Golondrinas, una herencia ganadera  

Su propietario ofrece un panorama sobre la situación de sus toros

Ubicada al noroeste, colindando con el vecino estado de Coahuila, se encuentra Lampazos de Naranjo, uno de los 51 municipios con que cuenta el estado de Nuevo León y que fue fundado el 12 de noviembre de 1698 por Fray Diego de Salazar, con el nombre de pueblo de San Antonio de la Nueva Tlaxcala y misión de Nuestra Señora de los Dolores de la Punta de Lampazos.

Para 1877, su nombre se conoce como Villa de Lampazos y finalmente "Lampazos de Naranjo" para honrar al héroe de la intervención francesa, la Reforma y la Revolución de Ayutla, general Francisco Naranjo y el 28 de diciembre de 1977 fue catalogada como ciudad.

Su principal actividad económica es la ganadería, con ganado vacuno y caprino. Cuenta también con un rancho dedicado a la cría de avestruces.

Su flora consiste básicamente en lampazos, que es una planta de grandes hojas que crece cerca de los márgenes de los ríos y que se cultiva como ornamental; también se cuenta con árboles de mezquite dulce y otro árbol nativo de América del norte, llamado anacahuita, cuyas flores blancas con centro blanco ha sido designada como la flor oficial del estado.

La fauna que habita en el municipio es principalmente el venado cola blanca, el oso negro americano y el conejo del desierto. En este ambiente norteño se ubica la ganadería de Golondrinas, una de las más antiguas del norte de México, fundada en este mismo sitio en 1870 por don Pascual Lecea

El árbol genealógico de sus propietarios es tan extenso como la propia ganadería. Su fundador heredó a su hija Blasa Lecea a principios del siglo pasado y ésta a su vez a sus hijos, Jacobo y José María Domínguez Lecea, quienes le dieron un impulso a la divisa en la primera mitad del siglo pasado.

Al morir don Jacobo, en 1972, su hijo Oscar Domínguez Escobar quedó como único dueño al comprar la parte que poseía su tío José María. Hoy corresponde en cuarta generación al ingeniero Oscar Domínguez Holguín llevar las riendas de la divisa naranja, rojo y gris que tanto lustre le ha dado a la casa ganadera.

Apasionado además a la fotografía, el ganadero comparte bellos paisajes del ecosistema que se disfruta en el rancho, castigado por el sol y la sequía la mayor parte del año.

"Aun así lo disfruto mucho…", comenta el ganadero luego de señalar que es ahí donde ha pasado la contingencia que nos ha recluido en nuestras casas los anteriores meses.

Este tiempo, sin embargo, ha servido para que se lleven a cabo algunas mejoras en distintas partes del rancho, principalmente en los corrales y el área de embarque.

"Ya tenía seis corridas listas para ser lidiadas, pero las tuve que soltar de nuevo al campo. Con el dolor de mi corazón las vi salir, los sigo alimentando, pero sueltos. Más vale que estén allá y el día que se ocupen otra vez los agarraremos, como quiera se mantiene gordos en el campo", comentó Domínguez hijo.
 
Dijo que como la pandemia no tiene fecha aún de terminación, tuvo que reaccionar y hacer las mejoras que se citan.

"En este tiempo me puse a remodelar todo lo que es el embarcadero, con la prensa y lo que se requiere para los cuidados médicos, la báscula y el embarcadero. También le dimos una manita de gato a los corrales y les pusimos puertas metálicas", informó.

Óscar se muestra confiado en que el sector taurino se restablezca y vuelvan a la actividad los festejos en el mundo.

"No sé si porque soy positivo, pero esperemos que esto se componga. Ya empieza a haber posibilidades y la apertura se está dando en el peor momento, cuando la gráfica de riesgo es todavía muy alta, pero se está abriendo la economía. Ahora sí que cada quien se cuide, bajo su propio riesgo", afirmó.

Dijo que, a diferencia de otros ganaderos, él decidió no mandar al rastro sus encierros y optó por soltarlos otra vez al campo.

"Es la esperanza que tenemos, yo estoy aquí por gusto, de ver mis toros en la plaza y mientras yo tenga posibilidades no los vamos a mandar al rastro. Queremos ver y disfrutar lo bonito que es lidiar un toro en la plaza", aseveró el ingeniero zootecnista de profesión y con maestría en ganadería en los Estados Unidos.

"Es un gusto y un placer criarlos y verlos en el ruedo. Sé que otros ganaderos han tenido que mandarlos al rastro y eso me da mucha tristeza. Trabajas cinco años o más para mandarlos a la plaza y el día que tienes la oportunidad no se da por esto…".

Señaló que fácilmente podría completar 10 corridas en este año, antes de que se decretara la pandemia.

"¿Cosas buenas de esta pandemia?, se preguntó. "Una, habrá toros grandes en las plazas y eso ayudará a las plazas. Nosotros nunca hemos mandado toros de menos de cuatro años, tratamos de que estén en su edad correspondiente y eso va ayudar porque las demás ganaderías a fuerza van a estar en cuatro años. Esperemos que repercuta en un mejor espectáculo", confío.

El ganadero dijo que sus padres don Óscar de 93 y doña Cora, de 90, han decidido pasar la pandemia en su casa y ya casi no van al rancho, donde de vez en cuando se realiza alguna tienta a la que asisten los toreros de Nuevo León, entre ellos el propio Eloy Cavazos y Juan Fernando González.

Con su cámara fotográfica el ganadero se da gusto sorprendiendo a los venados cola blanca que visitan el lugar, a los pavos reales, conejos, ardillas, coyotes, y hasta los temibles osos negros que de vez en cuando aparecen, lo mismo que astutos pumas y escurridizos jabalíes.

"Dentro del sufrimiento del encierro ha sido muy bonito estar aquí, ¡hasta me ha tocado ver cómo una víbora negra se come entera a una víbora de cascabel!", señaló.

… y así Óscar hijo seguirá poniendo todo su empeño y entusiasmo para que en cada plaza donde se anuncie la divisa de Golondrinas, desde Tijuana hasta la península yucateca, sus ancestros sigan siendo recordados como apasionados y meticulosos ganaderos, defensores de la fiesta en México.






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