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Flores y Adame cortan oreja en GDL        

Los dos toreros mexicanos del cartel tocaron pelo en la plaza tapatía

Sé que es reiterativo. Que no hay en eso novedad alguna, y que tooodos lo saben y lo dicen. Pero vale la pena recordarlo, no vaya siendo –decía el ranchero– y se nos olvide: "Cuando el rey de la fiesta llega al ruedo… la dignidad y el interés suben como la espuma". Hoy hemos visto en Guadalajara –otra vez– una corrida que propició el toreo sólido; como se adivinaba, la competencia entre jóvenes espadas que poseen las condiciones, cuál más, cuál menos, para adueñarse del cotarro.

Pese al traicionero viento, un amplísimo abanico de expresiones se mostró hoy 18 de febrero en la "Nuevo Progreso". No fue tarde para zapopinas, para cascabeles, o adornos que pudieron haber sido superfluos o fuera de lugar. No. Fue una tarde para señores matadores de toros quienes, a primera vista, dada la juventud de los alternantes, las cosas pintaban para una guerra sin cuartel. Claro que la hubo; pero las armas se blandieron con lealtad, honor y bravura.

La hicieron con base en las sólidas tauromaquias, que de manera más consistentes mostraron Sergio Flores y Andrés Roca Rey. Luis David Adame, el cachorro de la terna, a cambio aportó decisión, inteligencia y entrega; pero –lo digo con respeto– los papeles que le pidió el cierra plaza están en trámites aún. Avanzados, pero en trámite.

Sergio Flores, el orgullo de Apizaco, se ha vuelto imparable: la faena a “Comadroso” fue una demostración de cabeza torera; de cabal entendimiento que el de Barralva, aplaudido al saltar al ruedo, no perdonaría desliz alguno. Tan fue así, que luego de la suerte de varas en que desmontó aparatosamente a Juan Pablo González y se ensañó con el penco derribado, el resto de la faena vimos al toro con el pitón izquierdo que penetró en el inerme cuaco ensangrentado hasta la oreja.

El quite emocionante fue combinado, de tafalleras por el pitón izquierdo y chicuelinas por el derecho. Así de exactas debían ser las cosas. El tercio de muerte lo comenzó Flores por estatuarios y un doble remate de pecho, para decirle al barralveño quién mandaría. Continuó el trasteo mandón que, en un pasaje hubo que sacar de la cercana zona de tablas, donde comenzó a defenderse cuando se sintió dominado el burel.

Hubo un momento importantísimo: en un remate de pecho con la diestra, Flores hubo de “tocar” hasta en cuatro ocasiones. Aguante. Mucho aguante. A pesar que el toro comenzó a meter el hocico entre las manos, el de Apizaco no cejó y extrajo meritísimos pases. Cuadrar a matar fue un galimatías, que fue resuelto con serenidad y paciencia. La entera fue ligeramente contraria pero suficiente. Otra faena importante del tlaxcalteca. Oreja, claro.

Al cuarto de la tarde, que intentó cuidarlo en varas, no fue posible sostenerlo. Abrevió con tino el mal rato. Por cierto, el subalterno Fernando López cometió la majadería de banderillear desmonterado este toro. Por supuesto que el tendido le reclamó. Ni que Guadalajara fuera tingüindín.

Saltó “Clavellino” –para ser aplaudido– en segundo sitio en el orden, para el andino Andrés Roca Rey. Fue trotón en los inicios de la faena, hasta que de largo atacó la cabalgadura del hispano Sergio Molina, quien lo recibió con un puyazo en todo lo alto, para enseguida maniobrar su rienda y llevarse una de las ovaciones grandes de la tarde.

A pesar de la disposición de Roca Rey, el de Barralva se apagó pronto, y el torero no tuvo otro remedio que abreviar. Para su turno segundo, quinto de la tarde, el de Perú (con Flores y Adame, cada quien con su auricular) estaba como agua para chocolate. Otro ejemplar aplaudido de salida, poco a poco fue metido en vereda, con base en toreo de capa por bajo, un gran puyazo de David Vázquez y largo, sólido toreo con mando por bajo acompañado con profundos oles en el tercio de muerte.

Andrés no estaba para juegos. Se jugó el todo por el todo ante un toro que, por fortuna sacó la reserva de casta en las trincherillas ligadas a derechazos en redondo. El toro cambió de lidia; Roca no. Se acopló a las nuevas condiciones para extraer, uno a uno, redondo en verdad y templados pases. Primero con la diestra, enseguida con la siniestra. El clímax vino en una dosantina de más de 360º. La locura.

Cuando se perfiló a por uvas, como en casi todas las estocadas, el silencio expectante de Guadalajara retumbaba. La plaza quería irse tras la espada. Entera. Sí… entera; pero desprendida. Hubo pañuelos, pero Arnulfo tuvo el tino, que no tuvo al pasarle de noche los minutos de silencio para Jorge Hernández Andrés y Luis Álvarez Bilbao, al amarrar el (o los) pañuelo(s) que hubiera merecido Andrés. De todas formas, merecidamente dio una vuelta al ruedo. Una de esas que poco suele ofrecer el público tapatío.

Me gustan mucho, la convicción, la entrega, la afición y voluntad de Luis David Adame. Le cortó la oreja al tercero de la tarde, del que supo capitalizar los momentos que tuvo de entrega el burel. Gustó el quite combinado de tafalleras y caleserinas. Con la pañosa, producto de haberlo sometido con duros pases por bajo, las buenas embestidas se prodigaron y Luis David con ellas. Concluyó la faena con manoletinas voluntariosas y una estocada entera, ligeramente atravesada que bastó. Pañuelos albearon los tendidos y el palco aflojó el pañuelo.

El segundo de su lote tuvo otras intenciones. Ese traía una lupa para revisar pasaportes y carnés. Sus verónicas iniciales rematadas con el manguerazo, fueron tan voluntariosas como las chicuelinas del quite. Su toreo largo muy por bajo al inicio de la faena de muleta iba bien. No era fácil –como ningún toro bravo lo es– claro, “Aquí de vuelta” que se llamaba el barralveño. El asunto se complicó al irse para arriba el toro. Ahí se agotaron las acreditaciones, quien no echó la pata ni el empeño pa’ tras


Ficha

Guadalajara, Jal.- Plaza "Nuevo Progreso" Segunda corrida. Dos tercios de entrada, en tarde solada y con algunas ráfagas de viento. Toros de Barralva, con edad y romana, seria de comportamiento, aplaudidos de salida 2o., 4o. y 5o., y el 1o. en el arrastre. Pesos: 570, 520, 550, 595, 515 y 570 kilos. Sergio Flores (paja y azabache). Oreja y silencio. Roca Rey (pizarra y plata): Silencio y vuelta. Luis David Adame (grana y oro): Oreja y silencio. Incidencias: Los toros lucieron divisa negra en señal de luto por la muerte de Luis Álvarez Bilbao, ganadero de este hierro. El picador hispano Manolo Molina fue ovacionado tras picar al 2o. y David Vázquez en el 5o. Diego Martínez saludó en el tercio tras dos soberbios pares de banderillas al 1o. El público reclamó al banderillero Fernando López por realizar su labor desmonterado, en el 4o.

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