Opinión: La propuesta del "toro crudo"
Viernes, 21 Ago 2015
México, D.F.
Redacción | Foto: Archivo
¿Podría haber corridas sin puya, banderillas y estoque?
El escritor tlaxcalteca Carlos Hernández "Pavón" nos comparte su opinión acerca de las acciones abolicionistas de la fiesta de los toros, así como la controversial propuesta de que los toros pudieran llegar a lidiarse "crudos"; es decir, sin sangre, como lo explica en el siguiente texto:
Fragmento de La Ley Antitaurina promulgada en 2010 en Cataluña: "Las corridas de toros y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las "suertes" de la pica, las banderillas y el estoque (1) así como los espectáculos taurinos de cualquier modalidad que se celebren en las plazas de toros o fuera de ellas, salvo las fiestas con toros a que se refiere la letra b) del segundo apartado del artículo 6".
Así se prohibieron las corridas de toros en Cataluña, pero se siguen celebrando los correbous, incluyendo actos como el bou embolat, en que se colocan a un toro dos bolas de fuego en sus astas mientras se le persigue y golpea por las calles, ya que en 2010 el Parlamento de Cataluña, en total incongruencia aprobó una moción de reconocimiento y protección a estos festejos.
Esencia del reglamento antitaurino en Canarias: "Se prohíbe la utilización de animales en peleas, fiestas, espectáculos y otras actividades que conlleven maltrato, crueldad o sufrimiento".
Esencia del reglamento antitaurino en el Estado de Sonora México: "Quedan prohibidas las corridas con toros novillos y becerros, así como las de rejoneo".
Sabemos que existen muchas personalidades como Francisco Umbral, José Saramago, Eduard Punset, José Ferrater Mora, Jesús Mosterín, Salvador Pániker, Jorge Wagensberg y un larguísimo etcétera, se han opuesto a las corridas de toros, entre otras razones por considerarlas contrarias a la más mínima sensibilidad y civismo. Algunos de ellos han preferido la exaltación del toro como animal libre en su medio natural o, por lo menos, el quitar los elementos del festejo destinados a herir, torturar o matar al animal.
Por otra parte, los defensores del toreo afirman que el toro de lidia no existiría en esta época actual si no fuera por las corridas de toros. Por su parte los antitaurinos afirman que los toros bravos no existen porque existan las corridas, sino al contrario, que las corridas existen porque los toros bravos ya existían.
Esto último, el autor del artículo lo considera cierto, si bien matizado, ya que el toro y su sacrificio están históricamente relacionados desde tiempo inmemorial en las diversas civilizaciones. (Leer "La Pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo", José Alameda 1980).
Tanto el texto de las reglamentaciones promulgadas, como las opiniones de pensadores y escritores antitaurinos, son claras y contundentes al especificar en cuanto a que –para ellos– lo abominable de las corridas, es exactamente todo tipo de herida, incluso mortal que se le cause al toro durante su lidia.
Un científico de la Universidad Complutense de Madrid llamado Carlos Illera del Portal, ha demostrado, después de largos y profundos estudios que el toro no sufre durante su lidia porque libera –por su estado de estrés– una hormona llamada betaendorfina que sirve al toro de lidia para bloquear los receptores del dolor provocado por las heridas durante su lidia. (Yo no lo he comprobado porque ni soy científico ni soy toro).
El caso es que quien deteste ver las heridas y muerte del toro, está en su legítimo derecho y eso hay que respetarlo.
Éstos seguramente no se oponen –y a lo mejor aprueban y gustan– de oír los pasodobles, disfrutar de todo el colorido, lo bello y elegante que rodea a la celebración de una corrida: los claveles, el olor a puro, el arte bordado del vestuario y desde luego ver torear, lisa y llanamente ver torear.
Créanme que estoy rodeado de muchas de estas personas –no antitaurinas– pero aficionados potenciales y puedo sustentarlo.
Si los taurinos aguzan su taurinismo, además de defender la fiesta brava y responder a los brutos que violentamente se exhiben contra ésta (ya se ha encargado el matador Sebastián
Castella, de elevar una seria y sustentada protesta contra ellos), convocarían a las autoridades legislativas a un diálogo maduro y plantearían –en las ciudades en donde ya han quedado prohibidos los toros– la celebración de corridas y novilladas incruentas.
Figuras del toreo actuales de la talla de Julián López "El Juli" y en el pasado toreros tan grandes como Manolete, Carlos Arruza, Manolo Dos Santos. Jorge Aguilar “El Ranchero” y otros no menos importantes, han lidiado en Lisboa toros semi-crudos o sin picar.
En las novilladas sin picadores, muchachos, algunos casi niños, lidian, sin ser picados, utreros entre 430 a 450 kilos, animales que tantas veces en México pasan como toros.
¿Qué han hecho los taurinos o tratado de hacer en Barcelona, en Canarias, en Sonora, en Bogotá, en Galicia, en Quito, en Caracas y en tantos otras ciudades en donde se han prohibido las corridas de toros ?
¿Podrían empresarios y actores taurinos, respaldados por un abogado, y con suficiente sustento jurídico-taurino organizar corridas en estas poblaciones?
¿Se atreverá algún torero a torear en Barcelona y en el resto de las ciudades mencionadas toros enteramente crudos o sin picar y no matarlos como en las corridas tradicionales? Los que quieren que vuelvan a celebrarse corridas tradicionales están en la posición de todo o nada, lo cual es un error por lo que la respuesta sería: nada.
Sepan toreros y aficionados que los ganaderos (al menos unos cuantos y yo) sí aceptaríamos lidiar nuestros toros en forma totalmente incruenta.Y repito mi sentencia: La crianza del toro bravo (pase lo que pase) a pesar de que las autoridades coarten la libertad del ciudadano, perdurará y será eterna.
Quienes tengan interés en debatir o comentar sobre esta opinión, pueden dirigirse al siguiente correo electrónico: torocrudo@hotmail.com.
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