Del clasicismo a la heterodoxia (video)
Domingo, 23 Nov 2014
México, D.F.
Juan Antonio de Labra | Foto: Sergio Hidalgo
Perera y los Armilla, durante la ceremonia de confirmación
La presentación en La México de Fermín Espinosa Díaz de León, el bisnieto del fundador de la ilustre dinastía de los Armillita, demostró que lo suyo va en serio y no sólo su ilustre apodo, sino que su esperanzadora carrera viene a sumarse a la lista de toreros jóvenes mexicanos de esta nueva generación que está cargada de buenas sorpresas.
Y una de ellas fue ratificar lo que ya habíamos visto al joven Fermín el día de su reciente alternativa en Aguascalientes, apenas el pasado 1 de noviembre, de tal suerte que ahora sí consiguió estar fino con la espada y cortó la primera oreja de su carrera en el escalafón mayor.
Fue el triunfador del festejo, al que también se sumó su padrino, Miguel Ángel Perera, que luego de una valientísima actuación con el cuarto de la tarde, se animó a regalar un sobrero de Vistahermosa, ganadería distinta a la del hierro titular, y fue capaz de realizar una faena que terminó siendo heterodoxa, lo que llevó esta corrida, la quinta de la Temporada Grande, del clasicismo más puro de Fermín a ese trasteo original y distinto del extremeño, que terminó saliendo a hombros.
Hubiera sido bonito ver a ambos abandonar la plaza en volandas, pero el sexto ejemplar se partió un pitón cuando tocaron a muerte y el torero más bisoño del cartel se vio obligado a abreviar, habiendo vivido hoy las dos caras de la moneda al haber enfrentado al mejor toro de la corrida, el de la ceremonia de confirmación, y luego el afrontar la adversidad que supuso ese accidente del toro que quedó inútil para el resto de la lidia.
Porque los lances de inicio al toro que abrió el festejo sirvieron para que la gente pudiera admirar la calidad de este torero nacido en Aguascalientes en abril de 1994. Y si desistió de hacer un quite fue para que el de Bernaldo de Quirós llegara con más fuelle a la muleta.
Despacio, con una técnica depurada, y haciendo muy bien las cosas, el nieto del maestro Fermín realizó una faena sobria y estructurada, en la que brilló el toreo en redondo y también los ayudados, ahí cuando el viento quería jugarle una mala pasada y él asentó las zapatillas en la arena para correr la mano intercalando el estoque simulado en la tela.
El sensible público de La México aquilató las series de muletazos por ambos lados, con un toro que tuvo calidad en las embestidas. Y tras una estocada despaciosa, en la que hizo la suerte con pureza, cortó la oreja en cuestión, esa que dedicó a su abuelo en un brindis al cielo.
La ilusión de volverlo a ver queda al descubierto, ya que ahora, tras su entonada actuación de hoy en la capital, el nombre de Fermín Espinosa "Armillita" lucirá nuevamente su estirpe en los carteles de toros, cuarenta años después de que su padre se doctoró en Aguascalientes un 23 de noviembre de 1974, y que la tarde de hoy fungió como testigo de honor en la confirmación del doctorado de su hijo, un torero que tiene la onza.
A la par de la emoción que supone el surgimiento de un torero de dinastía, brilló con luz propia la solvencia técnica, el valor y el sitio que tiene Miguel Ángel Perera en la mejor temporada de su vida.
Si no pudo hacer casi nada con el primer toro de su lote, que fue protestado por su falta de cara, con el complicado cuarto se jugó la voltereta en reiteradas ocasiones y acabó haciendo una faena de muchos redaños e infinidad de recursos, muy en la cuerda de la tauromaquia que en los ochentas puso en boga el revolucionario Paco Ojeda.
Metido entre los pitones del de Bernaldo de Quirós, el extremeño lo obligó a pasar una y otra vez ejerciendo su cuerpo como un poste imaginario alrededor del que se enroscó las embestidas del toro.
Y si esta faena temeraria, de un valor extraordinario, fue la chispa que encendió a la gente, con el sobrero de regalo también rayó a gran nivel en un trasteo que contó con un magnífico quite por caleserinas, anclando en los medios, jugando los brazos con mucha soltura.
En ese mismo son trazó una faena que tuvo un par de series de excelente trazo y largueza, y ya cuando el toro prefirió rajarse a seguir embistiendo al a poderosa muleta de Perera, éste le dio los adentros y en las tablas le hizo cosas diferentes, como fue torear sin espada, de "ida y vuelta", arropado por la algarabía de un público entregado a esta faceta mostrada por Miguel Ángel.
A la hora de matar colocó una estocada entera, un tanto desprendida, muy similar a las que ejecutó en los toros anteriores, pero eso no fue impedimento para que le concedieran dos orejas –entre algunas protestas de un sector del público– y dio una vuelta al ruedo aclamada, feliz, luego de haber saboreado un nuevo triunfo. Todavía se echa en falta que le salga un toro bravo y emotivo, pues hoy echó mano de oficio y recursos para salir avante del compromiso.
En medio de la frescura que supuso la primera faena de Fermín Espinosa, y la versatilidad de Perera, también destacó la enjundia de El Payo, que dejó constancia de su carácter en los dos toros de su lote y también en otro ejemplar de regalo, de la divisa de Barralva.
El queretano toreo muy bien con el capote al tercero de la tarde, que parecía iba a acabar yendo a más. Y luego le hizo una faena recia, enjundiosa, cerca de la puerta de toriles, en la que sobresalió su colocación entre los pases.
El colorado hornero que se lidió en quinto lugar no fue fácil, y hasta en dos ocasiones se echó a los lomos a Octavio, afortunadamente sin consecuencias, a lo largo de un trasteo desigual en el
que por momentos se vio un tanto embarullado.
Y al de regalo lo recibió con una escalofriante larga cambiada de rodillas en los medios, un gesto que agradeció la gente, que estuvo alentándolo en todo momento.
Al final, este toro parece que se lastimó yo llegó muy mermado de fuerza a la muleta del queretano, que se vio obligado a abreviar en una tarde de contrastes, de buen toreo, y de destalles que quedan ya inscritos en la historia de la monumental, en la que hoy, el apodo de Armillita, volvió a relucir con ese donaire tan torero y tan especial de esta famosa dinastía.
Ficha México, D.F.- Plaza México. Quinta corrida de la Temporada Grande. Unas 17 mil personas en tarde espléndida. Seis toros de
Bernaldo de Quirós, desiguales en presentación y hechuras, el 2o. protestado por su falta de cara, de los que sólo destacó el 1o. por su calidad. Uno de
Vistahermosa (7o., sobrero de regalo), manejable, y otro más de
Barralva (8o., sobrero de regalo), que se lastimó y fue muy débil. Pesos: 502, 485, 480, 520, 521, 490, 485 y 493 kilos.
Miguel Ángel Perera (tabaco y oro): Palmas, ovación y dos orejas con algunas protestas en el de regalo.
Octavio García "El Payo" (lila y azabache): Ovación, palmas y silencio en el de regalo.
Fermín Espinosa "Armillita" (blanco y oro): Oreja y silencio. Incidencias:
Fermín confirmó con el toro "Pata Negra", número 5015, cárdeno, con 502 kilos. Destacaron en banderillas
Alejandro Prado, que saludó, y
Juan Sierra, de la cuadrilla de
Perera, que además lidió con temple. Y en varas,
Efrén Acosta, que picó con mucha soltura y tino al 8o.
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