Opinión: El Payo y su evocación de Arruza
Viernes, 04 Dic 2015
México, D.F.
Redacción | Foto: Sergio Hidalgo
Carlos Pavón nos hace ver su sentir sobre la actuación del queretano
El escritor Carlos Hernández "Pavón" nos comparte una opinión acerca de la sólida actuación de Octavio García "El Payo" en la Plaza México, donde al final de una tarde nada fácil no se dejó sacar a hombros y prefirió quedarse con la satisfacción del deber cumplido.
Aquí está la carta de Pavón:
Tengo 81 años y el domingo pasado, 29 de noviembre de 2015, decidí que cuando toree este torero volveré a los tendidos de la Plaza México; no solo eso, cuando me convenza de que el nuevo gerente de la plaza está decidido a que la materia prima de la fiesta consista en toros, volveré a ejercer mi derecho de apartado, el que sólo he conservado con la esperanza de que algún torero indispensable se parezca a los grandes de mi época: Manolete, Arruza, Silverio, Garza y por qué no, otros un poco posteriores a estos.
Dicen que el Alzheimer afecta sobre todo los recuerdos más recientes pero en la mente del enfermo prevalecen los anteriores, los más antiguos. Me parece que esto me ocurre a mí, porque El Payo me ha hecho recordar con el sexto del pasado domingo, a Carlos Arruza, torero por excelencia dominador, pero lo que no saben de él los aficionados y los columnistas del presente (que sólo conceptúan a aquel fenómeno como un portento de facultades físicas) es que Carlos cuando se encastaba, ya sea porque algún alternante se le iba por delante o porque el injusto público de entonces lo llamaba gachupín; cuando se encendía del valor que tuvieron los más valientes de la historia, perdía la cabeza ante su propio celo profesional y entonces lo cogían los toros para matarlo como ocurrió con ese sexto de Barralva con El Payo. Bien decía Jorge Aguilar "El Ranchero" sobre Carlos Arruza: "A Carlos le importa madre que lo mate un toro".
Ya lo dijo Rafael Cué en su brillante columna y Luis Ramón Carazo en la suya, y agregan además la enorme vergüenza torera del queretano de no aceptar la salida a hombros tan solo porque un sector del desesperante y estúpido público de hoy, no supo aquilatar su heroica labor. Vaya cojones de torero que no se prestó a que mercenarios costaleros lo levantaran a hombros y llevarlo por la puerta grande tan solo por zalameros elogios que los mexhincados –de los que habla el implacable Leonardo Páez– vierten cuando un gachupín vendedor de cuentos se la cree y se las hace creer.
Payo: Ese es el camino de los que nacieron para fenómenos".
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