El comentario de Juan Antonio de Labra  

"...acumular unas 25 novilladas, o inclusive menos, como sea..."

Desde hace algunos años a la fecha, en México se han concedido varias alternativas "al vapor", como se dice coloquialmente; doctorados sin los merecimientos suficientes para haberse otorgado, inclusive carentes de la exigencia profesional que en otros años suponía para un torero llegar a esta etapa tan importante de su vida.

Y aunque de antemano se sabe que la inmensa mayoría de quienes toman la alternativa de esa manera no van a destacar, resulta injusto para aquellos que sí se han partido el alma con sinceridad hasta llegar a tan anhelado compromiso.

Hace unos 30 o 40 años, o inclusive más atrás, muchos novilleros no recibieron la borla de matadores de toros, y ni siquiera algunos que, con suficientes merecimientos para ello, se afanaron en dar ese paso si no se sentían absolutamente confiados de darlo.

Hoy, en cambio, parece como si todo aquel que se viste de luces unas cuantas tardes, cumpliera con el requisito para que le dieran "el abrazo", aún sin haber alcanzado determinadas metas que antes eran imprescindibles, como triunfar en los cosos importantes de provincia y ratificar esos logros en la temporada de novilladas de la Plaza México.

Ahora basta con estar cinco o seis años toreando de manera esporádica, acumular unas 25 novilladas, o inclusive menos, y entonces empeñarse que una empresa cualquiera les de la alternativa de la manera que sea; es decir, sin ningún ambiente, sin proyección, y nada más con la vanidosa excusa de hacerse llamar "matadores de toros".

Desde luego que hay casos excepcionales en los que muchos reconocidos profesionales de las filas de los novilleros deciden cerrar este círculo con la tarde soñada de la alternativa, y luego se dedican a otros menesteres relacionados o no con el toro. Y se vale, desde luego.

Sin embargo, los demás sólo tienen como objetivo llegar a esa meta sin que ese recorrido haya tenido la consistencia suficiente para sentirse acreedores a tan codiciado título, y da la impresión de que sólo se trata de cumplir con un trámite burocrático para más tarde "colgarlo" en la sala de su casa.

La Asociación Nacional de Matadores tendría que hacer una revisión mucho más minuciosa de las solicitudes de alternativa y, quizá sin llegar a ser tan rigoristas como lo establecen los estatutos, sentarse a analizar cada caso y tomar una decisión justa, haciendo ver al solicitante la realidad de las cosas en caso de que no sea merecedor de esa distinción.

Y esto proliferó en una época con la complicidad de la fantasmal Unión Mexicana Toreros, que "abarató", literalmente, las alternativas.

Así que habría que volver a los tiempos en que tener la investidura de matador de toros era algo muy serio, digno sólo de aquellos que, honestamente, tuvieran los arrestos para haber recorrido y solventado un difícil camino, y no sólo pensar en conseguir ese "título" por darse un gusto caprichoso, pues al final se trata de una cuestión de ética profesional que se debe de ser respetada.






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