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Elegante bofetada a una injusticia        

Calita cortó sendas orejas, por una de Fabián Barba, que cayó herido

El cartel de la décima corrida de la Temporada Grande de la Plaza México pintaba muy bien en el papel, y también lo fue en el ruedo, salvo por el lamentable –y grave– percance sufrido por Fabián Barba en un toro de regalo, luego de que ya había dado muestras de su sobrada solvencia.

Con el que abrió plaza demostró su madurez y le tumbó una oreja de ley tras una faena recia y vistosa que rubricó de una valiente y espectacular estocada de la que resultó volteado sin consecuencias. Y al cuarto le tragó mucho porque el toro reponía y sabía lo que dejaba atrás.

Pero minutos más tarde tentó demasiado a la suerte, que hoy le volvió la espalda con el toro de regalo, un ejemplar de Monte Caldera que salió sumamente abanto, distraído, sin hacer caso al torero, que estaba de hinojos, en los medios, con la decisión de darle una larga cambia de rodillas que resultó de impecable ejecución. 

El error de Fabián consistió en querer ligarle una segunda larga sin considerar la condición del toro, que en ese segundo lance lo empitonó de fea manera, luego de haberlo tropezado con las manos. Instantes después se lo echó a los lomos, pasándolo de un pitón a otro de forma dramática, mientras le atravesó el muslo derecho.

Ernesto Javier "Calita", que regresaba a este escenario más de nueve años después de su alternativa, también cosechó sendas orejas, salió a hombros y, más que eso, dio una dimensión de torero importante que es menester sea tomado en cuenta por las empresas para que cuaje en figura.

Y cuando Fabián yacía herido en la camilla de la enfermería, Calita se concentraba en cortar una segunda oreja mediante un toreo lento y despacioso, de cintura rota, ante un sobrero de Rancho Seco que, aun sin humillar, fue dócil y le permitió mostrarse a plenitud, tal y como había estado con los dos toros de su lote, a los que toreó con calidad y una cabeza muy despejada.

Parece que los años de tragar tanta hiel quedaron atrás luego de esta brillante actuación de Calita, que toreó con ritmo, cadencia, temple y torería, consciente de haber traspuesto, de una vez por todas, la injusticia que le había caído encima hace tantos años, y al que hoy dio una elegante bofetada.

Y en ese andar por los pueblos de Dios, sin que su paciencia se agotara nunca, forjó todo el sentimiento que acumuló en ese tiempo, armándose de fuerza interior para venir a demostrar que en México sí hay toreros, sólo es cuestión de saberlos ver y anunciarlos. A Ernesto sólo le falta apuntar mejor el tino con la espada, pues mató de estocadas bajas, pero eso es algo que vendrá en cuanto gane mayor experiencia con la espada.

El que pasó inadvertido fue Diego Sánchez, que no estuvo cómodo con el tercero, pues el toro fue complicado y punteaba mucho. En el sexto, el hidrocálido se entonó, pero ya cuando sus compañeros habían anunciado sendos regalos que distrajeron al público de atender una faena aseada que no caló como debía en el tendido. De cualquier manera, enseñó sus consabidas buenas maneras, aunque este domingo de Reyes, sin ninguna "magia" o regalos para él, las circunstancias le jugaron una mala pasada.

Si la cornada de Barba, y la oreja que obtuvo el hidrocálido de su primero, fueron la nota agridulce de la tarde, el detalle nostálgico lo firmó el gran picador Ricardo Morales "El Güero de la Capilla", que se despidió luego de toda una vida dedicada a la fiesta de los toros, a la que aportó su entrega como varilarguero y, además, una maravillosa afición que supo trasladar a sus cuatro hijos y a su nieto, orgullosos picadores de una relevante y querida dinastía de toreros mexicanos.

Ficha
Ciudad de México.- Plaza México. Décima corrida de la Temporada Grande. Menos de un cuarto de entrada (unas 4 mil 500 personas) en tarde fresca. Siete toros de Rancho Seco (el 8o., como regalo), desiguales en presentación, pero finas hechuras, sin terminar de entregarse. Varios tuvieron bravura seca y sacaron algunas complicaciones, salvo 1o. y 6o., que fueron los más nobles. Uno de Monte Caldera (7o., como regalo), deslucido. Pesos: 535, 550, 477, 496, 504, 515, 515 y 493 kilos. Fabián Barba (azul marino y oro): Oreja, palmas tras aviso y herido en el de regalo. Ernesto Javier "Calita" (grana y oro): Oreja, división tras dos avisos, silencio en el que mató por Barba y oreja en el de regalo. Diego Sánchez (malva y azabache): Silencio y silencio tras aviso. Incidencias: Durante la lidia del séptimo, Fabián Barba ingresó a la enfermería para ser atendido de una herida en el muslo derecho. Sobresalieron en banderillas Gustavo Campos y Rafael Romero, que saludaron en el 1o. Sergio González clavó dos magníficos pares de banderillas al 3o., lo mismo que Fernando García hijo. Y Diego Bricio lució en la brega del que abrió plaza, al que lidió con temple.

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