Carlos Arruza se adueña de Guadalajara

En 1939 cortó un rabo en "El Progreso", donde toreó 10 novilladas

El próximo 17 de febrero se cumple el primer centenario del natalicio de Carlos Arruza, quien resulta ser, a la luz de los hechos, una de las cumbres altas de la Historia Universal del Toreo. A partir de hoy, y cuando menos una vez al mes, Xavier González Fisher nos ofrecerá algún pasaje de los hechos notables de su paso por los ruedos del mundo.

En esta primera entrega, toca turno al día en que el maestro cortó un rabo como novillero en la plaza "El Progreso" de Guadalajara…

Carlos Arruza y su hermano mayor Manolo obtuvieron sus conocimientos iniciales del toreo con José Romero "Frascuelillo", y después con Samuel Solís. Se iniciaron emparejados como becerristas en 1934 y debutaron como novilleros en El Toreo de la Condesa el 5 de abril de 1936, alternando con Andrés Blando, en la lidia de novillos de Peñuelas. Esa tarde el triunfador fue Carlos, que cortó una oreja al segundo ejemplar.

El hecho de que Manolo Arruza hubiera nacido en España, le impidió seguir actuando en México después de la ruptura con la torería española a partir de mayo de ese mismo 1936, por lo que Carlos su hermano tuvo que seguir su andadura por separado. Una de las plazas en las que tuvo gran predicamento fue la de El Progreso de Guadalajara, donde se presentó el 10 de octubre de 1937, y entre esa fecha y el 10 de noviembre de 1940, toreó 10 tardes, número no superado por ninguno de los novilleros de su generación.

Para recibir el penúltimo año de la década de los treinta, don Ignacio García Aceves confeccionó un cartel asaz interesante. Anunció como atractivo central del mismo a la torera madrileña Juanita Cruz, que toreaba en nuestro país desde el año anterior para actuar junto a Alfonso Ramírez "Calesero" y Carlos Arruza. Los novillos a lidiarse serían de la ganadería mexiquense de San Diego de los Padres.

Hago el señalamiento de que Juanita Cruz actuaría "junto" a Calesero y Carlos Arruza, porque no alternó con ellos en la lidia de sus respectivos novillos. Como se señala en la crónica del festejo aparecida en el diario El Informador de Guadalajara del día siguiente, la torera de Madrid lidió y dio muerte a los dos primeros ejemplares de la tarde. Posteriormente, los novilleros que años después serían conocido como "El Poeta del Toreo" y "El Ciclón Mexicano", que sí alternaron con los cuatro novillos restantes.

El festejo dejó contentos a quienes asistieron a él. Juanita Cruz demostró valor y maneras. Calesero justificó su vitola de artista y Arruza se llevó el gato al agua al final de cuentas. La crónica ya aludida, firmada por El Tío Castuera, en lo medular, relata lo siguiente:

"... ¡qué valiente se muestra ante los astados Juanita Cruz y con cuantos riñones ejecuta las suertes del toreo que muchos diestros del sexo feo envidiarían! No cabe duda que la chica, que ayer fue admirada no solamente por los de casa, sino por los contingentes de varios cientos de chiquillos españoles de los que el Gobierno magnánimo hizo traer de la tierra Ibera para librarlos de los sufrimientos inherentes a la guerra y quienes asistieron con el fervor y entusiasmo de buenos españoles, se impuso y triunfó en toda la línea...

Carlos Arruza y Calesero, también contribuyeron a dar el buen colorido a la fiesta brava de que nos ocupamos; el primero haciendo gala de su valor temerario y el segundo, cuando las circunstancias lo permitieron, arrancando palmas como fue al banderillear; y sobre todo, cuando ejecutaba alguna suerte con el estilo que tiene de un torero de clase.

Arruza tuvo, sin dudarlo, su mejor tarde, porque estuvo afortunado en su primer toro, que por concepto de sus valientes pares de banderillas fue aplaudido y con la muleta hizo una gran faena, con pases de gran riesgo y con el estoque estuvo también muy certero, obteniendo al fin la oreja y el rabo del toro, que también recibió el homenaje póstumo de los buenos bichos, como es la vuelta al ruedo. San Diego de los Padres se sacó la espina y levantó el ánimo de los aficionados..."

El triunfo de Arruza resultó ser inobjetable al final del festejo, independientemente del resultado de la actuación de sus compañeros de cartel. Aparte de los trofeos obtenidos, se observó que el proceso de maduración del torero en ciernes seguía su cauce de manera favorable, pues fue capaz de aprovechar, en su correcta medid, a un toro de bandera que al final de la lidia fue premiado con la vuelta al ruedo, para orgullo y satisfacción de los señores Barbabosa, titulares de este famoso hierro.

Carlos Arruza estaba a poco más de un año de recibir la alternativa. Sin embargo, ya mostraba la raza que acabó por llevarle a la cumbre, apuntándose un triunfo en una plaza de importancia que le permitiría seguir andando el camino que le llevaría a ser una de las grandes figuras de la historia del toreo.

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