Al Toro México | Versión Imprimible
Dos expresiones de distinto calado (video)
Por: Juan Antonio de Labra | Foto: Memo Sierra
Domingo, 03 Mar 2013 | Guadalajara, Jal.
Ricardo Rivera toco pelo ante uno de regalo
Ya lo dijo Juan Belmonte: “Se torea como se es”, y partiendo de esta famosa frase, quizá una de las más sabias que hay en la Fiesta, los hombres que se juegan la vida delante de los toros se desnudan para expresar lo que llevan en el alma.

En este sentido, los dos últimos triunfadores de la temporada tapatía, Oliver Godoy y Ricardo Rivera, dejaron entrever que cada uno posee una forma muy distinta de ser; de sentir el toreo y de compenetrarse con las embestidas de los toros, hecho que se tradujo en la realización de dos faenas de corte muy distinto y de idéntico resultado: el corte de sendas orejas.

Mayor mérito tuvo el triunfo del colombiano, pues sorteó un lote infumable y regaló un toro que tampoco se prestó demasiado al lucimiento. A pesar de ello, y de ver que el barco se le iba a pique, se dejó la piel en el ruedo con esa personalidad tan suya –a veces con desplantes sumamente extraños o incomprensibles– que desconcierta a más de alguno.

Pero así, con el corazón en la mano, y también una falta de rodaje para resolver de mejor manera frente a enemigos exigentes y con edad, acabó cortado una apéndice que viene a engrosar su largo rosario de éxitos en esta plaza: el talismán de su azarosa carrera; el impulso sus sueños de gloria.

Al margen de la ausencia de estructura del trasteo, y de lo arrebujado de determinados pasajes, la expresión de Ricardo sacudió al tendido; a ese público que lo alienta mucho y que sufre a la par del colombiano que, por momentos, da la impresión de estar librando una batalla en lo más profundo de su existencia. Y como el toreo es un arte que no le permite mentir, cuando sabe que puede fundirse con el toro lo hace sin reserva. Así ha sido siempre.

Los muletazos del colombiano calaron hondo, y la gente, que lo estuvo esperando hasta el final, se rompió con el caleño, alentándolo a seguir en la línea de fuego. Una estocada a toro arrancado, un tanto trasera, a la que siguió una larga y pacífica agonía del ejemplar de Real de Saltillo, fue el mejor remanso en el que desembocó ese río interno de tanta pasión contenida.

La cariñosa vuelta al ruedo le devolvió el ánimo a Ricardo Rivera, un torero que, de tener más oportunidades, y una preparación física, técnica y espiritual más decidida, podría llegar a consolidarse en ese artista de abigarrada expresión que vive para su arte, ese que se había frustrado con un primer toro manso y huidizo que se dejó vivo de forma circunstancial, y otro, un mulo, el quinto, que pegaba unos derrotes con tremendo genio.

En contraparte de esta forma interpretativa tan rica en matices, lució la limpieza de trazo y el temple de Oliver Godoy, que delante del sexto toro, un ejemplar repetidor y alegre, que embestía con calidad, hizo una faena estructurada en la que brilló toreando por los dos pitones.

Desde luego que se antojaba mayor enjundia en su quehacer, dada la magnífica condición del ejemplar mexiquense, pero así es Oliver, centrado, calculador y hasta un puntito frío.

La rotunda estocada que colocó al toro, valió la concesión de una oreja que pasó con la misma pasividad, mientras esbozaba una discreta sonrisa, aquella que su rostro no pudo dibujar al negarse a realizar una faena más esforzada con el tercero, un pedazo de toro, por hondo y armonioso, muy en el tipo de San Mateo, que debió cuajar a placer.

En medio de los dos espadas más jóvenes del cartel, Fabián Barba se mostró maduro y solvente, y aunque a los dos ejemplares de su lote les hizo faenas entonadas, se quedó al margen del triunfo quizá porque le faltó arrear un poquito más con el cuarto, otro de los toros buenos de un encierro sumamente desigual en comportamiento.

El donaire de su faena al toro que abrió plaza tuvo más empatía con el público, que le agradeció el esfuerzo de quedarse y quieto y correr la mano por el lado izquierdo con más consistencia que por el pitón derecho, y fue de dicha manera como toreó relajadamente en los medios, sereno y centrado, intercalando adornos de buen gusto.

El cuarto, que era un toro de mirada bondadosa y descolgado, embistió sin cesar al a muleta de Barba, que no llegó a sentirse mucho en cada pase, según se antojaba, y sólo estuvo bien… a secas. El resultado fue unas tibias palmas que debieron saberle a poco, en una tarde de esas que despiertan la reflexión en los toreros, sobre todo en aquellos como Fabián que tienen condiciones para situarse en un plano más destacado y no dejar escapar triunfos relevantes.

El resultado postrero del a tarde favoreció a los dos toreros que ayuda la empresa, motivo por el que se organizó esta corrida extraordinaria, esos que habiendo estado muy bien en la primera parte de la temporada, no habían tenido oportunidad de repetir por lo cerrado de los carteles en esta última fase de una campaña en la que el TORO –así, con mayúsculas– viene a ser la medida de todo. Por eso Guadalajara mantiene su categoría y distintivo como una de las plazas más serias e importantes que existen.
Ficha
Guadalajara, Jal.- Plaza "Nuevo Progreso". Decimoprimera y última corrida de la temporada 2012-2013. Un cuarto de entrada en tarde espléndida. Siete toros de Real de Saltillo (el 7o. como regalo), bien presentados, desiguales en hechuras y juego, pues los hubo bravos y con clase, como 3o. y 6o., así como muy complicados y con genio, como el 5o. o mansos de libro como el 2o. Pesos: 530, 515, 540, 525, 530 y 480 kilos. Fabián Barba (azul turquesa): Palmas y silencio tras aviso. Ricardo Rivera (fucsia y azabache): División tras tres avisos, silencio y oreja en el de regalo. Oliver Godoy (azul celeste y oro): Palmas y oreja. Incidencias: Destacaron en varas David Vázquez, Eduardo Noyola y César Morales. Diego Bricio bregó con temple.