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Indulto en maratónico festejo en GDL       

Pablo Hermoso de Mendoza fue el triunfador de la tarde

Maratónica fue la tarde de hoy en la "Nuevo Progreso". Pero mire usted que, a pesar de que nueve fueron los toros que vimos lidiarse hoy, y si a esto agregamos la actuación –agradable y muy aplaudida por cierto– de la escaramuza infantil “Alteñitas Pony” (menores de once años), aquello pudo haber sido soporífero. Pero no fue así.

La entrega de los actuantes, en particular del rejoneador navarro, Pablo Hermoso de Mendoza mantuvo la concentración del público a todo lo que sucediera en el ruedo. Los ganaderos, tanto de La Estancia, como de Marrón, no la han pasado nada bien. 

Luego de haber disfrutado hace dos semanas de un buen encierro de la dehesa guanajuatense de La Estancia, y que estaría Pablo Hermoso ante dos de ellos, pues los augurios eran buenos. Pero ande usted que ese par de toros, serios, con edad y cuajo hicieron que, por las paupérrimas prestaciones que ofrecieron, De Mendoza pasara la pena negra… en serio. Y los de Marrón para los de a pie, con todo y la calidad que mostraban al principio en los tercios de muerte, se desfondaron dolorosamente.

Por fortuna, el público percibió los serios empeños del caballero en plaza para complacer a la parroquia, y le guardó un razonable respeto. Y ávido el rejoneador por lograr un triunfo pendiente con la afición de ésta ciudad solicitó la venia del palco para obsequiar un toro. Con "Tapatío" lidiado en séptimo lugar vendría lo mejor de la tarde. 

Precioso, de pelaje perlino con el hierro de Fernando de La Mora, nos pegó un buen susto cuando al saltar al ruedo se dio a barbear las tablas –y hasta un amago de saltar al callejón– pero en cuanto sintió el rejón de castigo, las cosas cambiaron radicalmente. Como los buenos toros bravos, poco a poco se fue para arriba, hasta terminar con el hocico apretado y con embestidas de altísima calidad. El peón de confianza del caballero, se dio el gusto –que pocas veces ellos tienen– de llevar por capotazos de brega despaciosos y con los vuelos del capote por la arena hasta dejarlo en la puerta de toriles y así despedir éste gran toro.

¿Que el indulto era –o no– justificado? Como en todos esos episodios, la polémica aflora con singular alegría. Para mí, el toro demuestra su bravura a partir del momento en que es castigado; pero los puristas, que por acá tenemos para dar y prestar, se inconformaron. Aunque la verdad, voy que no lo hicieron por la extraordinaria faena de Hermoso de Mendoza. Mire que él fue el primero en gozar el trasteo. 

Vaya forma de torear. Los tiempos, las distancias, los quiebros, el temple, la ostentación de gran jinete. El público convocado por Pablo, que sabe de caballos jaleó la faena de principio a fin. Los tendidos hervían de palmas, y al torero a caballo se le veía feliz. Y cómo no; hace ya un buen tiempo que Guadalajara se le había negado. Incluso los tapatíos fueron muy severos más de una vez. Éste, hoy, fue el reencuentro.

Muy antes (dispensen la expresión) de que se tirara a matar, los pañuelos ya blanqueaban los tendidos. Usía negaba la petición, e incluso le sonó un aviso. Todo estaba hecho. Nohabía otro camino que sacar el pañuelo verde. Cumplió su tarea el juez, y al final cedió con inteligencia a los reclamos. Ya vendrían nuestros queridos puristas a inconformarse y la pifia posterior del palco. La democracia de una plaza de toros es ejemplar.

A Jerónimo, la gente de Guadalajara lo quiere. Tan es así, que al finalizar el paseíllo le llamó al tercio para darle un cálido recibimiento. Cortésmente, enseguida él llamó al aguascalentense, Leo Valadez.

Con el primero de su lote del hierro de Marrón, todo era al principio como miel sobre hojuelas. Una tercia de verónicas a la manera del poblano (encajada en el pecho la barbilla y la mano de salida un poco arriba de la cintura) rematada con una media, con el toro como faja. Fuerte se le jalearon. 

En el tercio de muerte, el comienzo muy torero fue con sabrosos pases por bajo. Cambio de mano al calce que arrancó una ovación con diana y todo desde las alturas. Pero el de Marrón nos dejó con los cubiertos en las manos y sin nada que trinchar. Se desfondó estrepitosa y dolorosamente.

No faltaron los detalles, ni los desplantes pintureros, y párale de contar. Con el segundo de su lote, quinto de la tarde, el toro siguió el ejemplo de su hermano. Esto, de alguna manera obligó a que se discutiera con un astado de obsequio. Al de regalo, Jerónimo le toreó después que Leo Valadez –quien también regaló por su parte. Se invirtió el orden. El de Puebla, aunque fueran toros de regalo, en derecho, por jerarquía, y hasta por respeto a sí mismo, debía de torear por delante. No fue así. Como si al matar toros de regalo, los toreros perdieran un derecho ganado con sangre ¿Quién sugirió? ¿Quién propuso? ¿Quién autorizó? ¡Fuenteovejuna, señor!

La cosa es que el toro de regalo, procedente de Garfias, también falló.

¿Leo Valadez? Con el santo de espaldas. Por afición, entrega y convicción no quedó. Pero sus tres enemigos, también se desfondaron. Hay que mantener la fe torero.


Ficha

Guadalajara, Jal.- Plaza "Nuevo Progreso". Última de temporada. Lleno en el numerado de sombra y un tercio en sol. Dos toros de La Estancia, para rejones, que mansearon. Cinco de Marrón, y uno de regalo para lidia ordinaria, que les faltó fondo. Uno de Fernando de la Mora y otro de Garfias, también de obsequio, a los que les fató presencia. El de Fernando de la Mora fue indultado.  Pesos: 540, 515, 545, 575, 500, 535, 515, 520 y 490 kilos. El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza: Silencio en su lote e indulto con división en el de regalo. Jerónimo (sangre de toro y oro): Palmas, silencio, y palmas en el de regalo. Leo Valadez (blanco y plata): Silencio, silencio tras aviso y silencio en el de regalo. Incidencias. El subalterno Gustavo Campos fue llamado al tercio. El toro indultado se llama "Tapatío", número 167 y 515 kilos.

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