Anecdotario de Giraldés: El brazo de palo

...cuidado con que alguien tuviera la ocurrencia de hacerle una...

El capitán Simón Aguilar fue durante muchos años el jefe de callejón, tanto en El Toreo de la colonia Condesa, como en la Plaza México. Tenía una enorme simpatía y su afición por la Fiesta era muy grande. Rara era la tarde en la que poco después de las seis, no aparecía por las calles de Bolívar con rumbo al Café Tupinamba… lógico, El Tupinamba, que era el centro de reunión de toreros, ganaderos, apoderados, periodistas, mozos de espadas, etc. En ese café convivía toda la "gente del toro".

El capitán Aguilar hablaba bien, pero bien de verdad de los temas relacionados con la Fiesta. Empezó a asistir a los festejos taurinos siendo muy joven; vio, primero como aficionado y, posteriormente, como autoridad de callejón, muchísimas corridas de toros y novilladas.

Peleó en la Revolución; fue zapatista. En una batalla resultó herido en el brazo izquierdo y tuvieron que amputárselo. En aquellos años, las prótesis eran muy distintas a las de ahora, y al capitán le pusieron un brazo de madera.
Terminada la Revolución logró incorporarse al ejército y a veces comentaba: "Lo mío ha sido lamentable, ya que con Zapata llegué a ser coronel y ahora me he quedado en capitán".

Odiaba a Venustiano Carranza, del que decía: "Por órdenes de ese tal por cual asesinaron a mi general Zapata y, además, el desgraciado barbón prohibió las corridas de toros en la Ciudad de México". Tan grande era su odio por Carranza que nunca pasaba por la calle que lleva ese nombre en el centro de la capital. Prefería llegar al Tupinamba por la calle de Uruguay, y por ésa misma regresaba al salir del café.

Era estimado y también temido… cuidado con que alguien tuviera la ocurrencia de hacerle una broma o de faltarle al respeto. El capitán Aguilar era de "mecha cortísima", como se dice.

Una tarde en El Toreo de la Condesa, un toro saltó las tablas junto al burladero donde se colocaba el capitán, que se descuidó y no estaba bien cubierto. El toro lo arrastró por el callejón, dándole una paliza tremenda y todos pensaron que lo había cosido a cornadas.

Los monosabios lo llevaron por el callejón y Paco Gómez "El Zángano", famoso banderillero, tuvo la ocurrencia de decirles: "¡No lo lleven a la enfermería!... ¡Llévenlo a la carpintería, a la carpintería... porque tiene un brazo de palo!"

Estuvo El Zángano dos meses sin aparecer por El Tupinamba. El capitán Simón Aguilar era de cuidado y había que darle tiempo a olvidar.






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