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Tauromaquia: Manolo Martínez en España

"...La crítica continuó tratando al de Monterrey con muchas..."

"Nunca un torero mexicano llegó a España precedido de una publicidad semejante a la de Manolo Martínez, que se presenta hoy en Toledo, en la tradicional corrida de Corpus, alternando con Antonio Ordóñez y Paco Camino en un cartel de primera magnitud". (Esto, 5 de junio de 1969. Columna "Con la puntilla… del lapicero", de Juan de Marchena). 

Su homónimo Manolo Chopera le había firmado al de Monterrey una exclusiva por un mínimo de 25 corridas, a muy buen dinero y como primera toma de contacto con el ambiente taurino español. Que la campaña arrancara en Toledo hablaba de una estrategia en que Madrid y Sevilla se dejaban para el año siguiente, bajo la suposición de que el "Mejicano de Oro" –como se le anunció– estaba llamado a encajar perfectamente en el curso normal no de una sino de muchas temporadas europeas.  

Ahora bien, ¿en que se basaba el hombre fuerte de una de las más poderosas e  influyentes casas empresariales de España para apostar por un mexicano que, a sus 23 años, se había erigido en mandón absoluto de la Fiesta de su país, existiendo antecedentes de franco desdén hacia nuestros toreros por parte de los empresarios y de una crítica obsesivamente hispanocéntrica?  

Hay que suponer que en lo visto por Chopera a Manolo durante las correrías sudamericanas de sus poderdantes, entre los cuales se contaban nada menos que Paco Camino y Manuel Benítez "El Cordobés", a los que el regiomontano puso no pocas veces en serios predicamentos. En la feria de Quito de 1968, por ejemplo, barrió con todos los trofeos y con quien se le pusiera enfrente, así se tratara de Benítez –cuatro orejas les cortó a toros de Pedregal del Tambo y San Miguel de Mimiahuápam, (30–11–68) o del propio Camino, en una tarde, con astados de las mismas ganaderías, en la que Alfredo Leal cobró dos auriculares, dos y rabo el de Camas y cuatro y rabo Manolo (07–12–68).

Así las cosas, Manuel Chopera viajó a México en abril del 69 y no cejó hasta tener en el bolsillo la firma en exclusiva de Martínez para la inminente temporada española. Influyó, desde luego, su previa ruptura con El Cordobés, que en alianza con Palomo Linares había decidido emprender su recordada "guerrilla" por plazas menores, al no llegar a un arreglo con los empresarios de las grandes ferias –Chopera entre ellos–, puestos de acuerdo para no ceder a las pretensiones económicas del melenudo de Palma del Río. 

Preparación y declaraciones

Manolo había viajado a España con suficiente antelación, se metió en el campo bravo y despachó media docena de cuatreños a puerta cerrada, en ganaderías y en la plaza de toros de Salamanca. También concedió entrevistas, y cuando alguien le acercó un micrófono y lo presentó como un torero deseoso de convertirse en figura, razón de su interés por torear en España, Martínez lo atajó con su estilo cortante de norteño para aclararle que "el que es figura en México ya lo es en cualquier parte del mundo". Lo cual le ganó fama de engreído y le restó simpatías en los días previos al debut.

La tarde toledana

La corrida portuguesa de Cunhal Patricio era cómoda en todo sentido y resultó suave y pastueña, no en balde Manuel Chopera era famoso por su sagacidad. El que se despachó en grande con semejante materia prima fue Camino, que anduvo como "Pedro por su casa" y sumó cuatro orejas sin duda generosas. Manolo rivalizó con él en quites y se arrimó lo indecible a los dos toros de su lote, nobles también, aunque medidos de fuerza. 

Más ligada su primera faena, pinchó y sólo dio la vuelta al ruedo. Del sexto sí le dieron las dos orejas tras el alboroto que causó su ejecución de la regiomontana –malamente atribuida a Eloy Cavazos, siendo Martínez el autor–. Puede considerarse un afortunado debut, que hizo contraste con la displicente actuación del rondeño Ordóñez.

Ese cartel (Antonio Ordóñez–Paco Camino–Manolo Martínez) iba a repetirse a lo largo de dos meses en otras cuatro plazas: Granada, Santander –donde Martínez cortó el primero de sus cinco rabos en cosos españoles–, El Puerto de Santa María y Bilbao.   

