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Un rostro nuevo para México       

López Simón se reveló como un torero del gusto de la afición mexicana

Alberto López Simón dejó una muestra de clasicismo y entrega sobre el redondel de la monumental de Aguascalientes, adonde llegó como un desconocido y salió como un triunfador tras cortar tres orejas, que debieron ser cuatro si el puntillero no hubiese levantado al primer toro de su lote.

Y a diferencia de aquella presentación de hace tres años, en la que no trascendió en absoluto, hoy ya se ganó su inclusión en la feria del año entrante, pues su presencia será significativa para ir renovando los rostros de figuras extranjeras en el país, como sucedió también con Antonio Ferrera, cuya plataforma de lanzamiento también fue esta plaza de Aguascalientes e, independientemente de su veteranía, se ha convertido en un consentido de la afición.

Desde luego que la suerte favoreció a López Simón, pues sorteó el mejor lote del encierro de Fernando de la Mora, que tuvo una magnífica presencia, pero no dio opciones a los otros dos toreros del cartel: Joselito Adame y Calita, sobre todo a éste, que enfrentó un primer toro complicado y otro deslucido, además de un toracón, de regalo, con el que solamente pudo mostrar su buena disposición.

Para colmo de males, tanto Calita como José no estuvieron bien con la espada y eso emborronó la buena imagen que pretendieron dar, siendo Adame el más exigido por un público que a veces se le echa encima a la menor provocación.

De las dos faenas de López Simon hay que destacar la que hizo al tercero de la tarde, el de mejores hechuras y trapío de los seis, y al que dio una lidia completa desde que se abrió de capote y toreó a la verónica. Después lo llevó al caballo con unas cadenciosas chicuelinas al paso, y más tarde le hizo un buen quite en el que se advirtieron la noble condición del de Fernando de la Mora.

Y la faena convenció a la gente desde el principio, porque tuvo donaire y calidad, además de sello. Los redondos, los naturales, los pases de pecho… los cuajó en un palmo de terreno, en los medios, fundido con el toro, al que supo esperar para torearlo con delicadeza y temple en una faena importante.

El público se compenetró mucho con esta López Simón, que además fue conciso, algo que a veces se echa en falta en la Fiesta de México, con esos trasteos demasiado largos, algunos insulsos, que suelen prodigar muchos toreros. En cambio, en este caso, López Simón, no le dio ni un muletazo de más ni otro de menos a ese toro el hierro de la cruz sobre el mundo.

La estocada fue igualmente despaciosa, pero la larga agonía del toro se agravó cuando el puntillero no consiguió estar certero y ahí se fue una segunda -y valiosa- oreja que ya se había ganado con un toreo de magnífico concepto.

El sexto era un toro berrendo, que en esta casa ganadera casi nunca suelen fallar, pues es una capa que ha hecho historia desde tiempos de Tequisquiapan. Y aunque tenía poca transmisión, López Simón lo aprovechó para hacer otra faena entonada que tuvo su punto de inflexión cuando, en un descuido, el toro le echó mano y le dio una paliza de la que se levantó maltrecho a rematar el trasteo. Otra excelente estocada, de limpia y ortodoxa ejecución, ahora sí le valió el corte de ambas orejas, la segunda quizá en memoria de aquel premio que no había cortado antes.

Joselito sabía que la entrada quizá no iba a ser tan buena como las de sus dos anteriores comparecencias, y corrió el riesgo al haber exigido una tercera tarde en la que iba implícito este detalle. Sin embargo, el hecho de meter media plaza no está tan mal, considerando que el peso de la taquilla recaía por completo sobre su espalda.

Al primer toro de la corrida, un ejemplar basto de cara, acochinado, y atacado de cuello, le dio la lidia adecuada hasta que el toro se sintió podido y se rajó. Ahí, metido en tablas, le robó muletazos de mérito, pero luego no estuvo fino a la hora de matar y todo lo que había hecho se desdibujó.

El cuarto tenía un imponente trapío, y las puntas hacia adelante, y cuando parecía que iba a dar más juego, no tuvo fuelle en la muleta del hidrocálido, que había estado muy bien en un soberbio inicio de faena, de rodillas, cuando toreó en redondo con mucha suavidad.

Sabedor de que estaba obligado a enderezar el rumbo de su actuación, se puso en el sitio y dio muletazos templados, en un sincero arrimón en el que echó mano de recursos y toreo de cuerda "ojedista" para sacarle provecho a un toro que se paró a las primeras de cambio. Y esa impronta de torero valiente y enrazado no se vio compensada con un trofeo, ni mucho menos, cuando se dio en pinchar de fea manera.

Se trata, posiblemente, de una mala racha con la espada que seguramente corregirá con los toros que matará a puerta cerrada antes de presentarse en la inminente Feria de San Isidro, donde tiene agendada su única actuación en exactamente dos semanas, ya que está anunciado el viernes 17 de mayo.

Mañana toca turno a Miguel Ángel Perera, del que se espera que pueda reverdecer viejos lauros, como aquel de la magnífica faena al novillo "Napoleón", de la desaparecida divisa de Los Martínez, que cuajó por allá del año 2003 en este mismo escenario. El extremeño comparte cartel con Juan Pablo Sánchez y Luis David, con toros de Xajay. Ojalá que haya suerte.

Ficha
Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Octava corrida de feria. Media entrada en tarde calurosa. Siete de Fernando de la Mora (el 7o. como regalo), bien presentados, de poco juego en su conjunto, de los que sobresalió el 3o. por su clase. premiado con arrastre lento. Pesos: 562, 519, 516, 522, 523, 506 y 595 kilos. Joselito Adame (teja y oro): Silencio y división. Ernesto Javier "Calita" (fucsia y oro): Silencio en su lote y en el de regalo. López Simón (azul pavo y oro): Oreja y dos orejas. Incidencias: Sobresalió en banderillas Fernando García hijo, que saludó en el 2o.






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