El comentario de Juan Antonio de Labra  

"...Y eso sería lo más afortunado que le puede pasar a la cabaña..."

Estudiar el devenir de la cabaña brava mexicana siempre será un ejercicio apasionante, ya que a lo largo de los años se ha ido modificando y, a últimas fechas enriqueciendo, tras la significativa importación de ganado español que hubo a mediados de la década de los noventa.

Y es que la problemática de la fiebre aftosa, y el consiguiente cierre de la frontera durante cincuenta años para importar ganado, se convirtió en un gran reto para la mayoría de los ganaderos mexicanos, ya que se vieron obligados a conservar su banco genético tratando de evitar la consanguinidad de sus hatos.

En dicho sentido, cabe señalar la relevancia que tuvieron las ventas que hizo Antonio Llaguno García a partir de la muerte de su padre, para abrir esa llave de la bravura del toro de encaste San Mateo, que acabó por imponerse en una Fiesta que se decantó por el toro de clase criado para los toreros buenos y el público sensible.

Desde luego que, en ese afán de buscar un toro tan noble, determinados ganaderos le echaron demasiada agua al vino, y fue así que, de la mano de los toreros que mandaban en su época y elegían sus corridas, la ganadería mexicana perdió parte de esa codiciosa bravura que atesoró en otros tiempos.

Desde luego que hay ganaderos que siempre han estado comprometidos con la bravura, y han cuidado con celo esa herencia, a pesar de que sufrieron el rechazo de las figuras del momento.

En medio de estas circunstancias, la apertura de la frontera, que sólo fue por dos años debido al brote de la enfermedad conocida como "las vacas locas", llegaron a México una significativa cantidad de vacas y sementales de distintos encastes tales como Santa Coloma, Domecq, Atanasio Fernández y Murube, mayoritariamente.

Desde entonces a la fecha, varias ganaderías, algunas fundadas con reses de origen San Mateo-Torrecilla y sus derivados, se han afanado en refrescar sus toradas y mejorar su genética, amén de aquellos otras que han aprovechado las cualidades de sus respectivos encastes españoles para ofrecer una interesante diversidad de cara al público.

Conscientes de que la pandemia del coronavirus causará estragos en el campo mexicano, ahora tendrá que imponerse la capacidad de adaptación y la selección será más rigurosa con la finalidad de reducir las ganaderías para quedarse con lo mejor. Pero al cabo de unos cuantos años, esos frutos se verán en las plazas de toros. Y eso sería lo más afortunado que le puede pasar a la cabaña brava de México, donde ser ganadero representa un trabajo titánico y es un auténtico milagro.






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