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La escena taurina de Buero Vallejo

…El público de los toros es la cordialidad pura y la fiesta en sí…

Antonio Buero Vallejo abría paso a su dramaturgia con la puesta "En la ardiente oscuridad", una singular pieza en la que se aunaban tanto la voluntad de crear textos que hablasen al hombre de su tiempo de los problemas que lo aquejaban, por el hecho de serlo y por estar inmerso en una sociedad. El premio Lope de Vega para esta obra permitió que el público y la crítica se enfrentaran a un nuevo lenguaje teatral en el que se recuperó el género trágico.

El también miembro de la Real Academia Española explicó en su momento: Creo que la fiesta de toros es una de las pocas cosas auténticas e inigualables que quedan en el mundo, aparte de su valor mítico y de su raigambre española quiérase o no. Hay en ella un contenido histórico por su remota antigüedad, fuertes dosis de instinto, intuición, emoción y arte en su desarrollo…

El origen de la dramaturgia bueriana se remonta a las fuentes clásicas de la tragedia griega y se nutre del mismo modo con el realismo simbólico de Henrick Ibsen, a su vez, con los sueños que Strindberg había mostrado y hace simbiosis con los íntimos conflictos Unamunianos, el hondo misterio del tiempo de Azorín y la recuperación de la tragedia de Federico García Lorca.

 A su vez insistió: Por razones humanísticas el intelectual puede encontrarse ante una paradoja: la violencia de la fiera y el respeto que produce este espectáculo en el público que llena las plazas. Yo definiría esto como el sentimiento de lo trágico. No cabe duda que el teatro es lo más grande del mundo para mí, sin embargo, cuando la fiesta de los toros es pura, es decir, tiene grandeza, manda el arte y hay armonía y belleza en su conjunto.

Para este dramaturgo español, escribir teatro histórico es reinventar la historia sin destruirla, Buero Vallejo acude en sus dramas históricos, salvo en "El concierto de San Ovidio", a personajes relevantes, intelectuales o creadores, en momentos conflictivos propios o de su sociedad, aunando con ello los aspectos individuales con los problemas de la época y con las preocupaciones y límites que aquejan a los seres humanos, o, dicho de otro modo, lo personal, lo político, lo ideológico y lo metafísico. 

Alguien dijo que la fiesta de los toros era veinte mil personas que aplauden a un valiente, sigue siendo lo trágico el predominante de ella. Y cuando la conjunción toro y torero existe, la emoción se une a la estética, el arte, la plasticidad del torero al vibrar de los espectadores. En la obra mía "El sueño de la razón" hay un pasaje basado en una situación onírica, cuando Goya en su sueño cree en la agresión del toro y la cornada en verdad, al pintor, se la da España.

"La detonación",  es un texto estrenado en los inicios de la democracia española e incide de nuevo en la responsabilidad del creador en una sociedad amordazada en la que, sin embargo, ha de mantener su voz para proclamar la verdad a pesar de todas las censuras. Buero está dramatizando en "La detonación", las razones de su actitud ante la creación durante el franquismo; frente a otras, se proponía él hacer un teatro posible, aunque llevado al límite de sus posibilidades, puesto que era preciso tener éstas en cuenta para poder estrenar y dar a conocer su obra sin suicidar su propia voz.

El toro siempre ha sido un enigma para mí, no carece de inteligencia como algunos piensan, es complaciente, es noble, tiene temperamento, pero si le engañan mal empitona, algo así como cuando en el ajedrez mueves mal un peón y te columpias. Saber cómo es y qué piensa el toro sería acaso un gran descubrimiento, el ritual de la muerte del animal es un tributo que paga la fiesta.

Su texto "El tragaluz",  es un experimento en dos partes, cuyo subtítulo apunta en una nueva perspectiva de lo realidad. Buero en su artículo "Teatro y psicología" hace una referencia explícita a la importancia de la participación psíquica en el teatro, en esta obra se hace activos a los contemplativos espectadores, la inclusión de un experimento en el que una pareja de investigadores nos llevan con la imaginación al futuro para comprender la obra como algo que ha pasado, pero que la vivimos todavía vigente en el presente. 

Aquí en nuestras corridas de toros no hacen falta vallas protectoras para el público, ni fosos que aíslen a los jugadores de los espectadores, ni todas esas protecciones que en muchos deportes son necesarias. El público de los toros es la cordialidad pura y la fiesta en sí una verdadera catarsis que por su propia belleza, por su valor estético, sublima reacciones y modera impulsos.

Bibliografía:

Callejas Berdonés, José María, "Aproximación al teatro filosófico de Antonio Buero Vallejo", memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid, 2008.

Mariñas. J.M, "El tercio intelectual, Antonio Buero Vallejo" en Semanario Taurino El Ruedo, año XXXII, número 1624, 12 de agosto de 1975.

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