Historias: Eduardo Noriega, periodista del XIX

"...Una didáctica taurina que se adaptaba a los tiempos que..."

Antes de ocuparme sobre el tema que hoy presento, quiero recuperar una efeméride, sucedida apenas ayer, 13 de agosto, día de San Hipólito, solo que de 1529. Ese año, las primeras autoridades novohispanas, ordenaon que, "de aquí en adelante, todos los años por honra de la fiesta de Señor Sant Hipólito, en cuyo día se ganó esta cibdad (esto en 1521), se corran siete toros, e que de aquellos se maten dos y se den por amor de Dios a los Monasterios e Hospitales; y que la víspera de dicha fiesta se saque el Pendón de esta ciudad de la Casa de Cabildo, y que se lleve con toda la gente que pudiere ir acompañándole hasta la Iglesia de Sant Hipólito…".

Desde ese entonces, y con toda la magnificencia que se pueda imaginar, hasta los primeros años del siglo XIX, con toda la decadencia que también podamos creer, se celebró, por lo menos durante 285 años esa conmemoración. De ahí que con la fecha de ayer, se recuerdan 490 años de aquel acontecimiento, lo que no limita al que también ya forma parte de otra efeméride igual de importante, ocurrida, como se sabe, el 24 de junio de 1526.

Y bien, con algunos siglos de diferencia, nos ubicamos en el año de 1887. 

El 30 de octubre, salía a las calles el número 9, del año I de LA MULETA. REVISTA DE TOROS, dirigida por el conocido periodista Eduardo Noriega "Trespicos", el cual incluyó un texto que me parece interesante recrear y comentar.

Pero primero que todo, haré una semblanza sobre nuestro personaje.

Desde los primeros números que salieron bajo el título de La Lidia. Revista gráfica taurina, dirigida por don Roque Armando Sosa Ferreiro, uno de sus colaboradores, el doctor Vicente Morales, que se firmaba como "P.P.T." publicó una larga, larguísima semblanza de diversos periodistas del pasado, donde indudablemente incorporó a Eduardo Noriega "TRESPICOS" (Ciudad de México, 4 de octubre de 1853-7 de febrero de 1914).

Fue en los números 4 y 5, tanto del 18, como del 25 de diciembre de 1942 en que la serie "Periodista Taurinos mexicanos" se publicaba en aquella emblemática revista color verde. Sobre Eduardo Noriega, comienza describiendo su continente, como buen médico, Morales da detalles que pueden escapársele a otros. 

Por ahora no hay más datos que los relacionados con la fecha de su muerte, ocasionada por un problema del corazón, aunque algunos autores mencionan que su deceso ocurrió en la segunda quincena del mes de febrero de 1914, esta efeméride, con la precisión de la fecha nos la proporciona don Luis Ruiz Quiroz en su imprescindible libro EFEMÉRIDES TAURINAS MEXICANAS, del cual tomo nota puntual, sujetando la efeméride al 7 de febrero de 1914.

Don Eduardo Noriega tuvo, en el ambiente taurino fama de prohispanista, lo que le llevó a ser blanco de diversas polémicas y descalificaciones, sobre todo de parte de aquel otro frente de batalla, el de los nacionalistas y patrioteros quienes en su profundo chauvinismo, intentaban defender la expresión mexicana del toreo, detentada básicamente por Ponciano Díaz. 

Sin embargo, "TRESPICOS" hace circular como director La Muleta. Revista de toros que se publicó entre septiembre de 1887 y enero de 1889. Su formato era prácticamente idéntico al de la revista La Lidia que se publicó en España por aquellos años. Con dos páginas de texto, las otras dos, y a plana entera se publicaban unas hermosas cromolitografías cuyo autor sólo llegó a firmar como P.P. García, y del que poco se sabe de él. 

Dicho artista tenía idea del color, la perspectiva, pero sobre todo de una dinámica que normalmente requiere cierto tipo de ilustraciones con lo que algunas de ellas van integradas por una marcada dinámica del movimiento, de ahí que tengan unidad y equilibrio. De ahí que quien conserve uno, algunos o la colección completa de dicha publicación, tienen en realidad, ejemplares de incomparable valor.


Eduardo Noriega, en su afán de enseñanza, de compartir y difundir una didáctica taurina que se adaptaba a los tiempos que corrían luego de la reanudación de las corridas de toros en la ciudad de México, estaba más que convencido que el nuevo de estado de cosas se impondría, por lo que el toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna se convertiría en la expresión que acabaría por madurar la tauromaquia en nuestro país, superando un estadio de pocos avances, aquel que detentaron Bernardo Gaviño y Ponciano Díaz, si bien dos protagonistas que sostuvieron por años una tauromaquia plena de mestizaje y que al arraigarse, fue de un gusto enorme entre seguidores, que eran legión.


Por eso es que, entre otras cosas, se integró al centro espada "Pedro Romero", de cuyo seno salieron diversas señales para dogmatizar el toreo que se estaba imponiendo. Para entonces ya había dejado de publicarse La Muleta, encontrando en El Noticioso espacio periodístico para materializar sus empeños, que no fueron pocos, pero sí muy dolorosos, pues en él estaba encendida la flama de la polémica.

