La temporada taurina española está por terminar, apenas restan una docena de festejos en un puñado de plazas que servirán de epílogo de nueve meses de actividad en los que la máquina taurómaca se movió en menor medida que en años anteriores, salvo, claro está, los infatigables meses estivales en los que “se dieron toros en todas partes”.
En esa lógica, la Feria del Otoño en Madrid es una suerte de punto final anual que con un aire de fin de curso convoca a toreros y ganaderos dispuestos a que el sprint final consolide sus carreras y prestigio.
El ciclo de este año arrancó con una interesante novillada de El Ventorrillo celebrada el día 3, el tramo de los festejos mayores, es decir de las corridas de toros, comenzaron el viernes 4, con un interesante festejo del que sacamos en limpio varios temas trascendentes.
En primer lugar la categoría y seriedad del espectáculo resultado de la correcta presentación de los astados que con los hierros de Victoriano del Río y Cortés fueron lidiados en el ruedo de Las Ventas.
Notable por su aspecto y comportamiento fue el cuarto de la tarde de nombre "Berbenero" con la divisa de Victoriano del Río, posibilitó una estupenda faena de Manuel Jesús “El Cid” que lo toreó a regusto en especial con la mano izquierda con la que instrumentó los que, con diferencia, fueron los mejores muletazos de la tarde.
Enjundiosos pases cargados de clase y torería, series iniciadas con tersos muletazos por alto, rematadas con poderosos ayudados por bajo en unos casos o largos forzados de pecho en otros. Tras pinchar en dos ocasiones El Cid cobró una deslucida estocada con la que perdió las dos orejas y con ellas la posibilidad de salir por la puerta grande; sin embargo, dio una vuelta al ruedo entre las ovaciones de sus no pocos simpatizantes capitalinos.
El coleta vasco Iván Fandiño remató su campaña madrileña con otro triunfo producto de su incontestable valor y entrega, le cortó una oreja al tercero de la tarde, al que le plantó cara con la firmeza indispensable para que el astado termine entregándose al poder de su muleta, manejada con acierto en especial al torear por la derecha, fueron cinco las series de muletazos por ese pitón en un trasteo que fue de menos a más, en equivalencia con el comportamiento de su oponente. La estocada trasera no obstó para que el público reclamara el premio finalmente concedido.
Por delante fue el joven colombiano Sebastián Ritter que tomó la alternativa, acusando, claro está, la falta de recorrido con el toro con aspecto y dificultades; pese a ello exhibió valor en sus dos enemigos y un interesante concepto taurino, en especial con la res del doctorado a la que trasteó con acierto al usar la muleta por el costado izquierdo.
El lapso de seis festejos otoñales cuenta con una interesante nómina de coletas suramericanos que se suman al ya mencionado Ritter, el caso de los mexicanos Joselito Adame y Sergio Flores, y el colombiano Luis Bolívar.
La caída del telón de la campaña europea dará lugar a que la industria taurina salte el charco para poner en escena las importantes ferias de los países iberoamericanos.