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El comentario de Juan Antonio de Labra  

...De la plaza "La Taurina" conservo otros muchos recuerdos...

La primera vez que acudí a la plaza "La Taurina" de Huamantla fue el 16 de agosto de 1987. Recuerdo la fecha con exactitud porque en aquella ocasión me desempeñé como taquillero, por extraño que parezca. Se trataba de una novillada en la que toreaban Antonio Vega, Jorge de Jesús "El Glison" y Alejandro Silveti, con ejemplares de La Providencia.

Fue la única vez que tuve tal encomienda por petición del propio Vega, al que acompañaba a torear todas las tientas a la que lo invitaban. Y como él estaba a cargo de la organización del festejo, me pidió ayuda para vender boletos, lo que se tradujo en una curiosa experiencia.

Cuando sonó el clarín me trasladé al callejón para cumplir con otro trabajo: el de fotógrafo. Quién me iba a decir que fue en esa novillada cuando percibí el primer dinero que gané en los toros. Me lo pagó el generoso Quino Leal, que apoderaba a Silveti. Me dijo que le tomara fotos a su torero y que se las entregara al siguiente domingo, pues íbamos a coincidir en otra novillada en Aguascalientes.

También recuerdo un hecho singular de aquella tarde huamantleca: El Glison cogió las banderillas y las partió para clavar un par de cortas a un ejemplar negro lucero, al que cuarteó con arrojo luego de haber citado sentado en una silla. Después de consumada la suerte, el novillo se volvió sobre las manos con agilidad y alargó la gaita buscando al temerario Glison, que saltó la barrera.

Este hecho no tendría nada de particular si no hubiera sido porque el novillo de La Providencia saltó detrás del torero, persiguiéndolo hasta el callejón… ¡y así se repitió la misma historia dos veces más en los dos siguientes pares de banderillas!... aunque parezca increíble. No creo que vuelva a ver algo igual.

De la plaza "La Taurina" conservo otros muchos recuerdos agradables o riesgosos, como aquel de 1993, cuando tuvimos que salir por piernas antes del comienzo de una corrida porque el techo de la plaza se vino abajo tras una impresionante tormenta.

O aquel otro de un becerro de Montecristo al que toreé muy a gusto con la zurda y que me pegó una fuerte voltereta en el momento de entrar a matar en un festival de 1998. Y también una ocasión en que estaba transmitiendo en vivo una corrida a través de este portal cuando un toro de Rancho Seco nos cayó encima a mí y a Charly Flores, causándonos diversos golpes.

De cada plaza uno va acumulando recuerdos tan intensos o bonitos como éstos, pero también aquellos de las grandes faenas que nos han regalado los toreros con el paso del tiempo, o de los toros bravos que se nos han quedado en la cabeza. Y entonces se crea un vínculo especial con cada escenario taurino.

Ahora toca turno de ir a homenajear a "La Taurina" en su centenario, que se celebra el próximo martes 14 de agosto por la noche, con su peculiar "Corrida de Las Luces". Ahí estaremos nuevamente, con la misma ilusión que aquella primera vez hace más de tres décadas.






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