Sendos triunfos... ¡in extremis!        

El Juli y Sergio Flores compartieron la salida a hombros

En la desparecida plaza "El Progreso" de Guadalajara existía una costumbre muy popular entre los chiquillos que no tenían dinero para pagarse un boleto y entrar a los toros: esperaban pacientemente hasta el final de la corrida y, cuando tocaban a muerte en el sexto toro, se metían al coso en el momento en que se abrían las puertas. A aquello le decían entrar "al pichón".

Y a veces ocurría el milagro esperado: el tercer espada del cartel cuajaba un toro con ese sabor tan especial de los triunfos al final de una corrida, y aquellos entusiastas y juveniles espectadores salían toreando de la plaza con la misma alegría de quienes habían presenciado el festejo completo.

Si hoy nos hubieran dicho que los triunfos de El Juli y Sergio Flores llegarían de una manera tan tardía, en los toros que regalaron, lo suyo hubiese haber entrado a la plaza "al pichón" para acabar viendo, gratis, esos triunfos que sucedieron in extremis, y así habernos ahorrado el terrible tedio de la falta de casta de los toros de Teófilo Gómez.

Porque llegó un momento en que el público, que ya estaba al borde de la desesperación, luego del interminable desfile de mansos, y alguno que otro toro sin trapío, terminó batiendo las palmas. El olé sonoro y rotundo de La México volvió a escucharse. Por fortuna.

Pero tuvieron que aparecer por toriles dos sobreros de distintas ganaderías (Bernaldo de Quirós y Santa María de Xalpa) para que la gente despertara de aquel prolongado letargo durante el cual los toreros se habían visto obligados a hacer un gran esfuerzo por agradar al público sin conseguirlo.

Menos mal se les ocurrió regalar aquellos ejemplares que cerraron la función, pues de otro modo el enfado de la gente hubiese sido mayúsculo. Y la verdad, no se lo merece. Así que la lección quedó clara: no es bueno estirar tanto la liga. ¿Cuándo lo entenderán?

A Julián debió parecerle raro haber visto tanto cemento en el tendido, pues hoy toreó con la peor asistencia de público de su carrera como matador en este escenario. Sin embargo, y fiel a su costumbre, estuvo sumamente esforzado con ese ejemplar de Bernaldo de Quirós corrido en séptimo lugar recordó al impetuoso novillero de la temporada 1997, con el consiguiente entusiasmo que tanto agradó al público en su día.

El madrileño se entregó toda la tarde, sin duda, pero especialmente con ese sobrero al que recibió con una larga cambiada de rodillas y luego le arrojó la montera al hocico para incitarlo a embestir en el quite por zapopinas. Más tarde sólo le faltó coger los palos para que, efectivamente, esa actitud enjundiosa y carismática nos trasladara de regreso al pasado hasta su primera época en México. Buenos recuerdos, sin duda.

El toro tuvo bravura y clase y, a pesar de que parecía tener una dolencia en una mano, se desplazó con calidad en una faena interesante por el acabado de las series de naturales que ejecutó el madrileño. 

Templado y torero, El Juli le dejó media muleta muerta por la arena y tiró del toro con suavidad en muletazos que calaron hondo en el tendido. Y ya con la gente entregada se prodigó en cambios de mano y otros adornos que compusieron un trasteo coronado de una estocada eficaz que le valió el corte de dos orejas.

Sergio Flores estuvo empeñoso con el segundo toro, que fue protestado de salida, y aunque no lo dejaron del todo hacer su faena, alcanzó a bosquejar pasajes de buen nivel.

Nada pasó después con los otros dos toros de su lote (el sexto devuelto por su falta de trapío), hasta que saltó a la arena el de Santa María de Xalpa, de encaste Domecq, cuya presencia en la arena agradó a la gente. Y a partir de ese instante, todo cuanto hizo el de Tlaxcala se lo agradecieron con creces, pues salió a arrear, toreando bien de capote a la verónica. El quite que ejecutó resultó vistoso y, minutos después, realizó una faena intensa y recia en la que toreó con largueza y expresión.

A la hora de matar se fue derecho detrás de la espada y colocó una estocada entera, de efectos un tanto lentos, que acabó poniéndole en las manos dos orejas que le permitieron salir a hombros al lado de Julián. Y al final, todos contentos.

Este nuevo triunfo de Sergio viene a ratificar su paso ascendente en la Fiesta mexicana, y el enorme deseo de convertirse en figura del toreo. Desde esta plaza se ha proyectado gracias a su tesón, al empeño de ser fiel a su profesión, y a esas ganas de forjarse un futuro como persona y como torero. Ojalá que la empresa de la Plaza México lo apoye para torear en España. Porque llegó su momento.

Ficha
Ciudad de México.- Plaza México. Decimosegunda corrida de la Temporada Grande. Poco menos de media entrada (unas 19 mil personas en tarde soleada y agradable. Cinco toros de Teófilo Gómez, desiguales en presentación (el 2o. y 6o., protestados por su falta de trapío; éste último fue devuelto), dóciles, descastados y flojos en general, salvo el 2o. que tuvo mejores condiciones. Dos de Bernaldo de Quirós (6o. bis, sobrero sustituto y 7o., como regalo), deslucido uno y otro con clase y transmisión. Y uno más de Santa María de Xalpa (9o. como regalo), manejable. Pesos: 532, 495, 501, 524, 542, 542, 549 y 559 kilos. Julián López "El Juli" (sangre de toro y oro): Silencio, leves pitos, silencio y dos orejas en el de regalo. Sergio Flores (grana y oro): Silencio en su lote y dos orejas en el de regalo. Incidencias: El activista antitaurino Peter Janssen se tiró al ruedo a la muerte del primer toro y fue sujetado por el personal de la plaza para entregarlo a las autoridades de la Delegación Benito Juárez. Destacó en banderillas Cristhian Sánchez, que saludó en el 7o.






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