Cañabate al ataque

La crónica de Antonio Díaz-Cañabate en el diario ABC refleja, sobre todo, las dimensiones de la publicidad armada por Chopera en torno a su tocayo de Monterrey, aunque fuese para llamarse enseguida a decepción. Para esto, el cronista madrileño se inventó un diálogo con un amigo cuya presencia lo tomó por sorpresa, pues suponía que no iba más a los toros. 

"¿Sabes a lo que he venido? Pues en busca de un Greco del toreo. Yo de pintura no entiendo nada, pero creo que El Greco era un pintor distinto a los demás… Pues a eso he venido a Toledo, a ver a ese mejicano del que tanto se habla como un Greco del toreo. Un torero distinto a los que aquí padecemos y que a mí me han apartado de los toros… Un torero que utilice los dos pases fundamentales, el natural y el redondo, no como los solos y exclusivos componentes de una faena, repetidos hasta la saciedad, sino intercalados en una faena variada, compuesta por otros pases… en una palabra, de la variedad indispensable para acomodar cada faena a la condición del toro. ¿Será este Greco Manolo Martínez, del que tanto se ha hablado?...

Supongo que Felipe, el viejo aficionado que fue a Toledo en busca de un Greco del toreo, estará a estas horas desilusionado. Manolo Martínez no es, si lo juzgamos por su actuación toledana, un torero distinto… Con el capote paró en unos lances que resultaron afectados, preocupado por llevar el lance hecho. Carentes de mando, se quedaron en apuntes. Inmediatamente la emprendió con las chicuelinas… ¡Venirse de tan lejos cargado de chicuelinas! Con la muleta empieza vacilante, tal vez por los explicables nervios, y luego se tranquiliza y obtiene varios redondos largos y de buen temple. Para amenizarlos volvió a agarrarse a las vueltas y a unos volantines con la muleta que no pasan de ser un adorno insignificante. Con la espada mal, sin decisión." (ABC, 6 de junio de 1969). 

Seis en tres

Al día siguiente la misma terna se presentó en Granada. Y allí, con ganado de Benítez Cubero, el mejicano de oro les dio un buen jabón a los dos maestros iberos, pues los únicos apéndices fueron para él, a oreja por toro. Y otras dos cortaría el inmediato domingo 7 en Plasencia,  a toros de Flores Cubero y alternando con Miguelín y Paquirri. Para empezar, seis orejas en tres tardes no estaba nada mal… ¿Qué sucedió después?

Sucedió que las 25 corridas se convertirían en 48. Sucedió que la crítica continuó tratando al de Monterrey con muchas reservas. Y cuando Vicente Zabala al fin cedió fue para alabar su valentía al permanecer delante de un artero burraco de Osborne que le acababa de pegar una fuerte cornada (Bilbao, 20–08–69). En total fueron tres los percances sufridos por Manolo –en Bilbao, Albacete y Cáceres–, muy grave éste, en una corrida que no estaba prevista y que Chopera le pidió que toreara para reforzar un cartel con toreros locales como cierre de su primera temporada española (29–09–69). Percances decisivos a la larga. 

La opinión de Alameda

Enviado especial a las primeras corridas de Martínez, José Alameda condensó así sus puntos de vista: "Por lo que hace a nuestra impresión sobre Manolo Martínez en España, la verdad es que funciona pero no arrolla… En estas corridas ni se han lidiado toros-toros, ni hay autoridades serias sino obsequiadores de apéndices, ni las plazas en las que ha actuado tienen una categoría decisiva…. Se eligió para la campaña de Manolo una línea de comodidad. Y si se coloca al torero en un marco limitado, no puede pretenderse después que los éxitos que logre tengan la máxima importancia… En este caso ha sobrado publicidad y faltado rigor. Creo que se les pasó la mano." (El Heraldo de México, 10, 11 y 14 de junio de 1969, respectivamente).       

De la debacle a la nada

Su segunda campaña –toreó en San Isidro pero no en Sevilla– fue un desastre tal que Manolo decidió cortarla de tajo tras un tarde negra en Bilbao. Y ya no volvería a España sino para un fallido mano a mano con Camino en Marbella, organizado por el mexicano Jaime de Haro con ganado flojo y chico de Carlos Núñez (20–10–74). Y, por último, para una única presentación en Sevilla, no menos frustrante (19–04–78), que le gestionó Manolo Chopera a cambio de las miles de dólares que le supusieron a Paco Camino sus temporadas mexicanas de los inviernos de 1976-77 y 77-78, con Querétaro como plaza eje y administrado todo por Pepe Chafik, el apoderado de Manolo.

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