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Diego Ventura sale a hombros en Juriquilla       

Tras realizar una faena de contenido variado a su segundo ejemplar

Sin duda, el coso queretano le ha sentado bien; el caballista ibérico montó –nunca mejor empleado el verbo–  un espectáculo aparte, pues montó –además– con maestría para exhibir la variedad de equinos y de suertes sobre sus lomos. El astado con el que inauguró la invernal noche en Provincia Juriquilla, "Kiko querido", no era un dulce; Ventura supo templarlo para lucir desde la incierta salida del distraído burel de De la Mora; de no haber sido por los yerros con los aceros, los trofeos habrían sido pedidos desde las henchidas gradas del coso queretano. 

"Canelo", el segundo de su lote, se aplomó pronto; el jinete no se rindió y sacó la magia de su chistera –o del cordobés– para improvisar una faena que devolvió el calor, robado por la noche, al respetable; público que valoró una faena sellada con el rejoneador apeado que, con el verduguillo, cerró su actuación: dos orejas que un sector del público consideró un premio excesivo.

Arturo Saldívar también tuvo que ver pasar a los demás protagonistas durante la primera parte del festejo, antes de recibir una merecida oreja que cortó al sexto de la luenga corrida; a su primero, un toro que se defendía hasta de su sombra, buscó templarlo por ambos pitones pero sin hallar calado en el graderío. 

La suerte le cambió con "Altivo"; ejemplar que poco transmitía, pero al que el de Teocaltiche le encontró su lado bueno; tras meritoria y mandona faena, lo despachó sin una oreja al desolladero, el juez también reconoció los restos del bovino con el arrastre lento. 

Desde que era becerrista, el peruano Roca Rey transpira el don de la tauromaquia valiente y valiosa, y no es por emplear un lugar común –como el triunfador de todas las plazas– para llenar este espacio, el limeño se plantó y mostró la variedad que lo caracteriza con capote y muleta; la primera oreja de la noche fue cedida por "Marinero", uno de los tres cornúpetas que superó los 600 kilos en la romana, y que suplía a "Maestrante" (quien se inhabilitó tras lastimarse la mano izquierda al rematar en el burladero de aviso); domeñarlo no resultó tarea sencilla, Andrés tuvo que bajarle la mano para ahormar unas embestidas de nulo calado. 

El séptimo de la función fue aplaudido en el tercio de varas, por la bravura mostrada; durante el trasteo de Roca Rey se fue yendo para abajo y afloró la nunca deseada sosería que no ayuda al lucimiento. 

El bisoño rejoneador queretano sabía a lo que se enfrentaba, un cartel como este, sin duda sería un reto, él lo aceptó, seguramente, para aprovecharlo. Ya le habían dejado el listón muy alto, mas no se dejó impresionar; salió decidido a pelear las palmas del público. 

Sus toros (cuyos nombres nos recordaron dos celebérrimas composiciones del inmortal compositor oaxaqueño, Álvaro Carrillo: "Luz de luna" y "Sabor a mí", a pesar de ser los de mayor registro en la romana, colaboraron. Santiago Zendejas mostró que busca un lugar en el escalafón y pudo lucir su variado repertorio; al cuarto del festejo lo despachó con elegancia, un sector del público pedía las dos orejas como premio y el juez sólo concedió una. Cerró plaza un toro que, de no haber malogrado con los rejones de muerte, seguramente se habría ido desorejado.

Ficha
Plaza de "Provincia Juriquilla". Lleno en una noche fría y sin viento. Toros de Fernando de la Mora, bien presentados y disparejos en juego, destacó el sexto que recibió los honores del arrastre lento: pesos: 590, 555, 605, 630, 555, 575, 585 y 620 kilos. Diego Ventura: ovación y dos orejas. Santiago Zendejas: oreja con petición de la segunda y ovación. Arturo Saldívar (verde y oro) Ovación tras aviso y oreja. Andrés Roca Rey (pizarra y plata): Oreja y ovación.

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