dio gusto corriendo la mano por ambos lados; aunque consiguió grandes derechazos, los mejores momentos fueron al natural, pues los trazos fueron largos y siempre templados.
Un par de veces se metió en problemas pues se atracó de toro, pero son fallas normales por su inexperiencia, errores que borró gracias a momentos de inspiración en los que se abandonó, como un bello cambio de mano de por delante.
Padilla remató su labor con una serie de ajustadas manoletinas. Después del pinchazo, intentó desmancharlo toreando por bernardinas, ante la aceptación de un público que perdió la sonrisa después de la segunda falla con el acero.
Tal fue la sensación que brindó este chaval que, aún después de dos avisos, la afición le obligó materialmente a dar la vuelta al ruedo, mientras que el novillo recibió un arrastre lento muy merecido. La oreja la tenía ganada a ley, e incluso, bien pudo haber paseado las dos.
Luis Conrado no tuvo suerte con el primero de su lote, un novillo astifino y bien rematado que tenía un recorrido muy corto y pronto desarrolló sentido, por lo que no pasó de estar decoroso. Por ello, regaló al que hizo quinto de la tarde, de Caparica, con el que realizó una buena labor aunque sin lograr explotar.
A este lo recibió con un farol en el centro del ruedo y ligó tres recortes de rodillas que no tuvieron mayor eco. Después hizo un quite combinado: primero una chicuelina, luego una tafallera y finalmente una gaonera, rematando con la revolera.
Su faena de muleta parecía tomar vuelo, pues el novillo se dejaba y las dos primeras tandas con la derecha le salieron pintaditas a un Conrado que, en un primer momento, dejó de lado el tremendismo e intentó torear largo y por bajo. Pero decíamos, su faena, buena a secas, no alcanzó a explotar debido a que no llega a cuajar su toreo, y es entonces cuando el torero acortó distancias y se llevó una voltereta tremenda.
Sin mirarse la ropa se levantó y terminó toreando por alto. Al tirarse a matar y en un arrebato, soltó la muleta para enfilarse sobre el morillo, lo que le valió pinchar y llevarse otra voltereta. Al segundo intentó dejó una gran estocada y, ante la petición, paseó una oreja.
Miguel Alejandro abrió plaza con un novillo manejable, pero al que le costaba repetir las embestidas, por lo que había que ser paciente para esperarlo y saber rematar tras el tercer o cuarto pase, pues el burel tendía a colarse un poquitín. El de León supo hacerlo bien y le extrajo naturales de magnifica factura que calaron muy hondo en el tendido.
Lástima grande que la faena, tal y como le sucediera a Conrado, jamás llegó a su punto de ebullición, pero Alejandro siempre fue aseado y cuidando todos los detalles, intentando hacer bien el toreo y demostrando cabeza delante de los pitones.
La soberbia estocada con la que terminó con la vida del novillo fue clave para la concesión de un trofeo que le hacía mucha falta a este torero para justificar, con cuatro, ser el novillero con más actuaciones en esta temporada de Arroyo.
El potosino Carlos Rodríguez volvió a mostrar que es un torero de clase, y como generalmente en ellos, no tan poderoso. El novillo que le correspondió no fue sencillo, ya que aunque llegó con fuerza al tercer tercio, no completaba el recorrido y por momentos, sobre todo cuando se le quería torear por la derecha, parecía salirse de la suerte cuando apenas entraba en ella.
Carlos lo intentó, e incluso pegó un par de naturales bellísimos y algunos detalles de mucho arte, pero a decir verdad no tenía mucha tela de donde cortar. Quizá hubiera sido conducente doblarse con el astado, pero Carlos prefirió darle otra lidia y lo hizo bien, pues aunque terminó de un bajonazo, el público lo sacó al tercio.
Buena e interesante fue esta novena tarde de toros en Arroyo, serial que ya se acerca a su final, pues se anunciaron diez festejos.
Novena novillada en la Plaza Arroyo, que registró tres cuartos de entrada. 4 novillos de Huichapan, bien presentados y de juego desigual, sobresaliendo el cuarto, que mereció arrastre lento. 1 de Caparica, de regalo, manejable. Pesos: 376, 424, 412, 392 y 420 kilos. Miguel Alejandro (celeste y oro): Oreja. Luis Conrado (fiucsa y azabache): Ovación y oreja en el de regalo. Carlos Rodríguez (rosa y oro): Ovación. Adrián Padilla (lila y oro con remates negros): Vuelta tras dos avisos. Destacaron en banderillas Fernando García y Sergio González, que se desmonteraron por sendos pares en el primer y tercer novillo, respectivamente