Desde el barrio: Un año después
Martes, 11 Jun 2013
Madrid, España
Paco Aguado | Opinión
La columna de este martes
Ahora sí, un año después las cosas han salido mejor. Ha tenido que pasar un año desde aquella de 2012, la feria de San Isidro con más mexicanos de la historia, para que esa nueva generación de toreros aztecas se pudiera reivindicar, ante España y ante México, en el escenario que les da más credibilidad.
Pero en el toreo no hay casualidades. Ese año más con el que todos han llegado a Madrid, como les sucede a los vinos, les ha dado cuajo y solera, la experiencia y la madurez necesarias para, ahora sí, aprovechar de verdad la oportunidad. Era el momento.
Joselito Adame, el que se le ha ido por delante a todos sus compañeros de generación, ya tenía todo eso. Se vio en la feria de Abril del pasado año, cuando triunfó por esa suficiente experiencia para dar el paso.
Sin que le contrataran entonces en San Isidro, ha tenido Joselito que esperar también ese año más para, como era de esperar, aprovechar la ocasión de demostrar al mundo en el palenque más sonado que está preparado para funcionar.
Sus armas, como apuntó las dos tardes madrileñas, son su propia actitud y una cabeza muy despierta, una inteligencia natural que le sirve para llenar plaza con torería y variedad, para remontar incluso los altibajos de sus propias faenas y mantener siempre pendientes a los públicos. Una virtud impagable para un torero.
Semanas antes había abierto el fuego Diego Silveti bajo el contundente granizo de una tormenta de primavera. Su forma de saber estar ante la cara del toro, sin ceder ante los elementos, fue toda una declaración de intenciones, una manea de decir al toreo que su dinastía, pasado el tiempo, sigue siendo de pura esencia mexicana.
Y nueve días después, ya saben, le tocó turno orejero a Arturo Saldívar, que salió embutido en una faja ortopédica que frenaba los dolores de una fisura de costillas pero no esa pletórica ambición que se refleja en su "mirada de tigre", como le adivinó el maestro Joselito el día de su triunfo en Valencia, al lado de José Tomás.
Tiene garra este Saldívar, y un valor natural que le coloca entre las máximas esperanzas también aquí, a este conflictivo lado del Atlántico. Y ahora, un año después, también atesora mucho más oficio para concretar el éxito, como sucedió ante las pocas virtudes que tuvo el toro desorejado de El Ventorrillo.
Y, aunque no tocaran pelo, que nadie dejé atrás a Sergio Flores y a Juan Pablo Sánchez. Al primero le costó el hule querer seguir la rueda de sus compatriotas, pero hasta entonces había hecho un toreo hondo y de clase, de largo trazo, que le avala por sí mismo como otro de los serios candidatos al liderazgo.
En cuanto a Sánchez, si su tarde se la llevó de calle, por experiencia y listeza, su paisano Adame, no conviene perder de vista a quien tiene, más allá de las evidencias o de tardes disipadas, la mejor muleta de toda su generación. Sólo que este sí que va un año por detrás.
Es decir, que México cumplió las expectativas en Madrid. Ninguno de los cinco jóvenes logró romper la maldición de los cuarenta años sin Puerta Grande azteca, pero sí que han frenado ya esa larga racha sin orejas que se estancó en Zotoluco. Y, como un paso más, incluso lograron para su país la excepción normativa de una tarde con dos mexicanos en el cartel.
No está todo hecho todavía, pero sí que se ha dado un paso adelante. Estos triunfos y el buen tono generalizado que les ha hecho destacar por encima de una gran mayoría de europeos sirven de momento para que esta nueva e ilusionante generación se gane una vez la credibilidad de la afición de su tierra.
En España, en cambio, aún habrá que esperar. Seguro que ninguno de los triunfadores va a torear aquí esta temporada tanto como se ha ganado en la plaza. Pero no serán los únicos.
Que nadie desde México vea en esta situación mayores injusticias ni agravios comparativos, ni mucho menos atisbos de xenofobia donde sólo hay una crisis económica y una rutina empresarial que reducen festejos y puestos en los carteles. Incluso para los jóvenes toreros españoles que ha triunfado tanto o más que los mexicanos.
La injusticia es para todos. Los de acá y los de allá. Y si no lo creen, pregúntenle a Antonio Nazaré. Sin ir más lejos.
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