Fandiño le planta cara al bueno y al malo
Jueves, 10 Oct 2013
Zaragoza, España
Juan Antonio de Labra | Foto: Archivo
El torero del País Vasco dio la cara en la Feria de Zaragoza
La actuación de Iván Fandiño del día de hoy en Zaragoza fue un ejemplo de raza torera; de entrega absoluta con un lote sumamente exigente compuesto por dos toros de muy distinta condición: el primero, del hierro de Toros de Parladé, que fue encastado; y el otro, el sexto, de Núñez del Cuvillo, que le pidió el carné.
En medio de ambos ejemplares puso Fandiño su entrega y facultades físicas de fondo, en una especie de reto al final de temporada en una plaza donde es preciso dar la cara sin ningún miramiento.
Si esta tarde el torero de Orduña no conquistó la puerta grande fue por sus fallos a espadas, en una corrida de la que pudo haber salido con tres orejas en la espuerta. Debió lamentarse Iván de este hecho, pero quizá se marchó contento de saberse capaz de remontar la cuesta arriba del día de hoy en Zaragoza.
El comportamiento del tercer toro de la tarde, de nombre "Duermevela", fue interesantísimo, ya que en banderillas hizo un amago de dolerse y luego debió "pensar" que debía crecerse al castigo para venirse arriba como los bravos, y terminó embistiendo como una locomotora a la muleta de Iván Fandiño, que obligó al torero a estar muy alerta.
Y vaya que pasaba con fuerza, rebosándose, con un tranco de miedo, y esos dos pitones negros, desafiantes, un tanto "alacranados", que imponían mucho respeto. Si por momentos la faena no tuvo demasiada finura, lo que resulta comprensible con un toro de esta condición tan temperamental, sí que tuvo cojones y emoción, esa emoción tan radiante que deslumbra cuando proviene de un toro que se mueve con bravura y busca la muleta donde se la pongan.
Las series de redondos y, más tarde de naturales, fueron coreadas con mucha comunión por un público sabedor de que no cabía la duda, y que si el torero se equivocaba podía pagarlo muy caro.
En eso radicó la vibración de la faena que no fue demasiado depurada; y si por momentos Fandiño llegó a contagiarse de esa crispación que provoca el peligro latente, también es cierto que todo lo que hizo estuvo plagado de autenticidad. Por eso el público captó lo que veía, mientras "Duermevela", un toro de casi seis años de edad, iba y venía, sin parar, por el anchuroso carril de la bravura.
Los solemnes pases de pecho y demás adornos dieron cohesión a una faena de torero macho, en una demostración contundente de que torear es, por encima de cualquier cosa, enseñar una actitud de convicción y encauzar ese caudal de bravura que no siempre brilla con tanta intensidad en este incomparable espectáculo.
A diferencia de este trasteo, que mantuvo un tono más impetuoso por parte del toro, el otro fue de "toma y daca", con un ejemplar, el sexto, que era una prenda y desde el comienzo de la faena anunció que iba a ser duro de pelar.
Pero Fandiño no se arredró cuando vio que le habían puesto banderillas negras a ese manso rabioso que hizo sexto. Por el contrario. Una vez más se afanó en agradar con una gran honradez profesión y, literalmente, se lo zumbó en otra faena muy recia que también le llegó al público.
Porque en cada palmo del trasteo se palpaba la voltereta, que no sobrevino por el oficio que tiene Fandiño para llevar a los toros muy tapados y que sólo les deja opción de ver la muleta. Al final, lo mácula fue, como ya quedó consignado, que hoy no le dio resultado ese tranquillo tan suyo que tiene para entrar a matar y malogró con los aceros su encomiable esfuerzo.
Juan José Padilla revolucionó al público en el toro que abrió plaza, un ejemplar colorado que fue muy definido y mantuvo un tono de bravura de principio a fin. El jerezano lo toreó bien y con variedad de capote, mientras que con la muleta realizó una faena entre algunos altibajos, sobre todo cuando probó la embestida por el pitón izquierdo.
La dificultad de poderle al toro radicaba en provocarlo desde el primer cite de cada serie y quedarse siempre muy bien colocado, en el sitio, para ligar los muletazos que el Cuvillo tomaba obedeciendo los toques. La gente trató con mucho cariño a Juan José, y se notó más ese evocador afecto cuando cubrió el tercio de banderillas, mismo que cubrió con arrojo. El cuarto fue un manso de libro con el que Padilla apenas y pudo lucir, viéndose obligado a abreviar.
El Cid sorteó un primer toro que no era fácil, pues punteaba con la cara alta, y estuvo aseado sin más cuando se percató que por el pitón izquierdo cortaba mucho el viaje. En el quinto, que presentó más facilidades, el de Salteras estuvo más entonado pero sin llegar a romperse por completo ante un toro al que mató con facilidad y colocó la única estocada que se ejecutó al primer intento a lo largo de la tarde.
Seguramente que el nombre de este "Duermevela", de Toros de Parladé, quedará inscrito en uno de los mosaicos blancos, que están en la plaza afuera de la oficina de la empresa, como el toro más bravo de la feria de este año en Zaragoza, una ciudad donde el viento no sólo arremete con violencia en las calles, sino también, en ocasiones, con se desata con ese talante de vendaval que tiene la bravura cuando aparece desnuda de cualquier adjetivo.
Ficha Zaragoza, España.- Plaza “La Misericordia”. Cuarto festejo de feria. Dos tercios de entrada en tarde agradable. Cuatro toros de
Núñez del Cuvillo y dos de
Toros de Parladé (3o. y 4o., como sobrero sustituto), desiguales en presentación y hechuras, de los que destacaron 1o. y 3o. por su bravura, éste tuvo una gran boyantía y fue premiado con vuelta al ruedo. Pesos: 509, 499, 488, 497, 497 y 481 kilos.
Juan José Padilla (gris acero y oro con remates negros): Ovación tras aviso y silencio tras aviso.
Manuel Jesús “El Cid” (burdeos y azabache): Silencio y silencio tras aviso.
Iván Fandiño (champaña y oro): Vuelta y palmas tras dos avisos. Al finalizar el paseíllo se rindió un homenaje al banderillero
Roberto Bermejo, recientemente retirado, por su brillante y trayectoria. El toro de vuelta al ruedo se llamó “Duermevela”, número 84, negro bragado, con 488 kilos, nacido en diciembre del año 2007. Sobresalió en banderillas
Alcalareño, de la cuadrilla de
El Cid.
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