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Emotivo festival en la Plaza Belmonte       

El Fandi cortó cuatro orejas simbólicas y fue el máximo triunfador

Sin duda fue una noche especial, una velada de aquellas que marcan historia y dejan huella; pues más allá de lo que sucedió en el ruedo, el sensible momento político que vive el país y en él, la fiesta de los toros en Quito; determinó que el festejo se convierta en un acto de reivindicación y en un poderoso llamado de atención a quienes niegan o desconocen que la cultura taurina está anclada en la identidad de la ciudad y su gente.

Así las cosas, el lleno a reventar que registró la Plaza Belmonte construyeron un ambiente maravilloso, sazonado desde el mediodía con el activo expresarse de los quiteños a través de las redes sociales; decenas de miles de tuits, posteos y mensajes rebotaban en los teléfonos celulares y computadoras,  marcaban tendencias y sobre todo; levantaban una potente voz taurina cuyo multitudinario eco se escuchó aquí y allá.

Voces y sonidos que horas más tarde se concentrarían en el tradicional coso para dar paso al Festival de la Virgen de la Esperanza de Triana que este año acarteló a Enrique Ponce, David Fandila "El Fandi" y Sebastián Castella en la lidia de reses de Huagrahuasi y Triana.

El ceremonial prólogo con el paso de la sagrada imagen aupada por los alternantes a los que se sumó Andrés Roca Rey como el cuarto cofrade, sobrecogió a la multitud que con velas encendidas y el rostro marcado por la fe no apartaba la vista de un ruedo a media luz.

Más tarde, los quiteños se unieron como un puño para guardar un minuto de silencio en memoria de Sixto Durán Ballén y Álvaro Pérez, dos queridos alcaldes que, desde su honestidad, obras y afición a los toros, se ganaron un espacio en la historia y en el corazón ciudadano.

El metálico sonido del clarín nos devolvió al presente al momento en que por la puerta de cuadrillas aparecían la terna de figuras que, a renglón seguido, protagonizarían una noche de emociones ininterrumpidas en la que la tauromaquia de cada quien fue exhibida de una y otra forma, visto el complejo comportamiento de los astados.

Fue por delante el maestro Ponce que debió lidiar el lote de menos prestaciones del encierro; sin embargo, saludó de capote a la verónica con soltura, en especial cuando lanceó por la izquierda, la media de remate fue una pintura. Con la muleta afloró la paciencia y colocación para torear con la derecha, el toque fuerte para enganchar con seguridad fueron las claves técnicas del estimable trasteo que no estuvo ajeno a los exquisitos acabados del valenciano. La oreja simbólica y una gran ovación, apreciaron el esfuerzo.

En el cuarto la compostura predominó en especial al quitar a la verónica, doblarse con categoría al usar la tela roja y alargar tres series con la mano derecha. Poco a poco el toro acortó los viajes y el trasteo perdió hilván. Al final la ovación fue rotunda, inclusive con el unísono de: torero, torero…

El Fandi, otra vez, pasó por Quito como un vendaval  recaudó cuatro orejas simbólicas luego de torear con potencia y variedad al colaborador lote de reses que le correspondió en suerte; recetó dos faenas calcadas que impactaron en el tendido desencadenando el entusiasmo popular.

En su primero el saludo capotero intercaló la larga cambiada de rodillas con verónicas, chicuelinas y el quite girando por navarras. Los decibeles subieron con las banderillas, más con un par al violín que puso de pie al personal. En el muleteo, la faena izquierdista tuvo trazo y vibración con el arrimón final.

La tauromaquia de Fandila en estado de ebullición se reeditó en el quinto; la mixtura con la capa, en esta ocasión, varió con el quite por zapopinas que antecedió al segundo tercio en el que volvió a brillar con dos pares al violín marca de la casa. Los rodillazos iniciales con la muleta fueron acompañados por el toreo templado con la mano derecha en tanto el toro tuvo recorrido, la factura cambio con los circulares, los molinetes y los desplantes postreros con la parroquia entregada en un graderío al rojo vivo.

El torero francés Sebastián Castella mostró en el redondel belmontino una dimensión diferente pues, debió plantarle cara a dos rivales complicados que exigieron carácter, oficio y voluntad. Las verónicas al tercero se completaron con las vistosas tafalleras; más tarde, la muleta fue manejada con mayor desahogo con la izquierda en series de mano baja;  por el pitón contrario, los amagos del astado impidieron que su quehacer tome vuelo, pese a ello fue ovacionado.

Del sexto  Sebastián recogió el doble trofeo tras una pundonorosa labor con base en la firmeza y la quietud para domeñar con la muleta correosas embestidas, desde un apretado pase cambiado hasta las series con la diestra; buscó intercalar el toreo al natural de forma intermitente para volver a centrar al toro por derechazos en pases de fino trazo. Los adornos finales fueron el colorido epílogo de su quehacer.

A la hora de la ronda los quiteños se marcharon a sus hogares satisfechos por el espectáculo vivido, las emociones sentidas y por la entusiasta práctica de los trinos que volaron conectando al mundo con el #QuitoTaurino.

Ficha
Quito, Ecuador.- Plaza Belmonte. Decimosegundo festival de la Virgen de la Esperanza de Triana. Lleno de "No hay billetes" en noche fresca. Novillos de Triana (1o., 2o. y 3o.) y Huagrahuasi, de variado comportamiento. Pesos: 410, 420, 403, 400, 402 y 410 kilos. Enrique Ponce: Oreja y ovación. David Fandila "El Fandi": Dos orejas y dos orejas. Sebastián Castella: Ovación y dos orejas. Incidencias: Las orejas concedidas son simbólicas, ya que en Quito se mantiene la prohibición de dar muerte a los toros. Los novillos llevaron por nombre "Tradición", "Cultura", "Respeto", "Trabajo", "Alegría" y "Pasión".






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