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El comentario de Juan Antonio de Labra  

"...Así que parece un tanto exagerada la idea de haber indultado..."

Un nuevo indulto se suma a la larga lista de la Plaza México. Se trata del número 35, que en este caso corresponde al toro "Tocayo", de la ganadería de La Joya, al que Antonio Ferrera cuajó una faena que cautivó al público que acudió a la corrida el domingo pasado.

Resulta curioso apuntar que, de todos los indultos de dicha lista, los últimos cinco han tenido lugar en un lapso de dos años. Y si hacemos una sencilla división entre los 74 años de historia del coso de Insurgentes y el número de indultos concedidos en todo este tiempo, el promedio sería de dos por año.

Así que parece un tanto exagerada la idea de haber indultado cinco toros en un breve lapso de tiempo, comprendido entre el 11 de febrero de 2018 y el 9 de febrero de este 2020. El primero fue "Copo de Nieve", de Reyes Huerta; después vino "Fantasma", de Enrique Fraga, y también "Gaspar", de rejones, de Vistahermosa; una semana más tarde llegó "Siglo y Medio", de Piedras Negras y, finalmente, el referido "Tocayo", de La Joya.

Esa operación aritmética nos deja con el doble de indultos que debería haber por año según las cifras históricas, lo que parece un tanto desmedido si volvemos la vista atrás y analizamos con detalle los acontecimientos en torno a un asunto que siempre va a generar controversia.

Porque hubo épocas en que los indultos escaseaban, sobre todo la comprendida entre 1986 y 1994, en que no se le perdonó la vida a ningún toro desde "Samurai", de Begoña, a "Zalamero”, de Manolo Martínez.

Y hubo otras en que abundaron los indultos, como fue desde finales de los setentas a los primeros años ochenta, en que un total de seis toros volvieron a los toriles, desde "Saltillero", de Campo Alegre, en 1978, a "Notario", de San Martín, en 1982.

¿Y pensar que en los casi 90 años que tiene la plaza de Las Ventas de Madrid solamente ha sido indultado el toro "Belador", de Victorino Martín, por Ortega Cano, el 19 de julio de 1982?

En La México es distinto, y qué bueno que así sea. Es preferible ser exigente, y no intransigente; pero exigente en todo lo que cabe para una plaza de primera categoría, e indultar a los toros auténticamente bravos, como "Tocayo".

No hay que olvidar que la amplia repercusión mediática de la Plaza México, con la transmisión de televisión de por medio, a veces suele influir en otros escenarios, y no sería recomendable, por tanto, que esta conducta se propague por la provincia con un talante triunfalista, que se anteponga al valor de los triunfos legítimos. Y de eso, solamente son responsables los jueces de plaza.

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