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Más cornadas da el hambre

"...los torerillos son las víctimas del poder degenerado..."

Luis Spota implica el caso de un camino particular y sobresaliente en la literatura mexicana, desde muy joven tuvo presencia constante en los medios impresos, más tarde condujo programas de televisión y estuvo al frente de la Comisión de Box y Lucha del Distrito Federal, sus temas novelísticos conforman un amplio abanico de posibilidades, desde las secuelas de la Revolución a la sucesión presidencial mexicana; del retrato de la llamada “alta sociedad” hasta los acuses de corrupción e impunidad imperantes durante décadas.

A este novelista lo distingue entonces su conocimiento del cúmulo de historias que se gestan alrededor de los juegos del poder, caso concreto cuando en 1950 aparece “Más cornadas da el hambre” –Premio Ciudad de México– novela de ambiente taurino donde los personajes Luis Ortega y Pancho Camioneto recorren la legua taurina, partiendo del famoso Café Cantonés, espacio ficcional donde una corte de golfos y gañanes de prosapia dibujan sus aspiraciones, sus glorias de dinero, de mujeres y de faenas.

En opinión de la investigadora Sara Sefchovich, las novelas de Spota transcurren y  suceden en un país imaginario en el cual, sin embargo, los acontecimientos y las maneras de enfrentar los asuntos y de pretender resolver los problemas siguen de manera casi idéntica “los matices peculiares del modo de hacer política a la mexicana”. ¿Qué hay entonces detrás de esta salerosa novela taurina? Se tiene, fundamentalmente, a dos grupos: los que detentan el poder (en sus diferentes manifestaciones) y los que tratan de obtenerlo por diferentes medios. En la novela, el discurso narrativo comunica al lector, primeramente, el abuso del poder por el empresario (al tratar de forzar la relación erótica) y luego, en el discurso del narrador, la homofobia prevalente. De alguna manera, esta novela trata de reforzar el heterosexismo con una historia en la que el "hombre" venido a menos (don Paco, el empresario) no logra la conquista de otro hombre "macho" (Luis, el novillero) heterosexual.

Pero, al mismo tiempo, su código discursivo y estético remite a eso que se ha dado en llamar “la literatura de masas”, cuyo objetivo —diría Néstor García Canclini— es alcanzar la mayor cantidad posible de lectores y la eficacia en la transmisión del mensaje. Para ello, tiene como premisa ser entretenida y accesible en su forma de narrar, en su organización y estructuración novelesca y en el lenguaje que usa.

El personaje del pintoresco Ciego Muñoz responde a la pregunta de Luis Ortega de si todos los empresarios eran como don Paco: “Por desgracia, casi todos...”  y les enumeró sus nombres y fisonomías, sus edades y los sistemas que solían emplear. Sistemas que si bien diferían en la forma eran el mismo en el fondo: ayuda al golfillo a cambio de íntimos servicios.  Así, los torerillos son las víctimas del poder degenerado de los empresarios, pero el lenguaje del texto extiende esta situación para que la homofobia tome posesión del discurso y alcanza a todo homosexual y sus expresiones.

Un análisis literario un poco más profundo deja entrever que en la novela Más cornadas da el hambre se  privilegia la posición del heterosexismo con el encubrimiento de la verdadera personalidad de Luis, quien en realidad no pasa de ser más que un manipulador de las mujeres. Esto puede fácilmente determinarse en la narración: primero vive del sueldo de una prostituta (convirtiéndose en un "padrote"); luego se aprovecha de una viuda y finalmente de una novillera.

El personaje de la prostituta, Estela, es quizás el más claro de todos en la novela, porque nunca esconde su actitud ante la vida, su preferencia por el sexo y los demás; no promete y tampoco espera algo a cambio; a pesar de que el estado de salud de Estela no es bueno, y su edad prima ha pasado, al final de la novela ella demuestra tener más caridad humana para con Luis en el hospital que viceversa.

Aún así, Estela, de una manera por demás desinteresada, le deja a Luis (sin que él lo sepa) cien pesos sobre el buró del cuarto del hospital; en opinión de Francisco Manzo-Robledo: “Estela es un ejemplo "a no seguir" propuesto por Spota, y todo lo que al final le sucede a Estela es en pago por cruzar los límites del acto-espacio seleccionado para la mujer "decente" en esa sociedad promulgada por la novela”.

Entre toros, burdeles, chascarrillos y dramas desgarradores transcurre una de las mejores series literarias taurinas del pasado siglo XX y que, a manera de conclusión, el mismo Luis Spota en palabras dichas al periodista cultural Marco Aurelio Carballo nos vislumbra una guía de lectura sobre esta extraordinaria y amena pieza novelística: “He visto oleadas,

arribazones de políticos que llegan, otros se quedan por allí (…) ellos se van, nosotros nos quedamos. La política ha estado presente aún en ‘Más cornadas da el hambre’. Hay un trasfondo político”.

Bibliografía:

Carballo, Marco Aurelio. Entrevista a Luis Spota, en De Quijotes y Dulcineas, colección Periodismo Cultural, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2011.

García Canclini, Néstor. Arte popular y sociedad en América Latina, Grijalbo, México, 1977.

Manzo-Robledo, Francisco. “Más cornadas da el hambre de Luis Spota: Una ideología oculta” en Espectáculo: Revista de Estudios Literarios, Universidad Complutense de Madrid, Nº 18, 2001.

Sefchovich, Sara. “Luis Spota: El novelista de las masas” en Revista de la Universidad de México, Nº 78, 2010, pp. 33-39.

Spota, Luis. Más cornadas da el hambre, Librería de Manuel Porrúa, Colección Biblioteca Mexicana Nº 8, Ciudad de México, 1952.

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