Luego vendría la época en que El Toreo Ilustrado, otra de sus aventuras como editor fuera el espacio idóneo para seguir divulgando los principios técnicos y estéticos de la tauromaquia, acompañados por una serie de apuntes, realizados la mayoría de ellos por el sobrino de don Eduardo, Carlos Noriega, apuntes que eran distantes del excelente trabajo de aquel otro ilustrador –P. P. García– de quien ya se dio alguna semblanza. Para "P.P.T.", Trespicos forjó la crítica encasillándola en el estilo de seriedad técnica que por costumbre ostentaba en sus escritos. Criticó los incidentes de la lidia, basándose en textos tauromáquicos.

Sin embargo, Eduardo Noriega se quedó con su tiempo, y habiendo andado algunos años junto al siglo XX, dejó de ejercer el oficio de periodismo. Asistía con alguna frecuencia al "Toreo" y hasta se convirtió en "gaonista". Modelo de escritor y de taurino, legó una serie de postulados que reorientaron la visión de la fiesta en nuestro país, justo en los últimos años del siglo XIX donde México alcanza, junto con otros aspectos, el grado de modernidad tauromáquico.

Sobre el papel y el predominio que Eduardo Noriega jugó en las grandes transformaciones de la tauromaquia mexicana, es preciso reforzarlo con otros elementos, los que permiten encontrar en él un perfil del taurino incansable, el que ha caído en la obsesión de poner un orden y un equilibrio al caos, sobre todo en esa transición tan particular, la que comenzó a ocurrir desde 1884, se apuntaló en 1887 y terminó por madurar entre los últimos años del XIX y primeros del XX, con unos resultados en los que aquella etapa materialmente borró del mapa toda evidencia del toreo a la mexicana para imponer ese otro, a la usanza española y en versión moderna.

Hay que reconocerlo, uno entre muchos de quienes lograron conseguir tal grado de evolución fue Eduardo Noriega, aficionado práctico que complementó su formación con las de un aficionado teórico, ese que no sólo se formó gracias a la lectura de diversos textos que lentamente comenzaban a llegar de España, sino que también lo hizo empuñando la pluma. 

Para entender ese ejercicio, y gracias a la generosa ayuda que en su momento me proporcionó el doctor Marco Antonio Ramírez con su rica e importante biblioteca y hemeroteca taurina, fue que logré dar con ejemplares de El Puntillero, cuyo número 12, publicado en agosto de 1894, desvela en una serie denominada “Galería de notables revisteros mexicanos”, el perfil de don Eduardo Noriega, lo que hace ver el grado de importancia que en esos momentos tuvieron ciertos individuos cuya preparación y calidad moral daba de qué hablar en el medio, pues algunos de ellos integraron la sociedad "Espada Pedro Romero", especie de cenáculo donde se reunían frecuentemente a discutir, a debatir apasionadamente las tauromaquias, con propósitos muy concretos de que entre las conclusiones a que llegaban, era posible trasladarlas para establecer escenarios previos, sobre todo en un reglamento taurino que, para finales del siglo XIX era más que necesario en la ciudad de México, ya que la dinámica de la fiesta dependía de uno que, con apenas algún articulado estaba en vigor desde 1887.

Y antes que este, otra serie de disposiciones aisladas que en poco o nada ayudaban a consolidar las estructuras del toreo que por entonces de practicaba. Eran más bien medidas correctivas para evitar que la gente lanzara objetos al ruedo, como si con eso fuera suficiente establecer ciertas especificidades que no abarcaban, ni por casualidad el esquema técnico de la lidia.

Ese se dejaba al libre albedrío de los diestros que seguían dando a la columna vertebral del toreo su natural y espontánea interpretación, acompañada de un telón de fondo que se impuso por muchos años, y que fue toda aquella puesta en escena, la que permitió una fascinante combinación del toreo con el teatro, con las suertes campiranas, y con todas aquellas suertes que hoy nos resultarían inverosímiles.

Pues bien, y regresando a El Puntillero, el responsable de esa larga serie, que firmaba como "Pajarito", tuvo el detalle de incluir en su nómina a Eduardo Noriega, de quien, entre otras cosas afirma que nació en la ciudad de México. Su afición a los toros nace viendo a Gaviño, a (Ignacio) Gadea a (Fernando) Hernández [alias] Media luz, por lo menos desde el año de 1864. Incluso esa desmedida afición lo llevó a tomar capote, muleta y espada para actuar en algún festejo aislado, sobre todo en 1868, cuando pesaba sobre la capital del país la prohibición a las corridas de toros. 

Aún así, ciertos festejos "subversivos" deben haberse armado con un fin –quizá benéfico–, pero que no tenían otro propósito que ese. Luego volvió a la práctica en la mismísima plaza de Tlalnepantla banderillando a más de un toro.

"Pajarito" apunta que además, Noriega perteneció a un Club Hípico donde, entre otras actividades se daba a colear y lazar en un rancho inmediato al barrio de los Ángeles.

Entre sus primeras colaboraciones en la prensa debe destacarse el de aquellas crónicas que entregó para La Voz de España, a partir de marzo de 1887 dejando en claro desde un principio que su campaña fue ir "contra los abusos, engaños y siniestros que nos visitan con el alias de toreros", cosa que llevó a la práctica pues su norma fue "ha sido y es la imparcialidad" (Continuará...).              

Otros escritos del autor, pueden encontrarse en: https://ahtm.wordpress.com/.






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